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    Espectáculo de exportación

    Romeo y Julieta por el Ballet Nacional del Sodre

    Al salir de la sala Eduardo Fabini uno piensa cuántos viajeros de la región seguramente vendrán a ver este espectáculo a Montevideo, de la misma forma en que los uruguayos cruzamos el río y a veces los mares para disfrutar de espectáculos de gran calibre en el extranjero.

    Porque este es, entre otros logros, el más señalado que consiguió Julio Bocca con su trabajo sistemático y profesional: poner al Ballet Nacional del Sodre (BNS) y sus producciones en el distinguido ámbito de la danza internacional de prestigio.

    La función del domingo 13 a la que asistió Búsqueda mostró un teatro repleto y entusiasta que no escatimó aplausos y silbidos de aprobación a los bailarines y a la orquesta, por esos 150 minutos de disfrute absoluto que supieron brindarnos.

    La obra de Shakespeare fue adaptada para ballet por varios coreógrafos, quienes a su vez utilizaron otras tantas partituras de diversos compositores. La música más utilizada ha sido la del ruso Serguéi Prokófiev (1891-1953), estrenada mundialmente en 1938. Entre las numerosas coreografías hechas a lo largo de los años, la que se pudo apreciar aquí por el BNS es la del escocés Kenneth MacMillan (1929-1992), estrenada por el Royal Ballet en el Covent Garden de Londres el 9 de febrero de 1965, con Margot Fonteyn y Rudolf Nureyev en la pareja protagónica.

    Con los ingredientes referidos, la receta es imbatible. La base es la potente tragedia de amor de Shakespeare, que ha atravesado impertérrita siglos de existencia conmoviendo auditorios desde el teatro y el cine, desde el canto y la danza. Tan importante como esa base literaria y escénica es la música de Prokófiev, con un magistral uso del color orquestal, que sabe ser por momentos voluptuosa, solemne, humorística o desgarradora.

    Por último —y a la par en importancia—, la creación coreográfica de MacMillan, que asombra a cada instante por su capacidad plástica para relatar, con el cuerpo de un bailarín o con los desplazamientos colectivos del cuerpo de baile, las emociones de todo tipo que atraviesan la peripecia de estos dos enamorados y de sus familias antagónicas. Elegancia, desparpajo, violencia, sensualidad, desolación, humor, todo eso y más está presente en el trabajo creativo del escocés. La coreografía, ese arte no escrito que se transmite entre generaciones por tradición oral y visual, ha desembarcado esta vez en Montevideo acompañada por los maestros repositores británicos Patricia Ruanne y Gary Harris, encargados de velar por la fiel reproducción de los dictados de MacMillan. También son de origen británico los diseños de escenografía y de vestuario (Paul Andrews) y el diseño de iluminación (John Read), y los repositores en estos dos rubros Donna Raphael y Joanne Maund. Quienes produjeron a nivel local esos diseños originales fueron Osvaldo Reyno (escenografía) y Hugo Millán (vestuario), trabajo realizado íntegramente en los Talleres del Auditorio Nacional.

    De estos tres rubros, el vestuario y la iluminación se llevan las palmas. El primero, riquísimo y exacto, con despliegue en general de colores ocres, excepto en la decena de personajes principales donde la paleta se extiende a otras tonalidades. La iluminación, en todo tiempo funcional al vestuario y a la acción, tuvo su punto altísimo en la escena final de la cripta.

    La escenografía fue, en general, correcta, salvo en el cuarto de Julieta del acto tercero, donde la cama es un sommier de una vidriera cualquiera, cubierto por una sábana blanca con dibujos azules, muy improbable para la época. El hecho se agrava porque en el inmediato cambio de escena hacia la cripta de los Capuleto, el mismo sommier —ahora cubierto con una tela azul— sirve de descanso a la Julieta presuntamente muerta. Otra cama en el aposento y otro lecho de muerte en la cripta habrían mejorado la cosa.

    Martín García al frente de la Ossodre hizo una lectura afilada en ritmo, color y expresividad. Varios meses de ensayo tuvieron su fruto en este excelente rendimiento orquestal. En cada salida al foso después de los dos intervalos, el público reconoció ruidosamente el trabajo de García y de la orquesta.

    En los roles protagónicos, Gustavo Carvalho (Romeo) entró algo pesado en las escenas I y III. Despegó en el excelente cuadro del baile (IV), donde sufre el flechazo de Julieta. De allí en adelante hizo todo bien, pasando por la escena del balcón y culminando en las dos escenas cumbre con su amada: la del cuarto y la de la cripta de Julieta.

    María Noel Riccetto (Julieta) es una maravilla de gracia, de delicadeza y de intensidad. Sin moverse, solo con su pose, es capaz de traducir picardía y desencanto cuando finge ante sus padres estar enamorada de Paris. Sus desplazamientos parecen aéreos, sin contacto con el suelo. Quedarán imborrables en el recuerdo los dos pas de deux ejecutados con su partenaire Carvalho: el primero en el dormitorio de Julieta, después de una primera noche de amor; el segundo en la cripta de Julieta, cuando Romeo baila arrastrando el supuesto cadáver de su amada. Notables los dos bailarines compatriotas en la interpretación de esos momentos de máxima inspiración coreográfica. Hay que ver cómo danza y música se amalgaman en esas dos escenas para traducir por igual sentimientos tan dispares como la felicidad del amor y la desolación de la muerte.

    Romeo y Julieta estará en cartel hasta el 27 de diciembre. Las funciones serán de martes a sábados a la hora 20 y los domingos a las 17. No se lo pierda.

    Vida Cultural
    2015-12-17T00:00:00

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