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Las estadísticas mundiales revelan que la aviación es el medio de transporte más seguro en relación con el número de pasajeros. No obstante, una vez que el avión abandona la pista, todo está en su contra, desde la fuerza de gravedad y las condiciones climáticas hasta la eficiencia de los servicios de mantenimiento y la idoneidad de los controladores de tráfico aéreo.
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Para enfrentar estos factores de riesgo, el personal de a bordo ha sido debidamente capacitado para cumplir con todas las reglamentaciones de las entidades mundiales que regulan el transporte aéreo, a través de estrictos programas de entrenamiento de vuelo, simuladores y cursos especiales. Asimismo, están sujetos a una asidua y completa supervisión médica de sus condiciones físicas y mentales y sus horas laborables y descansos obligatorios son rigurosamente monitoreados. Del mismo modo, el personal de mantenimiento, mecánicos y electricistas, que está a cargo de los motores, generadores, sistemas hidráulicos y electrónicos, están también sujetos al cumplimiento de exigentes procedimientos internacionales que establecen el chequeo y reposición compulsiva periódica de determinadas piezas, conforme a las recomendaciones y especificaciones de cada fabricante.
Ha trascendido, recientemente, la noticia de que el Sr. Presidente de la República, al parecer con el apoyo de algunos sectores de la oposición, está manejando la idea de reinstalar los servicios de una aerolínea nacional gestionada por el personal cesante de la desaparecida Pluna. Si bien me solidarizo totalmente con las legítimas reclamaciones salariales de estos correctos y eficientes exfuncionarios, al exigir la restitución inmediata de sus derechos laborales —de los que fueran tan abruptamente despojados— me siento obligado a hacer una observación:
En efecto, me preocupa que nadie haya alzado hasta ahora, en ámbito alguno, una voz de alerta respecto a la real dimensión de las dificultades que implica el diligenciamiento de una línea aérea comercial, tanto en el aspecto empresarial como en el plano técnico. En lo empresarial, un vistazo al inquietante panorama de bancarrotas y fusiones que actualmente exhibe el mercado internacional de aerolíneas, bastaría para aconsejar el razonable desistimiento de toda nueva iniciativa, ya que la misma conlleva grandes riesgos de constituirse, a la larga, en otro seguro fiasco para el castigado bolsillo de la ciudadanía. Con relación a los aspectos técnicos, el Estado no puede soslayar la idea de que regentear una empresa aérea presenta exigencias infinitamente superiores a la tarea de instalar una cooperativa destinada a la recuperación de una fábrica de neumáticos, baterías, botellas o artículos sanitarios.
Las empresas aéreas exitosas de primera línea son severas e inflexibles en el trato con su personal de vuelo, administrativos y operarios, y el castigo de cualquier error u omisión no es una amonestación, sino el despido inmediato, porque saben que un piloto mal dormido o un mecánico negligente, puede engendrar cientos de muertos y el desprestigio del país y la empresa. Es razonable admitir que el grato ambiente de permisibilidad, compañerismo y mutua solidaridad que reina en un sindicato o cooperativa, no es el más apropiado para engendrar el necesario clima de inflexibilidad, orden y disciplina requerido para regentear, con seguridad y éxito, el funcionamiento de una empresa de aviación.
De insistirse en la concreción de este difícil, incierto y peligroso proyecto de empresa cooperativa, será absolutamente imprescindible que los jerarcas responsables de tal decisión no escatimen recursos para contratar los más capaces, honestos y sagaces ejecutivos del negocio aeroempresarial del mundo, y promuevan, asimismo, la formación de un experimentado cuadro de mandos medios, destinado a asegurar no solo un funcionamiento preciso y eficiente de los diferentes sectores, sino también inculcar en la empresa el necesario rigor disciplinario y espíritu de cuerpo, desplazando todo atisbo del laxo comportamiento corporativo que por lo general caracteriza, comprensiblemente, los emprendimientos cooperativistas.
Ojalá la paz y serenidad que todos los uruguayos auguramos para este nuevo año ilumine el criterio, discernimiento y patriotismo del presidente y los políticos de todos los partidos, aquellos a quienes confiamos nuestros bienes, salud, libertades y educación, para que encuentren la manera de restituir a la nación las ingentes pérdidas sufridas por los errores del pasado. Ojalá permitan que el sosiego y la confianza retornen a los hogares uruguayos, desistiendo de involucrar al país y a sus trabajadores en otra pesadilla empresarial de dudoso futuro, y que, además, entraña un alto riesgo en vidas, bienes y prestigio nacional, lo que sería imperdonable.