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La reforma de 1996 que generó un sistema de seguridad social con dos pilares —uno de solidaridad intergeneracional y otro de ahorro individual— sigue generando controversia en Uruguay. Sectores de la izquierda y representantes de organizaciones sociales como el PIT-CNT cuestionan que las cuentas personales sean manejadas por las AFAP obteniendo un lucro por ello. Mientras, desde algunos organismos internacionales aseguran que es difícil pensar en un régimen previsional que no contemple un pilar individual.
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“El sistema público tiene sus limitaciones”, dijo a Búsqueda el danés Hans-Horst Konkolewsky, secretario general de la Asociación Internacional de la Seguridad Social (AISS). Este experto estuvo en Montevideo a mediados de marzo participando en la segunda Mesa Redonda Interregional de Alto Nivel, organizada por el Banco de Previsión Social (BPS). Dicho foro consistió en un intercambio sobre cómo funcionan los modelos instalados en los países de Europa del Este y América Latina.
“No pienso que exista un modelo ideal. (...) Hoy vemos cómo los sistemas que se han enfocado en cuentas individuales, han introducido más el piso público y otros que solo tenían un fuerte piso público han introducido alternativas de cuentas individuales. Es un desarrollo”, dijo Konkolewsky. “La lección es que hay que establecer un sistema sostenible a largo plazo que no se base en un solo pilar, sino en varios. Esa es la tendencia que veo. Porque el sistema público tiene sus limitaciones”, añadió.
En 1996 y mediante la ley Nº 16.713, Uruguay pasó a un esquema mixto en su sistema de seguridad social, en el que conviven la solidaridad intergeneracional (los trabajadores hacen aportes a un fondo colectivo manejado por el BPS y con el que se financian las pasividades) y el ahorro individual (cada uno hace aportes que se vierten en cuentas personales y el dinero es invertido por las AFAP para intentar incrementarlo). Hoy son 1,1 millón los afiliados a las AFAP y, de ellos, 700.000 abrieron una cuenta personal voluntariamente; el resto se incorporó obligatoriamente al sistema por tener más de 40 años al momento de aprobada la ley. Esas administradoras manejan actualmente más de U$S 10.000 millones en ahorros previsionales que pertenecen a esos afiliados.
Las personas que se jubilaron luego de haber estado afiliadas a las AFAP son unos pocos miles y se estima que en 2017 se darán los primeros retiros masivos.
En diálogo con Búsqueda, el secretario general de la AISS pronosticó que ese no será un momento traumático para el régimen. “Como el sistema uruguayo es una combinación de diferentes elementos, no va a ser como lo hemos visto con la crisis económica financiera (en Estados Unidos y Europa) donde de un día para otro gente que solamente tenía estas cuentas individuales perdió su calidad de pensión. Aquí no va a ser dramático. Hay una pequeña incertidumbre, pero con el desarrollo económico tan fuerte en la región no veo problemas”, dijo.
Konkolewsky agregó que lo importante desde el punto de vista de “las expectativas sobre el sistema” es que el ciudadano conozca “exactamente cómo va a ser su pensión”.
El experto destacó el “compromiso muy fuerte” con la seguridad social en Uruguay. Y mencionó los ámbitos que se crearon para discutir eventuales ajustes al sistema, como el Diálogo sobre la Seguridad Social, un espacio que comenzó a funcionar durante la primera administración del Frente Amplio en el que participan delegados del Ministerio de Trabajo, el BPS, las AFAP, el PIT-CNT y otras organizaciones sociales.
“Uruguay es un pionero en concientización ciudadana (...) Las discusiones son parte natural del desarrollo continuo del sistema. Y lo más importante es el debate público. Para que los ciudadanos se involucren y no sean decisiones tomadas en cuartos a puertas cerradas”, sostuvo Konkolewsky.
En el mundo existen actualmente diferentes modelos de seguridad social y países como Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Perú, Nigeria, España, Francia, Eslovaquia, Grecia, Australia y Kazajstán cuentan con un pilar de ahorro individual con entidades similares a las AFAP (en general conviviendo con otros esquemas).
Sin miedo al futuro.
Durante la mesa redonda, la AISS —una entidad creada en 1927 que reúne a organismos e instituciones de seguridad social y tiene su sede en la Oficina Internacional del Trabajo, en Ginebra— realizó algunas recomendaciones a la hora de introducir reformas en los sistemas previsionales latinoamericanos: incrementar la edad de jubilación para relacionarla con el tiempo real de vida, reducir las jubilaciones anticipadas (que Konkolewsky calificó como un “problema” para el mercado laboral), aumentar la edad de servicio requerida para la jubilación e incrementar el empleo de los trabajadores mayores de edad.
Según la institución, los desafíos de los regímenes latinoamericanos están en los altos costos de transición y una baja cobertura, tanto en personas como en densidad. Su secretario general también alertó sobre los elevados costos administrativos y llamó a un mayor desarrollo del mercado de capitales —por donde las AFAP canalizan las inversiones con los ahorros de los trabajadores.
En diálogo con Búsqueda, Konkolewsky estimó que otro desafió para Latinoamérica estará dado por la tasa de envejecimiento. Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la proporción de personas mayores de 60 años en esta región era 10% en 2010 y será de 21% en 2040. En Uruguay, los mayores de 65 años eran 27% en 2010, conforme con estadísticas oficiales. Y según análisis de reconocidos demógrafos, para 2050 la población de 60 años y más podría alcanzar el millón de personas, al tiempo que los menores de 15 años perderán su peso relativo.
“La imagen en el mediano plazo cambia totalmente”, estimó ese experto. “Lo más importante es ajustar el sistema. (...) No podemos tener miedo al futuro, porque cada vez tenemos más experiencias de cómo ajustar los modelos. Hoy no nos preguntamos si el sistema puede sobrevivir o no, como lo hicimos hace poco tiempo cuando había una inseguridad total. Hoy tenemos un desarrollo más estable y concertado. Creo que vamos a ver una fase más tranquila, en comparación con las últimas décadas”, dijo.