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Es necesario instalar un nuevo “orden mundial” más “equitativo”
Estados Unidos está en una “fase especial” de su política exterior, ojalá sea “algo temporal”, opina la embajadora de Canadá, Joanne Frappier, país que ayer miércoles quedó afuera del Consejo de Seguridad de la ONU
La embajadora Joanne Frappier sabía que sería una votación dividida, pero esperaba que Canadá lograra un lugar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU). Ayer miércoles, su país no obtuvo los apoyos suficientes y quedó en tercer lugar, detrás de Noruega e Irlanda, quienes ocuparán el máximo órgano de decisión de la ONU por los próximos dos años.
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El resultado supuso un revés al trabajo de años que desplegó la diplomacia canadiense para volver al Consejo. Y, de acuerdo con la embajadora Frappier, deja fuera del organismo al “único país” en competencia que defendía una “plataforma tan inclusiva”. Es que Canadá fundamentó su postulación en una mirada “holística” de la seguridad, según la cual “la seguridad no solo es física, sino también es seguridad económica, financiera, alimentaria”.
En diálogo con Búsqueda antes de la votación, Frappier dijo que su país pretendía ingresar al Consejo para cambiar su funcionamiento desde dentro. El Consejo está integrado por cinco miembros permanentes (Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido) y otros 10 que rotan cada dos años de manera escalonada. Los miembros estables tienen poder de veto, lo que siempre ha sido cuestionado por los otros integrantes de la ONU. “El consejo resulta poco efectivo cuando se discute algún problema vinculado a alguno de los cinco miembros permanentes, que no pueden ser todo lo ‘imparciales’ que deberían”, explicó la embajadora.
Pero el objetivo canadiense, según la diplomática, era más ambicioso: impulsar un nuevo “orden mundial” más justo.
“Debe surgir un nuevo orden donde la gente tenga su lugar, donde su aporte sea reconocido, su ganancia justa y transparente y equitativa”, dijo. “El único lugar” desde donde puede surgir ese nuevo orden, opinó la embajadora, es la ONU. “El trabajo de un político, en mi humilde opinión, es buscar el equilibrio, el punto medio, pero ahora pareciera que estamos yendo a los extremos. Eso es algo nuevo, es algo peligroso, pero, otra vez, solo puedo tener esperanza de que vamos a encontrar la forma de manejar esa situación dentro del sistema”.
“Entre la situación que tenemos ahora y el nuevo orden que debe emerger, ¿cuánto tiempo tiene que pasar? No lo sé, pero el bien siempre prevalece. El sentido común y las decisiones basadas en valores creo que prevalecerán.Soy una optimista por naturaleza”, dijo. “Conductas extremas, locas, conductas de ‘no me importa lo que pasa en otros países’ no creo que sean algo duradero, creo que será desafiante convivir con representantes que reivindican esos valores en la ONU, pero no me imagino viéndolos ahí por 20 o 30 años”.
Consultada acerca de si la mirada “inclusiva” de Canadá no está quedando fuera de moda, en particular porque gobiernos como el de Estados Unidos y Brasil plantean opiniones diferentes, insistió en que es optimista.
“Es una cuestión de supervivencia, al final del día. Creo que debes tener coraje cuando impulsas este tipo de agenda, porque Donlad Trump la va a descartar casi con desprecio, Jair Bolsonaro hará lo mismo. Los nuevos gobiernos de izquierda electos en Sudamérica no siguen la línea de Trump, Bolsonaro o China, pero están volviendo a una política proteccionista, protegiendo su mercado, su gente, sus dólares, protegiendo lo que sea, y por eso creo que este discurso está desapareciendo. Porque este tipo de discurso se apoya en la equidad, la transparencia, justicia, colaboración”, respondió.
“Movernos hacia la retórica de los gobiernos más extremos —no voy a mencionar a ninguno en particular, pero sabés a cuál me refiero— no ayuda, no va a solucionar los problemas reales de la desigualdad. Creo que mucho de los problemas que llegan al Consejo de Seguridad son provocados por la desigualdad y si no solucionas el problema de origen, es como poner maquillaje. La desigualdad es la que trae las guerras, es la que trae el descontento social”, añadió.
Frappier dijo que si bien la agenda que plantean puede sonar repetitiva, no deja de estar vigente. “Cuando hablamos de inclusividad económica, comercio progresista, implica no dejar a nadie atrás, que los beneficios de los recursos sean compartidos con aquellos que sufren el impacto de su explotación, con aquellos que quedan atrás. Lo mismo corre para las mujeres, para la juventud”.
“Eso es nuevo, es un nuevo concepto. Son palabras viejas, pero es un nuevo concepto”, dijo.
“Estas son cosas que se repiten mucho. ¿Por qué? Porque todavía no hemos alcanzado los resultados necesarios. Es como con los niños. Recuerdo que cuando mis hijos eran chicos, vivía corrigiéndoles su uso del francés porque recurrían a una versión perezosa del idioma o palabras no apropiadas. Hoy los veo como adultos y se expresan bien, sin necesidad de que los corrija. Hasta que lleguemos al momento en el que todos están incluidos en la prosperidad económica, o que todos entiendan que tenemos que actuar sobre el cambio climático, o que se deje de usar niños como soldados en las guerras, o se violen mujeres en tiempos de guerra, hasta que no eliminemos esos problemas vamos a tener que seguir repitiendo estas cosas. Aunque parezcan demodé, en un sentido las tenemos que repetir porque no las hemos superado”, concluyó.
La apuesta de Canadá, afirmó Frappier, es al “multilateralismo”. Pero el sistema construido después de la Segunda Guerra Mundial está cada vez más cuestionado, entre otros por el gobierno de Estados Unidos, uno de sus principales impulsores.
Acerca de la posición del presidente Trump sobre el multilateralismo, dijo que esperaba que fuera “algo temporal”. Y añadió más tarde: “Creo que ellos están pasando por una fase especial”.