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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Peronistas somos todos”. Este próximo domingo, del otro lado del Río de la Plata hay elecciones. Los argentinos elegirán el presidente que reemplazará en el cargo a Cristina Fernández de Kirchner.
De los últimos 25 años el peronismo gobernó casi 23. En sus distintas metamorfosis este movimiento populista tuvo a Menem desde 1989 a 1999. Luego del breve interregno de De la Rúa que gobernó sólo dos años, lo siguieron los peronistas Ramón Puerta (dos días), Rodríguez Saa (siete días), Eduardo Caamaño (otros dos días), Eduardo Duhalde (un año y cuatro meses), para, por fin, el matrimonio presidencial con Néstor Kirchner cuatro años y Cristina, su esposa, otros ocho años.
Todos peronistas: privatistas, estatistas, autoproclamados de izquierda o de derecha y viceversa. En Youtube pululan los videos de la entonces joven senadora nacional Cristina Kirchner en los ‘90 alabando a viva voz al ministro de Economía de Menem y padre de la convertibilidad, Domingo Cavallo, quien a la postre sería denostado por la misma mujer ya con más años pero ahora desde la primera magistratura. En las crónicas periodísticas de la era menemista se ve al también joven matrimonio Kirchner apoyando con entusiasmo inusitado la privatización de YPF. Eran los tiempos en que Néstor gobernaba la lejana provincia de Santa Cruz y calificaba al propio Menem como “el mejor presidente de la historia después del general Perón”, para, una década después, promover ya desde la Presidencia del país la estatización de YPF profiriendo insultos contra aquellos que propiciaron la privatización.
De izquierda o de derecha; estatistas o privatistas. Si hay un hilo conductor en esos 22 años de gobierno peronista es el fenómeno de la corrupción, que atraviesa como una espada a todo este largo período. Corrupción que tiene como correlato ineludible del abuso del poder y de los dineros públicos, la necesaria impunidad para evitar el castigo. Y allí es en donde se encuentra otro hilo conductor: el atropello a la división de poderes y la intromisión del Ejecutivo en las labores del Poder Judicial que, lejos de ser independiente, se vio cooptado con fuerza por el primero, reconociendo que la intromisión menemista en la justicia fue una estudiantina al lado de lo actuado en ese sentido por el kirchnerismo.
Ahora bien: hay seis candidatos a presidente este domingo de los cuales tres, dicen las encuestas, tienen chances de llegar a la Presidencia. El candidato oficialista por el Frente para la Victoria, el movimiento de CFK, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, es el que más cerca se encuentra del triunfo. Recordemos que en Argentina existe un balotaje atenuado producto del pacto Alfonsín/Menem: si el ganador saca más del 45% de los votos se consagra presidente; pero si no llega a ese porcentaje y obtiene el 40% puede igual consagrarse si le saca al segundo más de 10 puntos de ventaja. Y Scioli “está ahí”: en las internas abiertas (las llamadas PASO) obtuvo el 38,5% de los sufragios.
Vamos a la oposición. Pero con una pregunta inicial a la que daremos respuesta al final: ¿es esta la oposición?
El segundo con chances es el ingeniero Mauricio Macri, actual jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires quien con su partido PRO tejió alianzas con la ya casi testimonial UCR (Unión Cívica Radical) y con el sector liderado por la diputada “Lilita” Carrió. Macri aspira a llegar al segundo lugar para forzar el balotaje en noviembre para lo cual debe procurar, sabiendo que no llegará seguramente al primer lugar, obtener la cantidad de sufragios que hagan a la diferencia con Scioli menor a 10 puntos y rezando al dios de su creencia que el peronista no llegue al 45%.
El tercero en discordia y considerado el segundo opositor con chances es el novel abogado y ex intendente de Tigre, Sergio Massa, un peronista que se sumó en diversos cargos al kirchnerismo del cual, durante el gobierno de Cristina Kirchner, fue nada más y nada menos que Jefe de Gabinete de Ministros. Su campaña política tomó impulso en el último tiempo, pese a que muchos de los dirigentes que han adherido a él provenientes del peronismo kirchnerista volvieron al redil que comanda Cristina y que lleva de candidato a Scioli. Esta misma semana —y sólo para citar uno de cientos de ejemplos— el “massista” Francisco de Narváez, ex precandidato a gobernador de Sergio Massa, le expresó al periodista Marcelo Longobardi que votará por… ¡Scioli! Y el argumento es que lo hará porque Scioli “es peronista”. Y advirtamos que en su época de seguidor de Massa (hace cinco horas) se desgañitaba en los medios y gastaba sus yemas en Twitter denostando por inservible al mismo Scioli, gobernador de la provincia de Buenos Aires.
Para finalizar, respondamos a la pregunta de si esta es la oposición. Del PRO (guste o no ese partido, sus candidatos, etc.) nadie duda de que es un partido opositor. Ahora bien, el peronista Massa ha utilizado en el tramo final de la campaña un argumento electoral en su favor que me resulta realmente perverso. Se anuncia por los medios como el “único candidato que le puede ganar a Scioli en el balotaje”. ¿Por qué? Veamos. Muchos de los dirigentes que acompañan a Massa y que no se regresaron al kirchnerismo adhieren al discurso de su candidato —un discurso que los muestra como opositores rabiosos y furiosos al kirchnerismo—. Discurso que hasta amenaza a los kirchneristas de hacerlos meter presos. Y ha dicho el propio Massa en estos días que Scioli es garante de la impunidad de la corrupción de los Kirchner. Esos mismos dirigentes que adhieren a este discurso de barricada, han avisado sin ponerse colorados que si Sergio Massa no llega al balotaje no votarán por Macri sino que lo harán por Scioli… ¡porque es peronista! Lo dijo, por ejemplo, el jefe de la bancada de diputados nacionales que responden a Massa, el diputado Robertti. Y como muestra es solo un botón. Así, el discurso del “massismo” parece decir: “voten por Sergio Massa como opositor a la corrupción del kirchnerismo y si no lo hacen sepan que nosotros en el balotaje vamos a votar por Scioli que representa la corrupción del kirchnerismo”.
Como conclusión me queda pensar que nuevamente la elección de un presidente argentino en medio de una crisis fenomenal que puso al país en la autopista que viaja a Venezuela, se ve atravesada por los intereses del peronismo y sus metamorfosis. Massa peronista termina siendo funcional a los intereses de Scioli/CFK peronistas, ya que le roba votos opositores a Macri mellando sus chances de llegar al balotaje y amenazando a los que están cansados de 22 años de peronismo explícito de que si no lo votan, en el balotaje, ellos, peronistas opositores, votarán por el candidato peronista oficialista.
Cuando en 1972 el viejo general regresó a Argentina dio una conferencia de prensa. Preguntado por los partidos que participarían en la próxima elección luego del interregno militar, Perón nombró a radicales, socialistas, desarrollistas, etc. Y cuando un periodista le advirtió que no había nombrado al peronismo, el viejo, con la picardía que lo caracterizaba, respondió que lo que pasaba es que “en Argentina, peronistas somos todos”.
Y, quizás, tenía razón. Sólo que no se dieron cuenta.
Raúl Geller