Fue quizás el episodio más simbólico del avance artesanal, pero el fenómeno ya estaba instalado hacía años. Se ve con claridad en las calles de Montevideo, donde abundan los bares de cervezas artesanales, donde cada vez se escucha menos pedir “un chopp” o “un liso” y suenan más las “pintas” y “medias pintas”, y donde ya casi no existe pedir una cerveza sino que el cliente debe detallar exactamente cuál quiere. Queda más a la vista todavía en eventos multitudinarios como el Beer Fest Montevideo o la Fiesta de la Cerveza Artesanal de Parque del Plata, que reunió el fin de semana pasado a miles de personas.
El presidente de la FOEB, Fernando Ferreira, contó a Búsqueda que solicitaron las reuniones para tener información de primera mano de un sector, que si bien hoy tiene un porcentaje menor del mercado, “empieza a tomar una forma” que hace que les interese “tomar posición” como sindicato. En particular, dijo que les pidieron a las empresas datos sobre cuánta gente emplean, en qué condiciones se trabaja, qué laudos pagan, qué volúmenes de producción tienen y cómo se estructura su negocio (costos, formación de precio).
“Cara a cara entendimos que nadie estaba buscando la eliminación de las empresas ni perjudicar al personal. Ellos son emprendedores, en algunos casos pequeñas empresas, y nos parece muy bien. Y, de parte de la FOEB, no hay animosidad de ningún tipo”, afirmó.
La FOEB aprovechó las reuniones para comunicar la conformación del primer gremio en el sector, el de la cervecería Davok. Si bien el tono fue de presentación, trabajadores y empresas sobrevolaron algunos de los temas de discusión que tienen por delante. El principal fue la aplicación del convenio salarial vigente, del que las cervecerías artesanales hasta ahora se mantienen al margen y donde asoma una diferencia importante entre las partes.
Reglas vigentes
“Cuando alguien ingresa en un sector de actividad sabe cuáles son las reglas de juego”, dice Ferreira. No lo hace en un tono combativo sino sereno, constatando una situación. Hace hincapié en las particularidades del sector, con una mayoría de empresas muy pequeñas pero otras que toman una dimensión que se aleja de la microcervecería y, por eso, insiste en que la información permitirá dar a cada situación un tratamiento adecuado.
Con un ejemplo, intenta marcar la importancia de generar un “paraguas de negociación”. Mastra, una de las cervecerías artesanales grandes, tuvo un juicio por incumplimiento de laudos salariales. “La empresa nunca se acercó a la FOEB a ver cómo se podía hacer para un descuelgue. Y después de que está hecho el juicio ya es tarde. No tenés vuelta”.
La fabricación de cerveza está dentro del subrgrupo 9.1 de los Consejos de Salarios: “Bebidas sin alcohol y cerveza”. Según el último ajuste de enero, a la categoría más baja le corresponde un salario nominal de $ 265,49 por hora trabajada. El convenio firmado a mediados de 2018 establecía también el pago de tres partidas fijas de $ 13.000; las primeras dos ya se deberían haber pagado y la tercera está prevista para marzo de 2020. Además, los empleadores deben pagar a los trabajadores seguros de vida, servicios fúnebres y de acompañamiento de salud.
“Imposible”
Gonzalo Torres Gago es socio de la Cámara de Cervecerías Artesanales del Uruguay desde su fundación. Primero lo fue por Montevideo Brew House y ahora está a punto de estrenarse como maestro cervecero con su propia marca, Por Culpa de Sam. Torres Gago, que es una especie de secretario de la cámara, asegura que es “imposible” para las cervecerías artesanales acoplarse al convenio salarial.
Al igual que Ferreira, valoró como positiva la reunión con el sindicato y dijo que desde el principio supieron que algún día iba a llegar el momento de sentarse a discutir estos temas. De hecho, ya tienen algunas ideas sobre cómo se deben enfocar. La cámara entiende que será necesario crear un subgrupo específico para las cervecerías artesanales. Para eso, el punto de partida es definir qué es la cerveza artesanal.
Torres Gago explicó que una de las diferencias más claras con la cerveza industrial está en la productividad por operario y esa debe ser la frontera. Con base en la experiencia de Estados Unidos, Brasil y Argentina, creen que los 5.000 litros por operario por mes sería un límite adecuado para las cervezas artesanales. A escala industrial, detalló, se llega a los 25.000 litros por operario.
Según relató Ferreira, la Asociación de Microcervecerías Artesanales del Uruguay también planteó la posibilidad de crear un subgrupo específico. Para la FOEB, en principio, ese no es un camino posible. Hay dos argumentos que lo hacen inviable. El primero, explicó Ferreira, es que para la creación de un subgrupo se requiere el beneplácito del sector empleador. El dirigente no ve posible que el Centro de Fabricantes de Bebidas sin Alcohol y Cervezas, donde están las empresas industriales poderosas, les firmen a las artesanales la creación de un subgrupo para que paguen menos.
El segundo obstáculo es que abrir esa puerta haría que otras tantas empresas de dimensiones similares reclamen el mismo trato. La situación, para Ferreira, es comparable con la de las aguas de mesa. En ese sector, empresas chicas como Tacuarí de Melo, Lyda de Treinta y Tres, Dos Banderas de Mercedes, Summer de San José, Cascada o Sirte, cumplen con los laudos. “No sería justo que hagamos un laudo diferenciado a las cervezas”, concluyó.
Pese a estas consideraciones, Ferreira aclaró que no hubo ni una propuesta concreta de las cámaras ni una negativa contundente de la FOEB.
“Tenemos como horizonte que empecemos a ver cómo avanzamos con las cervecerías artesanales hacia los laudos y las condiciones del subgrupo”, dijo.
Familiar
La Cámara de Cervecerías Artesanales del Uruguay tiene poco más de 30 empresas afiliadas. Otra treintena de cervecerías integran la Asociación de Microcervecerías Artesanales del Uruguay. Se trata de dos organizaciones con objetivos similares que se distanciaron en “algunos aspectos”, en los que Torres Gago evita profundizar.
Ambas tienen algunas características distintivas. La cámara tiene un origen más vinculado a Montevideo y la asociación al interior. Además, la asociación tiene actualmente entre sus socias a las empresas más grandes del mercado como Cabesas, Volcánica, Bizarra o Mastra. Torres Gago estima que hay en Uruguay unas 80 cervecerías artesanales, ya que hay empresas que no integran ninguna de las cámaras.
La Cámara de Cervecerías Artesanales del Uruguay está desarrollando una especie de censo entre sus afiliados. Esa información dará respuesta a varias de las inquietudes de la FOEB. Los datos primarios demuestran que se trata de un sector de empresas muy pequeñas, familiares. De hecho, hay un promedio de 1,5 empleados por empresa.
Según estiman, todo el sector artesanal está cerca hoy del 2,5% del mercado de la cerveza en Uruguay. El consumo anual del país ronda los 100 millones de litros y las artesanales tienen un volumen de producción de 200.000 litros mensuales. Entre las afiliadas a la cámara, la empresa más grande es Davok, que en alta temporada llega a producir 25.000 litros mensuales. Las más grandes del sector llegan a duplicar ese número.
En su agenda para este año, la cámara tiene dos eventos importantes. El primero es el Encuentro de Cervecerías Artesanales del Uruguay que se realizará el próximo 28 de abril. En ese evento, al que convocan a todas las empresas sin distinción de cámaras, pretenden avanzar en una definición del sector “artesanal”.
En noviembre habrá un encuentro regional. La cámara integra el Bloque Cervecero Latinoamericano compuesto por 16 países. Uruguay ocupa la presidencia pro tempore del bloque y, como tal, será el anfitrión de la próxima reunión.
Sobre las perspectivas de crecimiento, Torres Gago dice que es normal que las empresas del sector aumenten entre un 20% y un 30% anualmente sus producciones. “Esto es muy nuevo y hay mucho por hacer”, sostiene.
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