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    Entre Guantánamo y Punta de Rieles

    Unos 30 presos están reunidos en la Dirección de la cárcel de Punta de Rieles. Hay una estufa encendida, una cafetera llena y media docena de operadores, vestidos con buzos polares celestes, y algunos policías, de azul, pero sin armas. También está el director, Luis Parodi, un ex tupamaro que está al frente de un proyecto que busca la rehabilitación por medio del emprendedurismo y la educación.

    Por fuera, la cárcel tiene guardia militar y policial y hay tres calabozos, pero adentro los reclusos se mueven con libertad. Hay un sistema de sanciones y el recluso puede ser devuelto a otros penales, pero antes reciben posibilidades de trabajar en la forma que mejor les sirva.

    Aunque algunos internos salen a la universidad, la educación formal en esa cárcel, sin embargo, no tiene un lugar de privilegio, entre otras cosas porque la mayoría quiere ganar dinero ya.

    En la reunión, a la que asistió  Búsqueda, se discutió cómo elegir nuevos administradores del fondo que financia a las empresas, con parte de los propios ingresos, y los problemas de funcionamiento de 50 emprendimientos, algunos muy exitosos y otros casi miserables, que tratan de sobrevivir en diversas actividades productivas y de servicios dentro del predio. Diez de ellas son las clásicas bloqueras, pero también hay dos peluquerías, una confitería, una fábrica de tambores, los clásicos tatuajes y una panadería industrial, entre otras.

    Parodi está convencido de que dando libertad de movimiento y de iniciativa a los penados se logran mejores resultados y eso se mide en un bajo número de peleas, fugas y reincidencia. La experiencia, que comenzó a gestionar el educador cubano Rolando Arbesún, lleva varios años y no para de crecer. A diferencia del Polo Industrial del Comcar —que recibe fuertes cuestionamientos de los presos por promover “trabajo esclavo”, ya que los que se integran solo reciben mejor comida y descuento de pena, pero la mayoría no cobra el peculio, como correspondería— las críticas del proyecto están centradas en las carencias organizativas y de infraestructura que tiene el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR).

    En Punta de Rieles, dos ex presos, ya liberados, tienen su propia marca de panes industriales y dan trabajo a más de 50 reclusos en turnos durante las 24 horas. 

    En el otro extremo está lo que los presos llaman Guantánamo (por la cárcel estadounidense en Cuba), en el módulo 12 de Comcar. Allí los presos están de uniforme naranja, engrillados y tienen visitas restringidas mediante mamparas.

    El padre de un ex recluso dijo a Búsqueda  que luego de experimentar las arbitrariedades del sistema penitenciario uruguayo, aunque la mayoría de los presos no están en los dos extremos, saber que ese “infierno” y “paraíso” existen y pueden ser enviados en cualquier momento, son funcionales al sistema carcelario. 

    Tanto este padre de un ex preso, como reclusos de Comcar aseguraron que no se aplican reglamentos sino discrecionalidad de cada jerarca y que las normas cambian a cada rato.