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Durante toda la cena, Fortunato y su familia habían estado discutiendo uno de los temas excluyentes de los últimos tiempos: sí o no a la estatua del maestro Tabárez en la explanada municipal, glorificando en el mármol (o en el bronce, o en el acrílico con resinas y papel maché) la imperecedera imagen del indiscutido conductor de la Celeste en sus últimos y más gloriosos pasos. Por fin, el fin del camino sería la recompensa.
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Fortunato estaba radicalmente en contra, y en su favor aportaba la opinión calificada de Mariano Arana y otros paisajistas y expertos en temas patrimoniales y artísticos, y uno de sus hijos estaba a favor, aportando opiniones tan valiosas como las de María Julia Muñoz, Alcántara, Julio Ríos y Wilmar Valdez.
Pero el informativo de cierre de la tele, que ya había empezado, les tiró a todos un balde de agua fría sobre el postre recién servido. El propio maestro había declinado el inmenso honor (a pesar de que, cuando surgió la iniciativa del Ing. Eric Álvez, propulsor de la idea, a través de las 500 firmas recolectadas en la plataforma ciudadana Montevideo Decide, el propio maestro había dicho que sí, y que lo tomaba como “un mimo al corazón”). No habrá estatua en la explanada para el conductor celeste, mal que le pese a su más entusiasta propulsor (tras la concreción de la iniciativa), que lo fue el Pelado Martínez, que se toma la bicicleta caminando cada vez que la cosa huele a votos y urnas. Fin de la discusión.
Fortunato se plantó en su sillón, cansado y con sueño, a ver qué más pasaba de importante en este paraíso terrenal en el que vivimos, discutiendo estatua sí y estatua no.
El informativista recogió noticias de otra de las grandes glorias de los tiempos que corren. El presidente Tabaré Vázquez ha sido galardonado en Washington, en la sede de la Organización Panamericana de la Salud, como Héroe de la Salud Pública de las Américas, por su constante lucha en contra del tabaco y a favor de los pulmones sanos y llenos de aire fresco (como el que traían los amigos del Pepe desde Venezuela).
—¡A la pipeta! —balbuceó Fortunato ya bostezando, reconfortándose con el inmenso honor, que nos gratifica a todos los orientales.
A continuación, el informativista dijo que los uruguayos se habían volcado a las calles a festejar la extraordinaria distinción recibida por el presidente. Desde los balcones de la IMM, el Intendente Martínez anunciaba con un megáfono que esta vez no era necesario que la plataforma Montevideo Decide lo propusiera: habrá una escultura del presidente Vázquez en la explanada municipal, para homenajear al Héroe. La explanada, colmada de público, aplaudía y vitoreaba al galardonado. “Y ya lo ve, y ya lo ve, vendrá la estatua de Tabaré” —aullaba la multitud, ante los ojos desconcertados pero somnolientos de Fortunato, que no sabía si aquello era un sueño-sueño, o un sueño hecho realidad.
El periodista desde el canal informaba que la noticia había caído como un bálsamo para el pueblo, y que la estatua sería confiada, según lo informaba el intendente, o bien al escultor compatriota Pablo Atchugarry, o al colombiano Fernando Botero, lamentando que no estuvieran vivos ni Chillida, ni Picasso, ni Giacometti, ni hablemos ya de Fidias, Praxíteles, Miguel Ángel Buonarotti o Antonio Cánova, entre quienes se habría buscado al elegido, de haber podido participar. Se planifica un enorme pedestal de mármol, encima del cual se erigirá la estatua del Héroe de la Salud Pública de las Américas, y no se escatimarán gastos para lograr la exactitud en todos los rasgos distintivos de su egregia figura. Entre ellos, mencionó el comentarista, está la confección del exquisito peinado que adorna a nuestro presidente. El diseño será confiado a la empresa californiana Invincible Wigs, encargada, entre otros famosos clientes, de las pelucas que adornan el peinado del presidente Donald Trump.
El Intendente Martínez aprovechó la nota en la televisión para informar que la estatua del Héroe inauguraría la Explanada de las Estatuas, ya que sería la segunda tras la del David, pero se espera que se agreguen en el futuro muchas más.
Su desafío no se hizo esperar: el senador Mieres le propuso al intendente Martínez, quien lo aceptó, que el requerimiento de las 500 firmas de Montevideo Decide fuera disminuido a 50, tras lo cual, habiendo juntado a 50 simpatizantes, propuso la erección de una estatua colectiva grupal, similar a la de los Burgueses de Calais, de Rodin, en la que apoyándonos el uno en el otro, en raídas túnicas, muertos de hambre y con una soga al cuello, aparecieran las figuras del propio Mieres, de Amado, de Valenti, de Franzini Batlle y de Lissidini, integrantes del nuevo grupo político El Embudo Socialdemócrata.
—Todo un símbolo de estos fantasmas que dicen que van a disputar el ballotage —pensó Fortunato para sus adentros, pero seguro de que ya estaba dormido casi del todo.
Dijo también el informativo que Juan Castillo y Marcelo Abdala propondrán erigir la estatua del líder revolucionario bolivariano Nicolás Maduro, y hay comentaristas que estiman que no será necesario agregar la estatua del pajarito, porque ni bien esté inaugurada vendrán varios pajaritos a dejarle sus regalitos sobre la cabeza. Infantino propondría una estatua de Bordaberry si logra que los estatutos de la AUF se aprueben antes de fin de año, y Jorge Barrera propondrá una al Cebolla Rodríguez, si Peñarol gana el clásico y vuelve a salir campeón uruguayo.
Lo que más sorprendió al casi dormido Fortunato fue que el Bicho Bonomi propuso hacerle una estatua al Pato Celeste, para ponerla en la explanada.
Mientras Fortunato se preguntaba por qué tan extraña propuesta, el informativista se lo aclaró de manera bien sencilla. Como el Pato Celeste está prófugo de la Justicia, si acepta posar para el escultor, ahí lo puede agarrar la policía y meterlo en cana.
Fortunato lo entendió, se tranquilizó y se durmió del todo en el sillón.