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    El viejo que enseñó a dibujar

    Katsushika Hokusai en Museo de Historia del Arte (Muhar)

    La exposición está en la planta baja, en una habitación pequeña y reservada frente a los ventanales de la calle Ejido. Al entrar hay dos maniquíes de tamaño humano, vestidos al estilo samurai. En uno, la ropa que se usaba bajo la armadura, un trabajo textil de principios del siglo XIX de innegable valor, tiene algunos retoques de cuero para cubrir partes expuestas del guerrero y una malla casi invisible colocada por expertos para resguardarla. En el otro, la parte externa de la armadura, cargada de historias y leyendas. Es el detalle de color y un punto de interés para la pequeña sala poblada de visitantes. Una curiosa escena en pleno verano montevideano, una muestra que habla de dibujos y grabados orientales y de una época en la que los guerreros se mezclaban con los ávidos lectores de historias heroicas y amorosas. Al lado de la exquisita ropa, un par de dibujos impresos llaman la atención. Un señor viejito pero en clara actitud vital parece presidir el lugar. Es un autorretrato de Takitaro, más conocido como Katsushika Hokusai (Japón 1760-1849) a los 83 años, casi flotando, con la mano derecha levantada, una sonrisa y algunos pájaros que vuelan a su alrededor.

    La muestra de Hokusai permite repasar su legado y algunos de los magníficos trabajos que curiosamente reposan en las vitrinas del Museo de Historia del Arte (Muhar) de la Intendencia de Montevideo. El motivo central lo constituyen diecinueve libros impresos en vida con dibujos del gran artista japonés, uno de los más influyentes de la era moderna. La obra expuesta es una novela traducida del chino titulada La historia de los tres reinos (versión japonesa de 1840 sobre clásico chino del siglo XIV), una de las tantas y populares ediciones de la época en la que se mezclan la caligrafía china con los magníficos dibujos del artista. Puede apreciarse el detalle de la escritura, el preciado papel fino y delicado, las tapas cosidas y hasta el tamaño pequeño y de poco grosor para que lo llevara el vendedor de libros, personaje de una cultura de ávidos lectores.

    El otro dibujo que se incluye en una reproducción en la parte informativa, es precisamente el de esa figura popular, con su carga de libros a cuestas en una curiosa biblioteca ambulante que permitía la venta casa por casa. Una época y geografías poco conocidas para nuestra escasísima cultura oriental, pero de gran influencia en infinidad de artistas, desde los impresionistas hasta nuestros días. En la novela y otros trabajos expuestos destacan todo el arte de Hokusai, uno de los maestros del dibujo y el arte orientales.

    Uno de sus dibujos más famosos y más reproducido en el mundo es una ola (La ola en Kanagawa). Simplemente una ola. Repetida en innumerables versiones, en diferentes dibujos e impresiones, como en un movimiento continuo del mar. Es una ola engañosa. Parece dibujada al mínimo detalle, o más bien cargada de detalles. Elevada sobre la superficie, ofrece una cresta encorvada a punto de estallar, acechante, en el punto máximo de su altura. Parece un dibujo tan complejo que si uno no lo mira detenidamente y lo desanda, no podrá apreciar la simpleza, el rigor y la sencillez de recursos. En su versión más famosa se ven dos canoas en la base, enfrentadas al majestuoso e imponente abrazo del agua, elevada y envolvente. Los hombres luchan por superar su fuerza y evitar la caída. Es una impresionante y original estampa de la eterna escena marina pero desde una visión conmovedora. Las embarcaciones se ven apenas dibujadas en breves trazos que continúan el vaivén de las olas pequeñas y de ese regazo a punto de abrirse en un misterioso abismo.

    Esta ola fascinó a pintores como Vincent van Gogh. Lo cierto es que su lápiz dejó una huella profunda en Occidente tanto como en su propio país. Es famosísima e hizo muy conocido a su autor, que en realidad quería ofrecer un profundo y extenso tributo al Monte Fuji, el legendario volcán que inspiró innumerables expresiones culturales japonesas. En sus estampas, que tienen mucho de las consabidas postales japonesas de paisajes, puede verse el Fuji en diferentes épocas del año, a distintas distancias y en múltiples perspectivas. En blanco y negro o en color (en la ola se impone el azul), en la técnica xilográfica tradicional, impresas en bloques de madera. Forman parte de la serie de grabados titulada Treinta y seis vistas del Monte Fuji (1826-33) y de Cien vistas del Monte Fuji (1834). Bien japonés, el artista es un prodigio de líneas capaces de construir un mundo basado en su elevadísimo sentido de la belleza. La ola, en realidad, es un pretexto. O el monte, quién sabe. Porque todo parece en su obra un pretexto para dibujar y desde la ínfima y delicada línea construir un mundo maravilloso, mágico, por momentos increíblemente complejo.

    La obra de Hokusai parece construida con la contención de un especialista en artes marciales, con la misma fineza de movimientos, lentos y suaves pero capaces de lanzar golpes tremendamente certeros. Vivió en la ciudad de Tokio, entonces Edo, donde integró la escuela de Ukiyo-e (pintura del mundo flotante), estilo muy popular de tremendo dinamismo y despliegue visual. Allí fue centro de un impresionante despliegue de imágenes que ilustraban textos, una práctica muy extendida en la época. Murió a los 89 años, entregado a la enseñanza de su arte y luego de dibujar durante años para su serie de libros titulada Manga (bosquejos o esbozos al azar), término que no tiene nada que ver con el aplicado a la producción de historietas del siglo XX. En 1814 publicó el primer volumen de una larga producción que abarcó 15 tomos, el último publicado en 1878, luego de su muerte.

    A lo largo de su vida ilustró libros de todo tipo, desde las mencionadas novelas hasta folletos humorísticos, poemas —históricos y ficcionados— y obras de fuerte contenido erótico. Desde una estética popular impuso un estilo personal de indudable jerarquía. Y dejó una obra inusual que vale la pena visitar.

    Hokusai y el Manga. La historia de los tres reinos. En el Muhar (Ejido 1326 esq. 18 de Julio). De martes a domingos de 13.30 a 19 h. Hasta el 12 de marzo.

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