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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMe acuerdo de Retamar, un maestro de maestros, el primer capataz de Dieste y un duro gaucho de la tierra de Artigas, mordiendo las ve cortas con su acento de frontera.
—Mire dónde estaba antes y donde está ahora, me decía. ¡No se ven las pérdidas!
Tenía razón.
Yo no trabajé para ganar nada, trabajé para jorobar, para entretenerme y disfrutar; y mirá vos, no está escrito lo que gané al final. Gané un montón de amigos y amigas, criollazos de ley, ¡y hasta me pagan por eso!
Dieste.
Y hablando de Maestros con mayúscula, el gran Eladio Dieste.
Fue el primer candidato del Frente a la Intendencia de Artigas. Cuando sacrificaron a Juan Pablo Terra desde adentro, cuando al volver la democracia quiso trancar afuera a los grupos amados, muchos se olvidaron para siempre también del político Dieste fundador del Frente Amplio. Como era su costumbre, rompía los esquemas.
Dieste se formó en arquitectura en la Dirección de Arquitectura, por su maestro Serralta, un fantástico y humilde arquitecto uruguayo que, en París, para Le Corbousier, armó el Modulor, un sistema de diseño donde todas las relaciones de medidas que debe seguir una obra siguen como perfectas las relaciones de las medidas del cuerpo humano, tal como Leonardo.
El Corbu se fue al Parnaso de los arquitectos, mientras Serralta, a la uruguaya se quedaba para atrás, tomando mate.
Yo lo vi, muchos arquitectos no querían ver a Dieste ni de lejos, porque para calcularles la estructura ¡les corregía los proyectos!
Con cara seria, se tomaba el trabajo de explicarles que por la antifunicular de las cargas o por la estabilidad elástica del modelo determinístico, los miraba por encima de los lentes sin montura y les iba borrando de a una las macanas.
Por eso para muchos, decía Arana, es el mejor arquitecto uruguayo. Para mí también, y para el Museo de Arte Moderno de Los Ángeles, que lo puso entre los grandes arquitectos del siglo XX.
No me quemen, es un secreto, pero cuídense de los ingenieros, cuando pasen los tiempos del coronavirus.
Ejemplo de ingenieros sueltos sin fronteras, Julio César y las legiones romanas.
Cuando los godos lo toreaban desde el otro lado del Rin, tirándole flechas, piedras y haciendo morisquetas, el Julio hizo un puente de quinientos metros en diez días, una hazaña hasta hoy, y cuando no podían creer y lo miraban todos boquiabiertos con las mandíbulas por el suelo. ¿Cómo hizo?, cruzó el río y les dio para tabaco.
Ingeniero José M. Zorrilla