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    El trabajador rural

    Con fecha 29 de junio del presente, el Poder Ejecutivo publicó en su web el decreto 351/012, con una actualización del Estatuto del Trabajador Rural.

    Tal como se ha hecho costumbre de un tiempo a esta parte, el mismo no es claro y contiene un montón de vaguedades y definiciones que pueden prestarse a múltiples interpretaciones, que serán río en el que pesquen los malintencionados.

    Revela el mismo, el desconocimiento de quienes lo elaboraron con la materia que quieren reglamentar y se apoya seguramente en preconceptos ideológicos, que si no tuvieran la gravedad que tienen, serían para contarlos como anécdota.

    Entre muchas cosas objetables (de las que el cambio en la normativa laboral es uno de los más graves) y que seguramente logren un efecto contrario al deseado, quisiera referirme a las determinaciones contenidas en los artículos 28 y 29, que cambian los plazos en que un trabajador despedido tiene para abandonar la casa que ocupa, si ésta es provista por el empleador en su predio.

    Para un observador no enterado puede parecer lógico que este “desalojo” sea hecho por intermedio de la Justicia ordinaria, pero todos sabemos que los plazos que esta se toma, y las valoraciones que hace, no se compadecen con las necesidades de quien decide prescindir de un trabajador (por las causas que sean) para poner a otro en su lugar.

    Lo que va a pasar es que nadie a partir de ahora va a contratar un trabajador para que se aloje en una vivienda de su propiedad, con la amenaza de que quizá deba pasar años, si lo despide, para poder disponer de la vivienda que ocupa este ex trabajador.

    Veremos así viviendas perfectamente habitables que están vacías o transformadas en improvisados galpones para almacenar forraje o granos.

    En los pueblos habrá familias viviendo en casas con menos comodidades, hijos que no verán a sus padres en toda la semana, empleados rurales que no podrán acceder a comprar por ejemplo un vehículo, porque parte de su sueldo deberán destinarlo a pagar alquiler, luz, agua, pasajes para trasladarse a su lugar de trabajo y subsistir en el pueblo, donde la vida es más cara.

    En las zonas rurales cerrarán la mayoría de las escuelas porque ¿con qué niños creen los cráneos que elaboran estos decretos que se mantienen las mismas? ¿Con los hijos de los dueños de la tierra?

    ¿Cómo seguiremos siendo una economía basada en la ganadería y la agricultura si los niños no aprenden tempranamente del contacto con la tierra y los animales? ¿Los van a traer después de los 18 años a que aprendan el trabajo rural y el cariño por la tierra? Antes no podrán venir porque hasta esa edad no pueden ni andar a caballo.

    ¿Se prefiere que los jóvenes hijos de los empleados rurales vivan de la caridad del Estado en los pueblos, en lugar de transformarse en personas de bien en el campo? ¿Cómo se va a promover el valor de la familia si se fomenta la separación de la misma?

    Mirando hacia otras tiendas: ¿dónde están las agremiaciones rurales que se han hecho las distraídas con estos temas? ¿Será que también ellas han sido encandiladas por los fuegos de artificio generados constantemente por este gobierno que parece que no sabe para dónde va, pero tiene un rumbo muy claro en el socialismo unasureño?

    Quizá puedan pensar que esto lo escribe un terrateniente. Pues no, no tengo ni una hectárea de campo. Soy hijo orgulloso de una persona que era capataz de estancia, que me enseñó desde chico la importancia de la honradez y el trabajo y que la superación solo surge del estudio y el esfuerzo.

    Trabajo sí en empresas agropecuarias, en puestos de responsabilidad y tengo claro que los más afectados por estas medidas populistas y mal redactadas, que pueden parecer simpáticas, siempre van a ser los más desvalidos.

    No vivo en un establecimiento agropecuario, por lo que personalmente no me afectan estas medidas, pero sí lo hago en el noreste de Canelones donde muchos pequeños tamberos y granjeros tienen una casa aparte de la suya propia, que brindan a sus empleados con familia. La próxima medida de ellos seguramente será dejar esa casa deshabitada y ahorrarse problemas en el futuro. Cuando uno contrata un empleado nunca sabe qué tal será y mejor evitarse problemas.

    Ojalá estemos aún a tiempo y se reviertan tanto esta como otras medidas contenidas en el decreto. De lo contrario, solo nos espera menos gente en el campo, más delincuencia y cada vez más sustitución de personas por máquinas en el ámbito rural.

    Rafael Sosa

    CI 3.784.768-7

    Tala (Canelones)