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    viernes 14 de junio de 2024

    El plebiscito de la reforma previsional II

    Sr. Director:

    Si esta carta llevara un título debería ser Las clases de Martín Vallcorba. Desde hace unas semanas se ha empeñado en llevar adelante una fuerte campaña en contra de la papeleta que será puesta a consideración de la ciudadanía el último domingo de octubre, precisamente porque más de 430.000 personas entendieron que debían ser discutidos y resueltos por el conjunto del pueblo algunos pocos pero esenciales cambios muy importantes en el sistema de seguridad social uruguayo: nada menos que su estructura, el cuidado de los ahorros y algunos de sus parámetros1.

    ¿Qué dice Don Martín? Discutiré algunas de sus aseveraciones más duras pero bastante flojas desde el punto de vista argumental. Citaré solo las siguientes.

    1) “La mitad de los trabajadores no puede acceder a jubilación a los 60 años porque a esa edad no tienen los 30 años de aportes exigidos. Estos trabajadores, que son los de peores condiciones laborales e ingresos, hoy ya tienen que trabajar más allá de los 60 años, (…) por lo tanto la reforma genera efectos regresivos porque deberán seguir trabajando más allá de los 60 años (sic)”.

    Las dificultades jubilatorias de esos trabajadores yo mismo las denuncié en un video en el 2020 a partir de un estudio de Gonzalo Zunino. Ahora Martín Vallcorba reconoce que ya estaban jodidos antes de la iniciativa del plebiscito y que desde hace más de dos décadas no se les encontró una solución por parte de ninguno de los gobiernos de los tres “grandes” partidos (en algunos de los cuales estuvo él, integrando el equipo económico).

    Pero lo más importante es que omite informar que la papeleta dice, textualmente, “sin perjuicio de las bonificaciones y sistemas de cómputos especiales que establezcan las normas, y que resulten más beneficiosos para el trabajador”, por lo que cualquier gobierno con voluntad política puede encontrarles una salida a esas centenas de miles de compatriotas efectivamente afectados por el problema de la falta de registros de sus trabajos fuera de la formalidad. Sea como sea, al momento de jubilarse, muchos de esos trabajadores y de esas trabajadoras, candidatos a cobrar la mínima, se verán favorecidos con el triunfo del plebiscito.

    2) Afirma luego que la “reforma puede generar efectos regresivos al igualar las pasividades mínimas (PM) al Salario Mínimo Nacional (SMN). Genera incentivos para que, como pasó en 1985-2005, aumente menos el SMN (que lo fija el gobierno por decreto)”, y agrega que “Ni siquiera garantiza que no caiga el valor real de la PM”.

    Haré solo tres comentarios: a) está en discusión fijar por ley los criterios de definición del SMN; b) el valor real de la pasividad mínima, a partir de la reforma constitucional, quedará atada como todas las pasividades a la evolución salarial de los trabajadores y de las trabajadoras en actividad; c) es tan claro que subirán que por algo están pronosticándose catástrofes, bombas y terremotos por este solo cambio, inventando cifras a troche y moche del “costo” que tendría la reforma; si puede llegar a caer el valor real de la pasividad, ¿cómo es posible que por otro lado el mismo Vallcorba hable de que, si gana el plebiscito, el costo será de ¡1.500 millones de dólares!? ¿En qué quedamos?

    4) Agrega que igualar las PM al SMN también produce inequidades porque quienes tienen dos pasividades recibirán dos SMN. Lo que no aclara es que cobrarán dos SMN si es que poseen pasividades de distinto origen (BPS o cajas paraestatales). Aun si fuera como él plantea, ¿piensa Vallcorba que ganar 40.000 y pocos pesos es demasiado? ¿Él cuánto gana? ¿Por qué él gana mucho y hay tantos cientos de miles de trabajadoras y trabajadores que ganan menos de 25.000 pesos por mes? ¿Esa inequidad no le preocupa? ¿Qué ha hecho y hace para cambiarla en la realidad, no en la tranquilidad del discurso?

    5) Gravemente asegura que “no se podrán eliminar privilegios actuales como los de la ‘caja militar’”. Falso de toda falsedad: por la reforma a plebiscitarse, como ocurre con todas las leyes, no se perderán beneficios anteriores a su vigencia. Sí se pone un piso a mantener, que son las prestaciones de las leyes del año 95 y la ley de flexibilización de pasividades del 2007, en las que claramente no entraron ni están comprendidos los militares.

    6) Luego habla de un “costo inicial anual de unos 1.200 millones de dólares” que por arte de magia luego transforma en 1.500. De los números que hemos visto hechos por la Asesoría del BPS, algunos son seguros y otros son estimaciones a mediano y largo plazo. Es seguro que las personas favorecidas con el aumento de las pasividades mínimas serán 308.000, con un costo anual de 460 millones de dólares. El resto son, reitero, estimaciones de mis excompañeros y excompañeras del BPS2 sobre determinados “costeos” que en realidad van a depender de la reglamentación de la reforma, que deberá hacerse en el plazo de dos años, es decir, como tope, en el 2026.

    En todo caso, Vallcorba se “come” algunos ahorros que indudablemente sí va a provocar la reforma. I) al eliminar las AFAP, se elimina también el sistema mixto en las cajas paraestatales. ¿Sabía usted, lector, que, para no afectar los déficits de esas cajas, por el artículo 259 de la ley aprobada el año pasado, desde Rentas Generales ya se están transfiriendo “sin cargo” a ellas ¡por 30 años con opción a 10 más el 5% del aporte de los trabajadores y las trabajadoras de los colectivos de compatriotas cubiertos por esas cajas con destino a las AFAP!? Esta eliminación de transferencias que logrará el plebiscito significará automáticamente evitarle al Estado (es decir, a todos nosotros) el gasto equivalente a por lo menos 250 millones de dólares por año: la mitad de lo que costará la reforma que promovemos3. II) Al eliminar las AFAP, anualmente el BPS recaudará alrededor de 1.400 millones de dólares, lo que —como muy bien lo reconoce el Cinve— por un plazo no demasiado corto mejorará la situación financiera del BPS.

    7) También hay unos cuantos puntos, en los que Vallcorba insiste, que refieren a la catástrofe económica que se nos avecina si triunfa el plebiscito y la falta de recursos que habría para atender la pobreza infantil y la educación4 (acá es donde da un “curso avanzado de izquierdismo”).

    En mi modesta opinión, esta es una trampa en la que los defensores de la papeleta no podemos caer: nos quieren llevar al 2050 y al 2100 con proyecciones por momentos esotéricas. Pero en la realidad ocurriría que —si esos números fueran comprobables—, como reconoce el propio Cinve, “los efectos del plebiscito sobre la sostenibilidad se visualizan al considerar ventanas temporales prolongadas. Si consideramos los déficits acumulados en los próximos 20 años, el escenario del plebiscito no arroja resultados muy diferentes a los otros regímenes considerados. Esto ocurre porque el incremento de los ingresos del BPS por absorber la totalidad de los aportes de los cotizantes ocurre de forma inmediata, mientras que el incremento de las pasividades va ocurriendo en forma paulatina mientras se va renovando el stock de pasivos”.

    Y, lo que es aún más importante, lo que vale, la verdadera prueba de verdad de todo esto, es el texto de la papeleta: (…) “deberán cesar, dentro del plazo que fije la reglamentación, las actividades de las administradoras de fondos de ahorro previsional; dicho plazo en ningún caso podrá exceder de los 24 meses contados desde la entrada en vigencia de la presente reforma”.

    Por lo tanto, reitero, gane quien gane, a lo sumo en el año 2026 estos problemas deberán ser resueltos con la reforma de la seguridad social que realmente se necesita. Entre tanto, en esos dos años el Uruguay verá cómo se reactiva la economía como consecuencia del ingreso al mercado interno de esos 460 millones de dólares anuales, mejorando así los ingresos de más de 300.000 personas que son padres y madres y abuelos y abuelas o hijos e hijas pensionistas que ayudarán a sus familias, especialmente a los más chicos y las más chicas, y, de paso, reactivando a los pequeños y medianos comerciantes, productores e industriales nacionales. ¿Que a partir del 2026 deberá correr sangre —o, mejor dicho, dólares— de los más poderosos? Ah, sí, inevitablemente, sí. Como dijera Tabaré en sus mejores épocas: que pague más el que tiene más. Y punto.

    Vallcorba culmina diciendo que en la reforma de Lacalle Pou y sus socios “no está todo bien”, al igual que en las AFAP, pero que “una ley se cambia con otra ley”. Y aquí está su última omisión: aun si el Frente Amplio ganara y tuviera mayoría absoluta, está por verse cuál sería su concepción del régimen de AFAP y cómo aborda todo lo relativo a la edad jubilatoria.

    Es por la desconfianza en los elencos gobernantes, cansados de lo que prometen y luego no cumplen, que hemos llegado a la situación en la que estamos. Y exactamente por esa desconfianza también somos el único país del mundo que tiene en su Constitución de qué manera deben ajustarse las pasividades.

    Las diferencias entre las “clases”. No puedo hablar de Vallcorba como persona porque no lo conozco. Pero, a decir verdad, su talante de los últimos días no es especialmente humilde, ya que este hombre no solo está en la ofensiva referida conforme a sus convicciones, sino que además se siente con el derecho de “dar clases”… ¡de izquierdismo!

    Entiende que puede decirles a los uruguayos y a las uruguayas qué es ser de izquierda y qué tipo de políticas son o no son de izquierda. Aquí ocurren varias cosas: hay muchos compatriotas que sin llegar a tantas disquisiciones solo quieren tener un país más justo e igualitario. Ellos y ellas, afortunadamente, son votantes de todos los partidos políticos y muchos y muchas firmaron para que haya plebiscito5, mientras Vallcorba se ubicó en el lado de quienes no querían algo tan simple y tan sencillo como ejercer la democracia directa. (No parece, modestamente creo, ser esa una posición “de demócrata”, sobre todo para quienes nos formamos en la dictadura gritando sordamente en la clandestinidad “que el pueblo decida”).

    Obviamente, estamos quienes entendemos que es importante definirse por una postura de izquierda (lo que no nos hará mejores personas que quienes no la tengan), porque en torno a las ideas concebidas como “de izquierda” creemos con humildad que es posible construir un país, una América y un mundo mejores, más justos, más humanos, más solidarios, más libres, más responsables y en paz y libertad6.

    Entonces resulta que, cuando Vallcorba intenta darnos “clase”, en verdad está tapando otro problema que es de “clases”, pero sociales. Se podrá pensar cualquier cosa del marxismo, pero nadie duda de la existencia de las clases sociales. Y el tema que nos ocupa directamente en uno de sus puntos más álgidos e importantes tiene que ver con ellas. Defender la existencia de las AFAP como lo hace Vallcorba7, así como la mantención de exoneraciones vergonzosas, es —lo quiera o no— defender los intereses de una pequeñísima minoría de capitalistas en nuestro país: exactamente los dueños de las AFAP y quienes de ellas viven haciendo y deshaciendo casi a su antojo y otros empresarios muy grandes y poderosos.

    La enseñanza de otro Pepe. Para concluir, debo contar que, en principios del año 90, cuando asumí por primera vez la presidencia de mi gremio, sentí la necesidad de pedirle una reunión al Pepe D’Elía, a quien admiraba por su trayectoria, su honestidad, su sencillez y su rectitud profundamente humanas. Le planteé directamente: “Acabo de asumir una responsabilidad enorme: ¿qué consejos me daría para no equivocarme?”.

    Me contestó bastante parcamente: “Mirá, gurí, equivocarte te vas a equivocar… pero especialmente tenés que prestar mucha atención a quienes te aplaudan. Si ves que en medio de un conflicto en defensa de tus compañeros y compañeras estás en plena lucha y desde el propio Directorio del BPS salen a aplaudirte, lo más probable es que te estés equivocando feo y estés a punto de traicionar a tus compañeros…”. Esa enseñanza me quedó tatuada en mi alma de gremialista y espero haberla hecho carne y hueso.

    En el caso de Vallcorba es notorio cómo a su alrededor se ha formado una asamblea de “aplaudidores” de sus dichos que no tiene desperdicio, una verdadera “claque” en busca de provechos político-partidarios, de estatus y económicos, de personajes vinculados al poder, think thanks y otros defensores de uno de los mayores inventos de la economía capitalista como lo son nuestras AFAP, que, como se sabe, las ideó Milton Friedman en su Escuela de Chicago en los años 70 del siglo pasado.

    Tal “formidable” creación fue y es para que —con la plata de los trabajadores y de las trabajadoras, cobrándoles además comisiones y pagándoles luego jubilaciones notoriamente insuficientes— los grandes empresarios y los distintos gobiernos tuvieran fuentes frescas de financiamiento, evitando así que sus privilegios pudieran ser afectados por esas cosas tan desagradables como lo son esa estúpida y cansadora distribución de la riqueza y eso otro tan manido de la justicia social.

    La pregunta del final que creo cabe es: “Estimado Martín: ¿no te parece que si toda esta gente está aplaudiéndote tanto es porque capaz que te estás equivocando muy feo con relación a los intereses del pueblo que dices defender?”. La formulo muy respetuosamente.

    Adolfo Bertoni

    Expresidente de la Asociación de Trabajadores

    de la Seguridad Social (ATSS)

    CI 3.28.9304-5

    Notas:

    1Que serán los límites que tendrán el próximo gobierno y el próximo parlamento, cualesquiera sean los partidos políticos electos, para reformarlo en serio en un plazo máximo de dos años: 1) las pasividades mínimas, 2) los 60 años de edad jubilatoria, 3) el cuidado de los aportes ya ahorrados en un fideicomiso y 4) la eliminación de las AFAP.

    2Me consta su excelencia técnica pero teóricamente los resultados siempre dependen de los supuestos a partir de los cuales se hacen las proyecciones.

    3Esta barbaridad solo la está denunciando la ATSS. Ni Saldain ni ninguno de los cráneos de los think thanks han hecho una sola referencia a la existencia de este artículo en la Ley 20.130. De no aprobarse el plebiscito, en los próximos 40 años más de 10.000 millones de dólares irán “de Rentas Generales” (el pueblo) a las AFAP, sustituyendo aportes personales de esos trabajadores y esas trabajadoras.

    4Un informe del Mides (Ministerio de Desarrollo Social) de febrero del 2020 muestra claramente cómo en el período 1985-2019 los gastos en seguridad y asistencia social aumentaron y también lo hicieron en mayor proporción los gastos en educación y salud.

    5Todavía muchísimos más votarán a favor de la papeleta con la reforma constitucional, al punto que su triunfo es una posibilidad real que tiene a muchos asustados.

    6Puedo dar fe de que hay verdaderos compañeros y compañeras “de izquierda” también dentro de los llamados partidos tradicionales u otros que no son el Frente Amplio.

    7Tal vez porque Vallcorba dizque es especialista en mercado de capitales y no en seguridad social.

    Cartas al director
    2024-05-15T22:03:41