Ahora se plantea un puente flotante (¿sobre pontones?) de geometría variable (¿circular, semicircular, curvo, ondulante?) según lo que se pudo ver por la televisión, como solución al problema de la construcción sin afectar el ambiente.
Ahora se plantea un puente flotante (¿sobre pontones?) de geometría variable (¿circular, semicircular, curvo, ondulante?) según lo que se pudo ver por la televisión, como solución al problema de la construcción sin afectar el ambiente.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¡Y con esta solución se superaría el impacto ambiental del puente!
Un planteo que es una afrenta al conocimiento de la ingeniería y del medioambiente.
El puente de la Laguna Garzón, como en cualquier otra barra de una laguna litoral, técnicamente, solo tiene que ser lo suficientemente largo como para que no afecte las velocidades de entrada del agua de mar o la velocidad de salida del agua dulce al mar y que no se produzca erosión.
Con un puente de 300 metros alcanza y sobra para cubrir la distancia entre extremos sin afectar ni la naturaleza y escurrimiento actuales, ni eventuales derivas previsibles de la boca de desagüe de la laguna.
Los problemas que se plantearon en el puente de José Ignacio fueron simplemente la consecuencia de un desarrollador inmobiliario que donó el puente al Estado y que en un afán de minimizar la inversión, hizo un puente excesivamente corto, que resultó en que primero se dieran procesos de erosión, después correctivos de protección de fundaciones y accesos y finalmente resultara necesario construir un nuevo puente, más largo, en el anterior gobierno, con recursos del Estado.
Para error y aprendizaje alcanza con este del pasado.
Centrar el problema en la solución técnica del cruce y que la alternativa técnica sea la que evite el impacto ambiental, es mera ignorancia y descansa en la novelería de la solución que, dicho sea de paso, desconoce los principios básicos del diseño geométrico vial y no está exento de interferencias ambientales.
El problema del puente de Garzón y el medioambiente es de otro tipo.
Como siempre pasa con las obras. Los conservadores se oponen y los desarrollistas las favorecen. Y cada uno busca las ventajas de su punto de vista para abogar a su favor.
En esto se mezclan las intuiciones y los intereses. De públicos y privados, de políticos y ciudadanos, de intereses económicos a favor y en contra. Maldonado, que no tiene demasiado interés de incorporar a Rocha al mercado de Punta del Este-José Ignacio, y Rocha, que de tanta riqueza pobre de verano no necesita que le llegue el progreso rico de todo el año.
El impacto ambiental está, sobre todo, condicionado por lo que la facilidad de un puente puede generar, más que por el puente en sí mismo.
A una inteligente conclusión, que permita prevenir lo indeseable y fomentar lo deseable, es a lo que hay que dedicarse. Y para esto, mucho me temo que exista un impedimento ético, pues parecería que nadie sabe lo que es bueno y lo que es malo de un puente en Garzón para la sociedad, y en la ignorancia, el temor decide sin decidir.
En lo personal, nunca dudé de la bondad de un puente en este lugar, como nunca cuestioné ninguno de los puentes que hoy cruzan los arroyos en ubicación cercana a la desembocadura de los arroyos Pando, Solís Chico, Solís Grande, Espinas, Tarariras, Potrero en la barra de la Laguna del Sauce, en la Barra del arroyo Maldonado (El Placer es una gran laguna llana) o en José Ignacio, sin los cuales resultaría difícil imaginar el desarrollo litoral balneario del Uruguay actual.
Ing. Lucio Cáceres