El anuncio del presidente de Turquía de que su país había detenido y deportado a uno de los atacantes de Bruselas, que lo había comunicado a las autoridades belgas y, sin embargo, había quedado en libertad, dejó en evidencia el fracaso de las autoridades de ese país en contener un peligro que, reconocieron, creían inminente.
El ministro del Interior alemán, Thomas de Maizière, dijo en la noche del martes en una conferencia de prensa en Berlín que los países de Europa tienen que encontrar “urgente” una forma mejor de compartir la información de inteligencia. “El ataque no solo está dirigido contra Bélgica sino contra nuestra libertad, la libertad de movimiento, la movilidad y todos quienes son parte de la Unión Europea”, afirmó.
Manuel Valls, primer ministro francés, dijo el miércoles en Bruselas que compartir la inteligencia será clave para el futuro de la UE y que en los próximos años los Estados miembros tendrán que invertir en sus sistemas de seguridad. Su par de Italia, Mateo Rienzi, reclamó la creación de una “estructura unitaria de seguridad y defensa”.
El ánimo de los días posteriores quedó reflejado en la portada de la edición impresa de la revista inglesa “The Economist”, que sobre la foto de un par de policías encapuchados puso la frase “Europe’s new normal” (la nueva normalidad de Europa). En un artículo del día de los ataques, esa publicación sostuvo que la mayor preocupación es el descubrimiento de que las redes de Estado Islámico están tan extendidas en Europa, lo que deja claro el dato de que hay 18 personas detenidas en seis países como sospechosas de colaborar en los ataques de París.
“Europa ahora debe confrontar la posibilidad de que el Estado Islámico haya adquirido la capacidad de hacer devastadores ataques a un ritmo bastante regular”, decía la nota, a la vez que ponía en duda la capacidad de Europa de reaccionar en su capacidad de compartir información.
En el Reino Unido, además, los atentados fueron tratados por medios y políticos como un argumento a favor de la salida de esa nación de la UE, algo que será puesto a consideración de la ciudadanía en un referéndum en junio. Militantes de la causa separatista argumentaron que la pertenencia al bloque va en desmedro de la capacidad de controlar las fronteras.
Expertos en seguridad consultados por el diario “The New York Times” coincidieron en que estos hechos no son sorpresivos y que suponen una prueba de que una sociedad abierta como Europa nunca estará libre de riesgo. Además, confirman que Bélgica es un hub para estas actividades, ubicado estratégicamente en el centro de Europa.
Los ministros del Interior de la UE se reunieron en Bruselas el jueves 24 y decidieron acelerar la implementación de medidas antiterroristas. “Estos horrendos ataques no pueden seguir siendo llamados de atención por siempre”, advirtió el comisionado de Asuntos Internos de la UE. Autoridades continentales dijeron al diario “Die Welt” que evalúan implementar controles antes de la entrada a los aeropuertos para minimizar los riesgos y varios ministros llamaron al Parlamento Europeo a aprobar un acuerdo de intercambio de pasajeros.
La idea de aumentar la capacidad de compartir inteligencia pone sobre la mesa el problema de los límites y la protección de la privacidad. El diario inglés “The Guardian” cuestionó la reacción de Europa a los atentados y señaló que el gobierno de David Cameron ya propuso una ley de poderes especiales de investigación, así como la estrategia del gobierno de prevenir una atmósfera que conduzca al radicalismo pidiendo a los estudiantes “que se espíen entre ellos”.
El director de Europol, la Policía internacional de la UE, reconoció que tras los últimos atentados las autoridades están descubriendo que la red terrorista en el continente está mucho más extendida que lo que creían.
La Jihad propia.
Los atentados pusieron la atención sobre Bélgica y los análisis coincidieron en destacar algunos rasgos de ese país: es una nación pequeña, creada como Estado tapón para limitar los intereses franceses, donde viven 11 millones de habitantes que hablan tres idiomas distintos y tienen una división étnica y una compleja estructura administrativa.
Bruselas no solo es en los hechos lo más cercano a una capital que tiene la UE, sino que está ubicada en el centro geográfico entre Inglaterra, Francia, Holanda y Alemania, a pocas horas de viaje de sus principales ciudades, lo que implica, además del simbolismo, que el problema está instalado en el corazón de Europa occidental.
Los responsables de los últimos atentados en esa región tenían vínculos con el municipio de clase obrera Molenbeek, que en algunas zonas tiene hasta 80% de población inmigrante y hasta 40% de desempleo. Las políticas de los gobiernos de esa municipalidad, con planes de vivienda social, crearon lo que para algunos es un gueto propicio para la radicalización islámica, según un artículo del diario alemán “Süddeutsche Zeitung”.
En ese entorno, los terroristas se esconden entre los musulmanes que pueblan la ciudad y además se relacionan con delincuentes comunes. Según un artículo del sitio “ProPublica”, en Bélgica conviven radicales entrenados por el Estado Islámico con delincuentes y bandas de gángsters, como el grupo de motoclistas Kamikaze Riders, que planeó un atentado que la Policía logró abortar. Un informe de la Deutsche Welle mostró que las prisiones europeas han servido de caldo de cultivo para la radicalización de terroristas vinculados a los ataques de París y Bruselas.
El problema se extiende a todo el bloque. Miles de europeos fueron reclutados como jihadistas, principalmente a través de Internet. Al menos 500 belgas viajaron a Siria a pelear con el Estado Islámico, según datos del ICRS, un instituto inglés especializado en terrorismo. Per cápita es el número más alto de Europa occidental, desde donde se estima que en total unas 4.000 o 5.000 personas fueron a combatir a Medio Oriente. Los servicios de inteligencia alemanes tienen datos de más de 600 individuos que partieron desde ese país rumbo a Siria e Irak hasta mediados del 2015, de los cuales el 61% nació en Alemania. Muchos de esos militantes que hicieron la ruta desde Europa encontraron la oportunidad de un sencillo reingreso en medio de las masas de refugiados que desde hace un año llegan desde Siria en medio de la mayor crisis humanitaria de las últimas décadas.
Eurasia.
A diferencia de Estados Unidos, que ha peleado una guerra contra organizaciones terroristas desde los atentados del 11 de setiembre del 2001, Europa comparte el mismo continente y tiene una frontera directa con la zona donde se están desarrollando los principales conflictos en el mundo islámico. Se lo recordó la llegada de los refugiados de la guerra civil siria, a la que hace frente con poca convicción en el liderazgo de la canciller alemana, Ángela Merkel.
A mediados de marzo la UE llegó a un acuerdo con Turquía en el último intento de Merkel por solucionar la crisis sin deponer su actitud de mantener las fronteras abiertas: Turquía acogerá a los migrantes que quieran llegar a Grecia y Europa ubicará, a cambio, a un máximo de 72.000 refugiados sirios. Medios, políticos y expertos europeos cuestionan la viabilidad y la legalidad del acuerdo, que incluye el pago de tres mil millones de euros y agilizar la eliminación del requisito de visa, algo que encuentra reparos en algunos países europeos. Pero el acuerdo llega cuando la política de Merkel se desdibuja. A fines de febrero, Austria decidió poner un tope a la cantidad de refugiados que recibe y enseguida los países que forman la “ruta de los Balcanes” cerraron sus fronteras, lo que dejó a miles de personas trancadas en Grecia.
Según un artículo del 11 de marzo de la revista “Der Spiegel”, los aliados de Merkel en Europa aceptaron el acuerdo con Turquía solo para evitar una ruptura, pero no confían en el gobierno turco y les gustaría ver un fracaso político de la líder alemana. La crónica relata la incomodidad de los demás gobiernos al seguirle la corriente a Merkel y dice que la actitud de la canciller muestra su “hipocresía” porque se ve beneficiada por el cierre de fronteras a costas de decisiones de sus adversarios políticos. Dice que la jefa del gobierno “aisló a Alemania dentro de la UE a un grado mayor que cualquier otro canciller anterior” y creó “una Europa que ya no está unida”.
Tras el acuerdo, la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados denunció que el centro de recepción de migrantes de la isla de Lesbos se transformó en un centro de detención y deportaciones, por lo que decidieron dejar de asistir en la transferencia de esos refugiados, igual que la organización Médicos Sin Fronteras.
No pasó más de un día hasta que un ataque suicida en un paseo de compras de Estambul dejara cinco muertos. Fue el último de cinco atentados terroristas que hubo en suelo turco en los últimos seis meses.
El mapa que trazan las bombas muestra que los líderes de Europa no solo tendrán que mejorar sus capacidades operativas en el occidente sino definir una política hacia el oriente.
La vocera del Ministerio de Exteriores de Rusia María Zakharova los criticó desde la perspectiva de su gobierno: “No se puede respaldar terroristas en un lugar y pensar que no van a ir a otra parte”, dijo en referencia a la acusación rusa de que Europa apoya milicias al norte del Cáucaso.
Bernd Ulrich, editor de Política del semanario “Die Zeit”, lo planteó desde otro punto de vista en una columna el viernes 25. Opinó que es necesaria una nueva estrategia, distinta a la aplicada hasta ahora bajo la tutela de Estados Unidos.
“François Hollande intenta actuar por medios militares contra el terrorismo islámico y, por otro lado, ángela Merkel encabeza una política de refugiados que busca empezar una reconciliación con los musulmanes, y esas dos cosas no fueron pensadas en conjunto sino que son completamente contradictorias”, escribió. “En Europa tenemos que entender que la política hacia Medio Oriente es política interna”.
Fuera de Fronteras
2016-03-31T00:00:00
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