Un francotirador es, por definición, un experto que busca ser eficiente y llamar poco la atención para no ser descubierto.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEsteban Valenti, que el domingo 8 en la Feria del Libro presenta El clavo en el sillón. El poder y la critica, una recopilación de artículos, aunque conoce de armas, tácticas militares y sostiene que salvó su vida en Buenos Aires gracias a un curso de seguimientos y trabajo clandestino recibido de la agencia de inteligencia soviética KGB, ha elegido salirse de la norma. Es un francotirador de alto perfil que dispara desde la radio, prensa, televisión e Internet.
Se define frenteamplista, pero no tiene un espacio político dentro del oficialismo desde que en marzo del año pasado el ministro de Economía, Danilo Astori, dijo públicamente que Valenti “hace rato” que no representa a su sector, el Frente Liber Seregni.
Además de su presencia mediática (En Perspectiva, Montevideo Portal, Twitter, UyPress), discute de política con un grupo reducido que denomina “Ideas”, al que pertenecen el exministro de Economía Fernando Lorenzo y su esposa, la publicista Selva Andreoli, entre otros.
En uno de los barcos que hacían el trayecto Génova-Buenos Aires, la crisis de posguerra trajo a un joven matrimonio italiano en busca de nuevos horizontes.
Un pariente especialista en carbón había sido contratado en Argentina y el contacto sirvió para que en aquel 1948 de hambre europea llegaran varios hermanos a trabajar en lo que fuera.
El padre del pequeño niño de ocho meses Stefano Valenti consiguió trabajo como maître del porteño Hotel Plaza.
En Roma había tenido una restaurante llamado La Vegetariana y unos años después, la apertura del Victoria Plaza en Montevideo trajo al emigrante a este lado del río.
La separación de los padres dispuso que el futuro inmediato de los hermanos Esteban y Giorgio quedara asociado a la inestabilidad, a idas y vueltas entre Pocitos, Malvín y algunos de los cien barrios porteños, e incluso a una modesta casa en las afueras de Mar del Plata.
A pesar de los saltos entre el Erwin School, donde estaban pupilos mientras el padre trabajaba, y varios colegios argentinos, el joven Valenti resultó un alumno muy exitoso, de esos que los demás llaman “traga”.
El contacto con el nuevo esposo de su madre, un peronista de ultraderecha, dice que le dio el gusto por las armas y que con ocho años de edad tiró por primera vez con una .45. El abuelastro ferroviario, Juan Bautista Soloaga, también peronista, le aportó una mirada de izquierda.
La instalación de la madre en Montevideo y el pasaje del colegio inglés al Liceo 10, en Malvín, dio al fin cierta estabilidad al muchacho y la chance de militancia gremial y política.
Sobre finales de la década de 1960 se convirtió en el miembro más joven del Comité Central del Partido Comunista (PCU) que capitaneaba Rodney Arismendi.
Cuando llegó la dictadura, Valenti era secretario del sector universitario comunista y poco después tuvo que pasar a la clandestinidad porque una patrulla a cargo de Miguel Dalmao, luego designado general por Tabaré Vázquez, montó una “ratonera” en su casa en el marco de un operativo en el que resultó muerta la militante comunista Nybia Sabalsagaray.
Para ese entonces estaba casado con Ana López y tenían tres hijos. Hoy suma 14 nietos.
El exilio lo pasó en Buenos Aires y Roma. A Italia llegó en 1978 luego de cuatro años organizando la entrada y salida clandestina de los militantes del PCU.
En la capital argentina, donde tenía muchos contactos, dejó la vida estudiantil y de empleado de la fábrica de envases Codarvi de La Teja para entrar en el mundo de los negocios.
En Roma, que vivía el auge del llamado eurocomunismo, Valenti pasó a ser encargado del PCU y continuó siendo hombre de confianza de Arismendi, que residía en Moscú.
Cansado de que, a la vuelta del exilio, sus adversarios políticos dentro de la propia izquierda lo acusaran de enriquecerse con el comercio de diamantes en Angola, algo que niega hasta hoy, Valenti se compró una imitación de vidrio y la tiene encima del modesto escritorio donde funciona el portal de noticias UyPress que dirige en Ciudad Vieja.
No obstante, el periodista, que tuvo un alto cargo en la agencia Inter Press Service (IPS), en Roma, reconoce que además de la militancia política se dedicó a negocios como la importación de papel fotográfico. Incluso hizo algunos de comercio exterior entre África y Europa gracias a los contactos con Angola, que obtuvo por el vínculo de Arismendi con el entonces presidente Agostinho Netto.
La crisis del “socialismo real” encontró a Valenti al frente de la comisión de propaganda del PCU, donde aportó mucho trabajo, ideas y dinero, que a menudo no pasaba por la Secretaría de Finanzas, algo que despertó sospechas y fuertes críticas porque el dinero le daba más poder que al resto de los afiliados.
En 1989, cuando el Frente Amplio ganó las elecciones en Montevideo y Vázquez fue electo intendente, el PCU fue la fuerza política mayor gracias, en parte, a la campaña dirigida por Valenti que conquistó miles de votos primerizos.
Según el publicitario y periodista, parte de la campaña tuvo que ser pagada de su propio bolsillo, entre otras cosas porque la división del PCU entre renovadores y ortodoxos además de heridas dejó cuentas millonarias por pagar.
Con el entonces edil del Movimiento de Participación Popular (MPP) Jorge Zabalza se enfrentó en un juzgado penal por una denuncia de supuesto tráfico de influencias, pero el caso fue archivado.
Los intentos de renovación política no fueron tan exitosos como la lista 1001 de 1989. En las elecciones siguientes apoyó un proyecto encabezado por el maestro Luis Garibaldi y el actor Jorge Esmoris que obtuvo pocos votos más que el número 700 de la lista.
Luego respaldó a Vázquez en las campañas electorales y en especial en la que, en 2004, lo llevó a la presidencia por primera vez.
En el primer gobierno fue un difusor honorario de la gestión de Vázquez.
Cuando Mujica y Astori compitieron en la interna de 2009, Valenti trabajó con el ministro de Economía pero perdió. En un libro publicado en 2010 admitió que la soberbia está asociada a la figura de su candidato.
Mujica lo acusó de mezclar política y negocios, dejando la sospecha de que la agencia Perfil, de su segunda esposa, recibía o aspiraba a recibir nuevas cuentas gracias al vínculo de sus propietarios con el oficialismo.
Entre los clientes históricos de la agencia Perfil están el Ministerio de Salud Pública y la Intendencia de Montevideo, además de Buquebus, que tiene negocios con el Estado, pero con ninguna de ellas tienen gran volumen de facturación.
Aunque en momentos críticos de la campaña electoral de 2014 acudió a la convocatoria de Vázquez y Mujica para hacer operaciones políticas, Valenti no tuvo un papel protagónico ni integró el comando de la campaña.
Coincidiendo con la denuncia de legisladores de la oposición sobre los resultados en la petrolera estatal Ancap, Valenti comenzó a publicar columnas y a opinar en los medios sobre la gestión que encabezó Raúl Sendic, supuesto delfín de Mujica.
En el MPP su nombre, asociado con el glamour, nunca cayó simpático. Sin embargo, fueron dirigentes entonces cercanos a Sendic los que se encargaron de vincular a Valenti y a su esposa, que estudió Biología en Cuba, con las filtraciones sobre el título inexistente de licenciado en Genética Humana y con las denuncias sobre las inversiones y gastos desmedidos en Ancap.
“Siento una enorme vergüenza y nunca me pasó en mis 54 años de militancia en la izquierda. Vergüenza”, escribió Valenti en la red social Twitter el 24 de marzo de 2016, cuando El Observador informó sobre el título inexistente.
El senador Marcos Otheguy, que entonces integraba la lista 711, de Sendic, afirmó que su colega blanco Álvaro Delgado le había dicho que Valenti le había pasado información sobre Ancap. “En su momento elegí negarlo, hoy tiendo a creer lo que me dijo”, señaló en una reunión de bancada.
“Estoy harta de las operaciones del tertuliano Valenti”, dijo entonces la senadora del MPP Ivonne Passada.
Valenti, tano al fin, no se quedó callado y respondió en la radio que quienes lo acusaron eran “una manga de cobardes”. No era la primera vez que le pasaba. En 2014 se había enfrentado con Gustavo Torena. “El día que un Pato me dé miedo, ¡mi madre!”, dijo Valenti al portal de El Espectador.
El 3 de febrero de 2016, en En Perspectiva se preguntó: “¿Este Otheguy, De León, que sí pasa datos, y Raúl Sendic, qué historia tienen en el Frente Amplio para ponerme en el mismo plano de lo que hicieron ellos en el gobierno?”.
En el aparato frenteamplista las críticas a Valenti son casi unánimes, sobre todo debido a que actúa por su cuenta en lugar de defender el proyecto colectivo.
Un exdirigente del PCU opina que “es talentoso, honrado y no demagogo”, más allá de que discrepa con sus actuales posturas “radicales”.
Sin embargo, para el animador de las Redes Frenteamplistas Eduardo Vaz, incluso, Valenti está en mejores condiciones de ayudar al Frente Amplio desde que es un pensador independiente no sujeto a Astori.