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‘Lenguajes en tránsito: una obra abierta’, muestra de Angelina de la Quintana en el Museo Blanes
La artista uruguaya tiene 90 años y vive desde 1978 en Viena; se formó en San José con Dumas Oroño y en Montevideo en el Taller Torres García; considera que su arte está siempre “en permanente cambio”
Angelina de la Quintana en su muestra Lenguajes en tránsito: una obra abierta.
Hay bodegones, bares y parroquianos; hay inmigrantes de boina o con niños en los brazos que suben o bajan de los barcos; hay paisajes portuarios y pastizales soleados; hay figuras geométricas, abstracciones o minimalismo, y unos horizontes hermosos que atraviesan siempre distintos cielos. Las obras de Angelina de la Quintana (Montevideo, 1935) llevan consigo la idea de travesía, de partida y de llegada, también de variedad de estilos, de paletas y de técnicas. La muestra Lenguajes en tránsito: una obra abierta, que se inauguró el martes 10 en el Museo Blanes con curaduría de Cristina Bausero, acompaña la diversidad de su producción artística.
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De la Quintana tuvo una vida también en movimiento. En 1973 emigró con su marido y sus cuatro hijos hacia Alemania, después vivieron en Barcelona y finalmente se radicaron en Austria, donde aún vive la artista. Pero su viaje comenzó cuando a su padre, que era militar, lo trasladaron de Montevideo a Paysandú, después a Flores y por último a San José, donde la familia se asentó por más años. Allí De la Quintana tuvo su primera formación.
“En mis inicios en San José fue muy importante el taller infantil de Dumas Oroño y también el de pintura en el Museo Departamental. Oroño promovió un movimiento en el interior con salones y participé en varios de ellos. Cuando vine a Montevideo, Dumas me hizo entrar al Taller Torres García (TTG)”, comentó la artista en conversación con Búsqueda, mientras se estaba montando su exposición que permanecerá hasta fines de abril.
En el TTG, fue discípula de Augusto y Horacio Torres, de Francisco Matto, de José Gurvich, de Julio Alpuy, de Guillermo Fernández. De aquellos orígenes y de las obras de mujeres artistas que pasaron por el TTG dio cuenta Ellas. Mujeres de la Escuela del Sur, que se exhibió también en el Blanes en 2024. Allí se destacaron las cerámicas de De la Quintana, producto de su aprendizaje con Josep Collell. “Cuando nació mi primera hija, no pude seguir con las cerámicas. Se me secaban”, dice al recordar su inicio como madre.
Estudió también en la Facultad de Arquitectura, pero no pudo terminar la carrera. “Los talleres de Arquitectura eran muy productivos. ¿Sabés cuál fue la producción más grande? Conocí a mi marido”, dice la artista y se ríe. Entonces dio un concurso de oposición libre para dar clases en Secundaria. Continuó pintando, pero con algunos paréntesis.
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Angelina de la Quintana en el montaje de su exposición Lenguajes en tránsito: una obra abierta en el Museo Blanes.
Javier Calvelo/adhocFOTOS
En 1973, la familia se fue hacia Alemania. “Nos fuimos porque mi esposo como arquitecto estaba perdiendo clientes que se retiraban por la situación económica. Ya teníamos cuatro hijos, el más chico de cuatro años. Mi esposo había llegado a Uruguay de Austria, de familia judía, y no quiso vivir bajo un régimen militar”.
Cuando pudieron, se fueron a Barcelona, donde había muchos uruguayos y pintores del TTG. Allí, en la Galería Gaudí, De la Quintana tuvo su primera exposición individual. A continuación, llegó el viaje a Austria.
Una obra ecléctica
“A lo largo de su vida, la artista ha transitado registros constructivos, abstractos, figurativos y simbólicos que aparecen, desaparecen y regresan sin ajustarse a una progresión ni a un desarrollo por etapas. Esta condición hace que su producción no esté ordenada cronológicamente. Las obras no responden a un relato de avance ni a una secuencia evolutiva, sino a un ir y venir constante entre formas, temas y modos de decir. Este eclecticismo, entendido en su sentido más pleno y positivo, no es dispersión ni acumulación de lenguajes. Es una condición constitutiva de la obra y de la artista”, escribió Bausero para el catálogo de la exposición.
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Cristina Bausero, curadora de la muestra Lenguajes en tránsito: una obra abierta, con la artista Angelina de la Quintana.
Javier Calvelo/adhocFOTOS
“El TTG estuvo siempre, incluso en mi enseñanza en los talleres que di por más de 40 años. Cuando estás enseñando no es sobre lo que estás pintando, enseñás los métodos y caminos que hiciste que te llevan a algo. Enseñás a los alumnos a hacer caminos”.
En Barcelona se encontró con otras influencias. La artista de Islas Canarias Fina Miralles la impactó por sus trabajos en arpillera rojos y negros. “Me cambió la paleta. Cuando estuve en Mallorca, por trabajos de mi marido, trabajaba al aire libre, con una luz increíble, y ahí cambió el color”. También recordó un cuadro que su padre le pidió que pintara cuando tenía 15 años: el Éxodo del pueblo oriental.
“Hice el cuadro en tonos de gris y tenía que ponerle fuego. Entonces usé el rojo. En esa época fue a dar conferencias José Bergamín y a través de mi hermana vino a nuestra casa y le mostré mis cuadros. Él me contó que cuando Picasso pintó el Guernica quería agregarle una lágrima roja, pero que no pegaba con los grises de su cuadro. No me lo dijo directamente, pero me estaba haciendo la crítica a mi cuadro. Ese rojo no pegaba”, cuenta y se ríe.
Ella califica su propio arte como “en permanente cambio” y está contenta de haber encontrado en Bausero a una curadora que pudo captar esa esencia. En 2020 vino de visita por unos meses y se tuvo que quedar por un año y medio encerrada por la pandemia. Allí surgieron sus cuadros minimalistas que ahora se están exhibiendo. “Retomé lo que había estado haciendo últimamente. También, obras a partir de fotografías que tenía guardadas”.
Ver a través de otros artistas
Uno de los artistas vieneses que le han gustado mucho es Eduard Angeli, cuya obra tiene influencia de los impresionistas y está relacionada con el artista catalán Albert Ràfols-Casamada. “Casamada toma algo de Torres García. Por ahí hay como un río profundo que me llega de todos ellos”.
Pero la artista dice que el arte en Viena va por otra línea, por el “accionismo”. “Uno de los accionistas vieneses es Hermann Nitsch, que trabaja con ritos antiguos. Fui a una de sus representaciones en un castillo. Había un olor a matadero impresionante porque él toma una res, la parte y saca las vísceras y les echa la sangre encima a jóvenes vestidos de blanco. Son terribles performances. Se puede explicar cómo llegan a eso, pero es difícil con mi formación y con la tradición de la pintura sentir ese arte. De cualquier manera preparé a dos jóvenes que pudieron entrar a la Academia de Bellas Artes de Viena. Los preparé con lo que aprendí acá con Dumas y con el TTG. La base funcionó”.
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Retratos de Dumas Oroño (izquierda) y de Horacio Torres (derecha) de Angelina de la Quintana.
Javier Calvelo/adhocFOTOS
Otra influencia que tuvo en Barcelona fue la del artista Juan Gris, y sus obras la llevaron a pintar azoteas. “Cuando vine a Montevideo y vi las azoteas desde la ventana de mi apartamento, pinté unos cuadros que me gustaron mucho. Los artistas te llevan a descubrir. También vi los inviernos, los grises, los árboles pelados en los bosques de Viena con los ojos de Eva Olivetti”.
En Lenguajes en tránsito: una obra abierta hay dos retratos que la tienen como modelo: uno lo pintó Dumas Oroño y el otro, Horacio Torres. La retrataron muy joven, con los ojos bien abiertos, tal vez mirando más allá del horizonte.