• Cotizaciones
    martes 28 de julio de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Espacios virtuales

    Sr. Director:

    La realidad virtual está de moda. Zuckerberg acaba de anunciar que, para la transformación de Facebook en Meta, tiene miles de personas trabajando en lo que llama laboratorios de realidad virtual, o sea, usinas de ilusiones.

    Nuestra izquierda vernácula siempre ha sido una gran hincha de la virtualidad. Probablemente porque es parienta próxima de la voluntariedad, algo tan caro a la izquierda desde los tiempos de Juan Jacobo. De ahí salen los puertos de aguas profundas, las regasificadoras, los negocios con Venezuela y aquellas velitas del Sr. Mujica prendidas al socialismo. Que todos pagamos, como unos duques.

    Entre tantas realidades virtuales, hay dos que a la izquierda le encantan muy especialmente: una se llama “espacio fiscal” y la otra “espacio tributario”. Las dos son parte de una utopía, un mundo en el cual siempre se puede gastar más y siempre se puede cobrar más impuestos. De ambos nos volvieron a contar, recientemente, cuando la discusión parlamentaria sobre la Rendición de Cuentas. Las dos se basan en viejas y gruesas falacias.

    El “espacio fiscal” consiste en creer que más gasto equivale siempre a mejores resultados y más felicidad. Lo demostraron cuando atacaron la gestión gubernamental de la pandemia: tenía que ser mala porque se gastó mucho menos que en otros países. No deja de ser un fenómeno político-cultural curioso: el país en su conjunto gasta muchísimo más que en los años 50, cuando se supone que vivimos nuestra época de oro. En especial, tuvimos 15 años de gobierno frentista, donde tiraron plata a los cuatro vientos y resulta que terminamos con miles de pobres y marginados, bajas tasas de crecimiento y un alto nivel de disconformidad.

    Quizás parte de la explicación está en que la utopía se compone también de otros elementos: la creencia de que el gastador realmente sabe en qué se debe gastar y, además, que el gasto realmente llega a quien anuncian que lo recibirá. Como cuando dicen que se precisa más gasto “para la educación”: todos sabemos que la plata no va a la educación, sino a los funcionarios. Mucho aumentó el gasto “en educación” y poco resultado se ve.

    Con el “espacio tributario” pasan cosas parecidas. Aquí, la primera falacia es la de que los impuestos los termina pagando aquel que la ley dice es el sujeto pasivo. Falso: lo paga quien no puede trasladarlos, sea para adelante, pasándolos a precio, sea para atrás, reduciendo costos (entre los cuales está la mano de obra, detalle que le cuesta entender a muchos dirigentes sindicales).

    La segunda falacia, vinculada a la anterior, es que los impuestos se agotan en sí mismos. Nada de eso: todo impuesto genera efectos secundarios, usualmente distorsionando decisiones comerciales. Así, por ejemplo, gravar las rentas de las personas físicas tiende a deprimir la inversión.

    Por último, la realidad virtual tributaria, de aparición frecuente en la izquierda, incluye la utopía de que en el Uruguay hay grandes fortunas que, además, son de fácil desplume. Suele ser la solución mágica propuesta ante cualquier coyuntura difícil. Ya lo estamos escuchando, con relación al tema de la seguridad social: nada de adaptarse a la realidad ajustando edades de retiro o tasas de remplazo, todo se arregla gravando al gran capital (puede añadirse, “financiero” o “improductivo”). Ah, y sacándole la plata a las AFAP, obvio.

    No hay como los laboratorios caseros de realidad virtual. Nos han llevado a ser una sociedad con una carga tributaria del primer mundo, pero con bienes y servicios públicos bastante malos: en la realidad real.

    Ignacio De Posadas