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    El presidente y su partido

    N° 1859 - 17 al 23 de Marzo de 2016

    La coyuntura política actual tiene sus paradojas. Una de las más notables es el vínculo entre el presidente, Tabaré Vázquez, y su fuerza política. Puede resumirse así. En primer lugar, las circunstancias políticas del Frente Amplio están hoy entre las más difíciles que ha vivido desde que llegó al gobierno en 2005. En segundo lugar, la mejor línea de defensa que el Frente Amplio ha tenido y tiene para enfrentar estas dificultades es el propio Vázquez: su figura, sus dichos y sus acciones (aunque no sea infalible: nadie lo es). En tercer lugar, el Frente Amplio hace poco o nada para usar a su favor esa línea de defensa y por momentos parece que hiciera lo contrario: dañarla. En momentos clave rechaza su liderazgo y trata de imponer estrategias y tácticas incompatibles con las del presidente. Es probable que a medida que se acerque 2019 esta relación complicada entre el presidente y el Frente Amplio se vuelva aún más difícil. En lo que sigue, aunque esquemáticamente, se examinan estas tres premisas.

    Comenzando por las circunstancias políticas del Frente Amplio. El viernes 11, Equipos reportó en “Subrayado”, el informativo de Canal 10, resultados de su última encuesta nacional realizada en febrero. Las intenciones de voto hacia el Frente Amplio “si las elecciones fueran hoy” (32%) están significativamente por debajo de las observadas a la misma altura del gobierno de Mujica, en febrero de 2011 (44%), que también eran algo más bajas (aunque apenas) que las registradas en febrero de 2006. La caída 2011-16 es de 12 puntos porcentuales.

    De las cinco figuras del Frente Amplio cuya popularidad personal se reporta, solo Vázquez y Mujica tienen un balance positivo (más simpatías que antipatías: 19 puntos porcentuales Vázquez, 12 p. p. Mujica). Sendic tiene el peor balance (-37) entre todos los políticos estudiados (diez en total: los cinco del Frente Amplio y otros cinco de las oposiciones). La gestión de Vázquez es vista en forma casi neutral: 35% la aprueban, 34% la desaprueban.

    En resumen, para el Frente Amplio este panorama político es uno de los peores registrados por las encuestas profesionales desde 2005. Malo como es, sin embargo, lo que muestra es que un grupo significativo de votantes se aleja del Frente Amplio pero que ese alejamiento no se concreta en intenciones de voto hacia la oposición. Según Equipos, las intenciones de voto blancas y coloradas sumadas son casi iguales para los tres febreros (de 2006, 2011 y 2016): 35%, 34% y 36%, en ese orden. Lo que aumenta es la indecisión.

    ¿Qué puede ocurrir con esa indecisión en aumento? El domingo 15 fueron elegidos los directores sociales del BPS. Sobre datos preliminares de la Corte Electoral abarcando casi todas las mesas, los votos emitidos fueron algo más numerosos que en la elección anterior (febrero de 2011), especialmente entre los trabajadores activos, que son el grupo más numeroso de votantes y una base electoral importante del Frente Amplio. Entre los trabajadores activos la lista oficialista, afín a la central sindical y al Frente Amplio, había llegado en 2011 al 50% de los votos emitidos, porcentaje que ahora en 2016 cayó 11 puntos porcentuales: de 50% a 39%.

    Esta caída es casi igual a la registrada en la encuesta de Equipos para las intenciones de voto hacia el Frente Amplio en esas mismas fechas (12 p. p.). Por lo tanto: en ciertas condiciones, el aumento de la indecisión registrado en las encuestas se asocia a una pérdida real de votos frentistas (hacia otros partidos, en blanco). No es algo nuevo: ya había ocurrido, claramente, en las elecciones departamentales montevideanas de 2010. Todo indica, entonces, que el Frente Amplio está en problemas. Por eso Adolfo Garcé sostiene que “Uruguay camina hacia la alternancia. (…) La rotación de partidos (gobernantes) se va asomando en el horizonte”. (“El Observador”, 9 de marzo)

    En segundo lugar: con desafíos ocasionales, desde que ganó la Intendencia montevideana en 1989, Vázquez ha sido la figura electoralmente más atractiva del Frente Amplio; fue y es un gran lector de los “climas” de la opinión. Los resultados ya citados de la encuesta de Equipos vuelven a ratificar este punto central. Solo así se explica que haya ingresado al muy cerrado club de los políticos que fueron presidentes dos veces (solamente tres: José Batlle y Ordóñez, Sanguinetti y Vázquez). Su mensaje político central fue, desde 2004, “el cambio a la uruguaya”, que es una consigna poderosa y equivalente al “cambio en paz” de Sanguinetti en 1984. Es necesario cambiar, pero con mesura: en paz, a la uruguaya.

    En tercer lugar, el papel “objetivo” de Vázquez ha sido moderar las inclinaciones socialistas del ala izquierda del Frente Amplio, incluyendo la izquierda “clásica” (comunistas y parte de los socialistas) y la izquierda que a falta de un término mejor se podría llamar “populista”, heredera del famoso pragmatismo tupamaro (principalmente en el MPP y la 711). En su primera Presidencia ese papel fue razonablemente aceptado, con algunas excepciones, por el ala izquierda del Frente Amplio. Pero es mucho menos tolerado ahora, en su segunda Presidencia: las paciencias se acortan, llegó la (o “nuestra”) hora, si no nos movemos a la izquierda vamos a perder. Los ejemplos son bien conocidos y van desde las relaciones internacionales hasta la educación pública. Esta tensión fundamental puede tal vez ser “administrada” en un equilibrio más bien inestable, pero difícilmente puede ser “resuelta”, porque expresa diferencias genuinas de visión y de actitudes hacia el corto, mediano y largo plazo.

    Estas diferencias afloran en todos los puntos de tensión. En el tema del supuesto título universitario de Sendic, por ejemplo, Vázquez se pronunció explícitamente en contra de la decisión del Plenario del Frente Amplio, que se solidarizó plenamente con Sendic y denunció, con un aire resueltamente venezolano, la “embestida baguala” y la conspiración antidemocrática de la oposición (“la derecha”) y de la prensa. Desde antes de ese pronunciamiento, sin embargo, ya era claro que la visión de Vázquez no era esa. Había ratificado su confianza institucional hacia Sendic (su lealtad y capacidad para ejercer la Vicepresidencia en todas sus dimensiones), pero sobre “todo lo demás” (incluyendo, evidentemente, la polémica sobre su licenciatura), “no iba a hablar”. Parte de la prensa confundió el asunto, titulando sobre el “apoyo incondicional” del presidente a Sendic, pero aclarando solo en el texto o en letra más chica, o directamente sin aclarar, que eso solo se refería al plano institucional.

    Desde el principio, la posición de Vázquez era diferente a lo resuelto por el Plenario; se parecía mucho más a lo declarado por Alejandro Sánchez (diputado y candidato a presidente del Frente Amplio, el lunes 14 en Radio Carve) luego de revelada la discrepancia: “A los amigos cuando se equivocan no hay que darles palo, tampoco decirles que está todo bien”. El Plenario del Frente Amplio, en definitiva, desautorizó al presidente y muy probablemente (como se sostuvo en este mismo espacio) agravó el problema. Impulsado por sus ideas y actitudes dominantes, aumentó la distancia entre el Frente Amplio y las mayorías que necesita para ganar.

    Vázquez no puede ser candidato en 2019 y muy difícilmente lo sea en 2024. Eso debilita mucho su influencia, debilidad que aumentará cuanto más se acerque la fecha de las elecciones (y pesen más los candidatos y sectores que compiten entre sí). En suma: esta clase de tensiones probablemente aumentará. Si lo esencial de esta discusión es correcto, eso perjudicará las perspectivas políticas y electorales del Frente Amplio.