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    El niño que sobrevivió

    Un camino a casa, de Garth Davis

    La historia es en verdad conmovedora, asombrosamente triste y con un final luminoso y genial. De no haber sucedido en el mundo real, hasta podría verse como algo absurdamente inverosímil. La historia de Saroo Brierley podría ser una más, de las tantas, que año a año protagonizan miles de niños que se pierden en India. Esta, en particular, ocurrió hace más de 25 años. Saroo, que no sabía ni leer ni escribir, que no sabía contar hasta 10, tampoco pronunciar de manera correcta el nombre de su pueblo ni el suyo propio, tenía cinco años cuando se perdió una noche en una estación de tren del distrito de Khandwa. Se había quedado dormido en un banco, mientras esperaba a su hermano Guddu, de 10 años, que también se perdió. Cuando Saroo despertó, su hermano mayor ya no estaba allí. Temeroso, el niño se metió en un tren que estaba vacío. Se durmió en uno de los vagones. Despertó más tarde, con el tren en marcha. Y 10 horas después se encontraba a 1.500 kilómetros de su casa, ubicada en un distrito que —vale repetirlo— ni él mismo sabía pronunciar bien. Saroo pasó un mes comiendo y durmiendo en la calle y mendigando en estaciones de tren. Consiguió escapar de la esclavitud, de la prostitución y de morir ahogado en el Ganges. Integró el elenco estable de un dickensiano orfanato indio hasta que llegó el rescate de la mano de un matrimonio australiano que lo adoptó y se lo llevó a vivir a Tasmania. Y luego apareció Google. Y más tarde Google Earth. Aunque mejor no decir mucho más.

    Con seis nominaciones al Oscar, que incluye Mejor película, Un camino a casa es el primer largometraje del australiano Garth Davis, que trabajó como realizador y director de arte en el terreno de los comerciales antes de pasarse a la ficción televisiva dirigiendo algunos episodios de la aclamada Love My Way y codirigiendo, junto a Jane Campion, varias entregas de la inquietante miniserie Top of the Lake. Está terminando el montaje de su segundo largo, Mary Magdalene, que cuenta con Rooney Mara (Carol) en el papel de María Magdalena y con Joaquín Phoenix interpretando a Jesús. Davis llegó al proyecto convocado por los hermanos Weinstein, quienes habían contratado al novelista, poeta, guionista y crítico literario Luke Davies, autor de la novela Candy y del guion de Life, la película de Anton Corbijn sobre James Dean, para que adaptara el relato autobiográfico de Brierley. Davies finalmente fue nominado al Oscar por la adaptación de un relato que contiene algo muy mítico y universal: la búsqueda del origen. Porque Saroo Brierley estaba de lo más cómodo con su vida como australiano adoptivo, iniciando sus estudios terciarios, la estaba pasando fenomenal, se sentía muy agradecido, etc., pero había algo no resuelto más allá de los objetivos superficiales. Y eso, tarde o temprano, aparece. Y de las formas más insólitas.

    Aunque en los afiches y en los avances está Dev Patel, aquí lo más emocionante ocurre cuando está un no actor llamado Sunny Pawar, que es el niño que interpreta a Saroo, protagonista del primer gran tramo del largometraje, que sucede en la India. Pawar, ojos negros húmedos y vulnerables, es un pequeño milagro, que con dos o tres momentos se queda con todo. Cuando se lo ve levantando una bicicleta para demostrarle a su hermano mayor (Abhishek Bharate) que está en condiciones de acompañarlo. Cuando declara frente al policía en la estación. Cuando le preguntan cómo se llama su mamá. O cuando, una vez que llega a Tasmania, abre la heladera. Toda esta primera parte también es la más arriesgada. Sucede principalmente en la India, con actores y no actores indios, y está hablada en hindi y en bengalí. Y tiene algunas escenas bastante duras, que Davis corta a tiempo antes de caer en la berretada o el morbo más miserable. La fotografía de Greig Fraser, el mismo de La noche más oscura y Star Wars: Rogue One, recorre buena parte de los escenarios del primer capítulo desde la altura de un niño, absorbiendo la atmósfera ocre y los colores tostados del ambiente de un modo alejado del pintoresquismo.

    Luego está la otra parte. Lo que sucede décadas después en la historia, con Saroo y su otro hermano adoptivo, Mantosh, ya crecidos, que corresponde una especie de segunda película que le nace a la primera. Y ahí está Dev Patel, de ¿Quién quiere ser millonario? y El hombre que conocía el infinito, que está nominado por su interpretación de este Saroo autosuficiente y tenaz, un galán indio frágil y confundido. Los recuerdos de su vida perdida en India se intensifican durante una fiesta donde hay comida india y un plato con jalebis transporta al joven Saroo a la patria de su infancia. Con la colaboración de amigos y otros estudiantes, la ayuda de quien entonces era su novia, Lisa (interpretada por Rooney Mara), y el apoyo de sus padres adoptivos (Nicole Kidman, nominada, y David Wenham), Saroo intentará ubicar en el mapa la estación de trenes donde se había perdido aquella noche. El uso de la tecnología será determinante. Saroo navega a través de Google Earth. Primero una noche. Luego otra. El niño perdido toma el control. Sobrevivió. Encontrar el camino a casa se transforma en una obsesión. Usando recuerdos fuera de foco y coordenadas matemáticas como guía, Saroo se pasa cinco años entrando y saliendo de Google Earth, exiliado mentalmente entre imágenes satelitales pixeladas y sentimientos de culpa y dolor. Y todo lo que la película había logrado esquivar en la primera parte (el golpe bajo, el sentimentalismo, los diálogos melodramáticos, las escenas lacrimógenas, los personajes planos, como el de la novia o el padre) se instala aquí con una naturalidad abrumadora.

    Un camino a casa (Lion). Australia, 2016. Dirección: Garth Davis. Con Dev Patel, Rooney Mara, Nicole Kidman, David Wenham, Priyanka Bose. Duración: 129 minutos.

    Vida Cultural
    2017-02-09T00:00:00