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    domingo 23 de junio de 2024

    El último caudillo

    Sr. Director:

    La antesala acaba de incorporar un sillón nuevo. De esos que se notan porque desentonan con el entorno desgastado, pero de buena calidad. Apenas entré lo noté, como cualquiera acostumbrado al paisaje lo habría hecho.

    Sé que no fue cambiado porque él lo pidiera para sí. Si por él fuera, seguiríamos utilizando el viejo, que todavía “estaba bueno”. Así lo hace con todo en su vida, y hasta le cuesta un rezongo de su mujer al ver en una inauguración algún cuello de camisa gastado a la que le tiene demasiado aprecio o zapatos que van más con las labores del tambo que con la intendencia.

    Austero, de rostro adusto y porte erguido, irrumpe en el quinto piso desde su ascensor con el porte de un gran hombre. Nada desentona con él, a excepción del nuevo sillón, con el que todavía no se siente cómodo, como con ningún lujo, y no perderá oportunidad de señalarlo.

    Se aproxima serio, se va ablandando mientras hace algún comentario del día y sobre el final esboza lenta y progresivamente una amplia y sincera sonrisa al saludar, mientras extiende su mano floja e inclinada hacia abajo, como se hace habitualmente en campaña.

    Su impronta es muy atípica. Entre campechano y regio. Con tono amable, pero aire de patrón. Y lo refleja al vestir, al pararse y al caminar. Lo queremos y lo respetamos. Se lo ha ganado con su laburo.

    Koki, para los que lo conocemos desde hace algún tiempo, es así de simple y complejo a la vez. No lo he escuchado jamás dar una opinión que al menos no resulte controversial. Tampoco lo he visto recular con una buena idea para alguna buena causa contra la opinión de decenas de asesores que encuentran una traba estatal, que será su desvelo resolver. Quizás sea la impronta necesaria de todo buen gobernante. No lo sé. Lo que sí sé es que lleva adelante su gobierno con maestría. En los aciertos y en los errores. Que los tiene, como cualquiera de nosotros.

    También me consta que lleva el barco un buen capitán, más por canoso que por marino, más por despierto que por atinado. Que no le tiembla el pulso y que no tiene pelos en la lengua.

    Algunos lo seguimos por confianza, por los años que compartimos de otros ámbitos no políticos. Porque nos une a esta altura un sinnúmero de cruces de la vida. Pero la mayoría lo sigue por su impronta de caudillo. Y aunque todos saben que es el último en Maldonado y que la biología es finita, lo siguen ciegamente. Porque siempre los cuidó. Siempre.

    El jefe, el Koki, es nombrado por cada uno de nosotros en infinidad de oportunidades por el simple hecho que no deja nada librado al azar. No importa la confianza que te tenga. Jamás te perderá la marca. Él es así. También es cierto que en cuanto a la escala del problema tanto acepta cazar osos como descular hormigas. No importa su tamaño, no pierde el desvelo por resolverlo. Dirige con el mismo afán una reunión presupuestal como marca con el pie donde va cada planta de un nuevo cruce peatonal. Y no siente que pierda el tiempo. Porque Maldonado para él es un hijo. Uno más.

    Recuerdo con detalle el final de una recorrida de obras de hace un par de años ya. Parados en su camioneta, ya entrada una noche fría y con garúa, frente a la intendencia. La conversación giró en torno a su posible sucesor y los temas llegaban hasta su propia manera de haber llegado a serlo allá por el año 2000. Había dos cosas claras. Tenía que surgir del cerno del equipo y sería deseable que permitiera al próximo gobierno funcionar como una transición hasta que el proyecto general que él había esbozado se plasmara. Me dijo: “Antes que te vayas… decime… ¿Quién te parece?

    Sabía que el sondeo había recorrido a varios del equipo cercano y que entre otros se había mencionado a Abella. Corría con ventaja, así que le contesté en parte lo que creo ansiaba escuchar: “Con el Pelado vas a exponer a tu mejor soldado. El riesgo es ganar un mal general”.

    Miró el piso e hizo una pausa que pareció interminable. Cuando se incorporó me dijo: “Lo pensé mucho, varios lo nombraron… Está preparado”. Supe entonces que era un candidato de consenso.

    Si para los creyentes la Biblia describe la vida eterna y para los no creyentes la interpretación es la descendencia, entonces para un viejo jefe político que desayuna y cena política el legado en un candidato lo es por igual.

    Hoy estoy convencido de que el Pelado Abella será electo candidato a intendente por la convención departamental. Se lo merece, es el único capaz de unir a todo el equipo y terminar este lindo proyecto que posiciona a Maldonado de cara a los próximos 20 años. Nadie puede gobernar solo y él sabe ser un buen cinco. Además, lo apuntala un gran padrino, que se ocupó de escucharnos a todos y, haciendo lo correcto, se mantendrá ecuánime por respeto a los otros candidatos. Al menos hasta la interna.

    ¿Llegará Abella a ser el próximo intendente? Ese sillón dice más de lo que parece. Sé que Koki esbozará su sonrisa más amplia cuando esto suceda, y quizás hasta piante un lagrimón. Y lean claramente: no puse “si” esto sucede.

    Lo va a extrañar mucho el quinto piso cuando, finalizado este mandato, lo tenga que dejar ir. Lo va a extrañar el partido y también la oposición. Se extrañan los buenos, aunque sea porque te hayan dado una paliza.

    Dejará atrás un sillón nuevo; lo cierto es que se irá… al menos por un rato el último caudillo.

    Arq. Mauricio Tejera

    Cartas al director
    2024-05-22T22:12:24