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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEsta bala nos lastimó a todos.
El general Pedro Barneix resistió hasta el final agresiones y presiones injustificadas, las que incidieron de especial manera para que se le procesara sin dar validez a su testimonio.
Se encarcelan personas por la única condición de haber seguido la carrera de las armas y a expensas de la “necesidad” de “meterlos presos” al ser hoy “políticamente correcto”, jugando con sus vidas y las de sus familiares.
La falta de certeza jurídica es flagrante. Se aceptan como válidos testimonios “de oídas” o cuentos que conciben personas imbuidas de un odio execrable; en contraposición, lo que declaran los militares, como se ha visto, carece de valor en los juzgados. Además, está claro que no interesa demasiado averiguar la verdad de los hechos; que se quiera saber realmente lo que ha pasado es una falacia total. Lo único cierto es la intención aviesa de acusar y el requisito fundamental: ¡que sea militar!
Como lo expresara en su momento la ex ministra de Defensa Nacional, la Dra. Azucena Berrutti: “todos los procesos contra militares detenidos están cargados de irregularidades, han sido procesados por oídas, con muy sumarias pruebas”. O como también al respecto manifestara el ex presidente de la República, José Mujica: “la justicia tiene un terrible hedor a venganza”.
La justicia penal investiga poco y mal, pero nos castiga mucho, con un criterio sumamente sesgado.
Es tan clara la inocultable inquietud de determinados sectores del sistema judicial por tratar de mortificar a nuestra colectividad, que han inventado los “delitos de lesa humanidad”, queriéndolos implantar en los años ’70 cuando no existían (retrotraerlos), ni había marco jurídico ni, por supuesto, penas para castigarlos; y al no existir pena, no existe el delito.
Hacerlos aparecer como tales más de 30 años después es antijurídico y arbitrario, cuando recién en el año 2006 se creó a esos efectos la ley 18.026 en el mes de mayo. Queda notoriamente establecido en consecuencia la premeditada construcción de una gran farsa que utiliza al Poder Judicial.
Finalizando: para el general Barneix primó su honor y la dignidad; lamentablemente no le pudimos salvar la vida. Tratemos ahora de honrar dignamente su muerte.
La Comisión Directiva del Centro Militar