Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿No será hora de cambiar algo?
El agua siempre ha sido y lo será hasta el fin de los tiempos, un elemento indispensable para la vida del hombre.
Por esa razón cada día se tiene más conciencia de que su uso racional es también imprescindible para que todos tengamos acceso a la misma con unos costos de potabilización y distribución lo más bajos posibles.
En nuestro país OSE se propone hacer ambas cosas y lo hace bien si lo comparamos con otros países aunque, reconozcámoslo, todo es perfectible.
El ahorro en el uso del agua es el punto fundamental, obviamente, para evitar que en los días pico de consumo el agua sea insuficiente para algunos.
Se han hecho y se siguen haciendo campañas para que la gente tome conciencia de que ahorre agua, lo que está bien, pero puede ser irrelevante si no se ataca el punto donde el consumo es mayor e innecesario.
Veamos una pequeña escena que se repite diariamente y muchas veces por día.
Una madre le enseña a su pequeño hijo de poco más de un año a hacer pichí en la pelela. El niño hace una pequeña micción de unos cincuenta mililitros y la madre la vierte en el inodoro y aprieta el botón de la cisterna. La cisterna descarga diez litros de agua en el inodoro. Casi siempre la madre enjuaga la pelela y tira el agua en el inodoro y vuelve a descargar la cisterna. Se gastaron veinte litros, en decir 20.000 mililitros de agua potable para llevarse 50 mililitros de orina.
Esta escena tiene múltiples variaciones. Alguien fuma un cigarrillo en el baño de su casa o en la oficina. La colilla la tira al inodoro y descarga la cisterna de diez litros de agua por una colilla. Podríamos agregar decenas de ejemplos como el uso de pañuelos de papel, para sonarse la nariz, para las señoras maquillarse o desmaquillarse y muchas otras situaciones en las que se tiran al inodoro pequeños desperdicios de todas clases.
Si nos atenemos al uso del inodoro para el cual fue inventado, tenemos que todas las personas lo usan muchas veces por día y muchas también varias por la noche para orinar unos pocos gramos de orina e invariablemente se descarga la cisterna cada vez que se usa. Por supuesto que un promedio de una vez por día y por persona se justifica. Es más, se recomienda que se descargue la cisterna con sus diez litros de agua para arrastrar las heces.
Las personas no vinculadas a OSE no tenemos acceso a ninguna estadística que nos informe qué cantidad de cisternas hay instaladas, pero hagamos algunos números que los calificamos de conservadores.
En Montevideo y su área metropolitana creemos que hay más de un millón de cisternas. Tengamos en cuenta las casas unifamiliares que tienen un solo baño, la gran cantidad que tiene dos o más baños. Las oficinas públicas y las privadas, los hoteles, los restaurantes, los hospitales y sanatorios y miles de comercios y fábricas que tienen uno, dos o decenas de baños, todos ellos con cisterna.
Si en el área metropolitana hay dos millones de habitantes, y usan en promedio, ya sea en su casa o en su trabajo, diez descargas de cisterna por día, tenemos que se vierten a los inodoros veinte millones de descargas que a diez litros cada una hacen 200.000 metros cúbicos de agua potable que se tiran cada día a la red de saneamiento o a las cámaras sépticas.
Tengamos en cuenta que este gasto de agua no tiene nada que ver con la estación del año. Cualquier día del año se gasta lo mismo en la descarga de las cisternas.
Si consideramos que una de las diez descargas de cisterna diarias es imprescindible que sea completa, es decir diez litros, también podemos considerar que las otras nueve pueden ser solamente de uno, dos o tres litros, lo que puede estar en una cifra conservadora, pudiéndose concluir que estamos desperdiciando alrededor de un setenta por ciento de agua potable en las cisternas.
Es decir que de los 200.000 metros cúbicos de agua potable que se usan en las cisternas diariamente, 140.000 de ellos se tiran inconcientemente al Río de la Plata. No lo sabemos con precisión pero esta cifra debe estar muy cerca de la cantidad de agua que transporta una línea de bombeo completa.
Ahora entremos al punto más importante de este asunto que es cómo lograr este ahorro de setenta por ciento del agua que se descarga de las cisternas a los inodoros.
Actualmente, cualquiera sea el tiempo que se mantenga apretado el botón o palanca de la cisterna, ésta descargará los diez litros completos de su capacidad.
No explicaremos cuál es el mecanismo interno de una cisterna. Lo que debemos explicar es cómo hacer para que la cisterna sea obediente y descargue solamente agua durante el tiempo que esté el botón apretado. Dicho de otra manera, que el tiempo que el botón está apretado y el tiempo de descarga sea el mismo.
Hay varias maneras de hacerlo, diríamos que hay muchas. Y todas sin costo de materiales, con solo la inversión de unos minutos de mano de obra.
1- Alargar la varilla superior aproximadamente algo más de un centímetro. Esto hace que la pera flotadora suba un centímetro menos y no flote, es decir que caiga y cierre la descarga cuando se suelta el botón. Solo caerán uno, dos o más litros según el tiempo que se mantenga apretado el botón.
2- Igual efecto que en el párrafo anterior se producirá si adicionamos un peso adecuado sobre la pera, como por ejemplo una arandela de plomo hecha de un pedacito de caño de plomo.
3- Para las cisternas nuevas y para las peras de repuesto, bastará que las peras se fabriquen con un material más pesado, por ejemplo un grueso disco de bronce adosado a la válvula de goma inferior que sumado a cualquier peso que tenga la única varilla será suficiente para que la pera (que ya no será más “pera” sino válvula), caiga cuando se suelta el botón.
Podrá haber varias otras maneras de lograr el propósito de que el tiempo de descarga sea igual al que se tenga el botón apretado, con cualquier innovación que se le ocurra al fabricante de las cisternas o al laboratorio de OSE.
Pasemos a cómo se materializan estos cambios, haciendo una pequeña reflexión.
La UTE tiene un libro completo con las reglamentaciones que deben cumplir los electricistas y los materiales que se instalan en cualquier instalación eléctrica que se haga en el país. Su laboratorio aprueba o desaprueba todos los materiales que se fabriquen o se importen para ser instalados en su red.
OSE puede hacer exactamente lo mismo. De hecho creemos que alguna ya existe. Pero veamos cómo se llega a implementar el uso de nuestra “cisterna obediente” en un lapso relativamente corto.
A - OSE, por una reglamentación, obligaría a los fabricantes nacionales de cisternas y a los importadores a entregar las cisternas “obedientes” desde una determinada fecha en adelante. También obligaría a entregar los repuestos para lograr el fin perseguido; es decir, las peras con el peso suficiente como para que no floten o las válvulas de bronce y goma descritas más arriba. O cualquier otro dispositivo que cumpla con el propósito buscado.
B - A las casas vendedoras de artículos sanitarios así como a las barracas y a las grandes o pequeñas ferreterías se les daría un plazo para adaptar sus cisternas y cambiar los repuestos. El costo sería mínimo ya que nadie tiene grandes existencias de estas mercaderías. También OSE podría hacer un convenio con ellas a muy bajo costo.
C - A las grandes empresas de servicios sanitarios que tienen la atención de la mayoría de los edificios de varios pisos y hacen el servicio mensual de los mismos, se les daría un plazo razonable para hacer el cambio de las actuales peras por las válvulas nuevas o cualquier otro artilugio que convierta las cisternas en “obedientes”.
D - Casi no es necesario mencionar que OSE obligaría a todos los organismos públicos de toda índole a efectuar el cambio correspondiente a sus cisternas. El Estado es uno solo y el bien común es para todos.
E - Quedarían aún cisternas en las casas unifamiliares por modificar, pero OSE tendría varios caminos para conseguir cambiarlas. Uno sería dar un pequeño estímulo en la facturación a todos aquellos que hagan la conversión. Otro sería hacer un convenio con UTU y bajo la supervisión de los profesores de sanitaria, los alumnos harían el cambio por un estímulo razonable.
F - A los instaladores sanitarios unipersonales se les sugeriría hacer los cambios en cualquier llamado por otras reparaciones. De todas maneras cuando tuvieran que cambiar la pera actual no encontrarían repuesto sino el de la cisterna obediente. De todas formas en un plazo de dos a cuatro años, estimamos que más del noventa y cinco por ciento de las cisternas serían capaces de ahorrar el agua potable que se estima más arriba.
Conocida la intención de esta carta, se pueden agregar y modificar ideas distintas a las expuestas más arriba, tanto para la modificación de las cisternas actuales como para generalizar su uso.
Principio quieren las cosas. Si comenzamos este año a ahorrar agua seriamente, no tendremos necesidad de inaugurar otra línea de bombeo quizás hasta después del año 2020.
Alfonso Soler Roca
CI 502.460-9