N° 1997 - 29 de Noviembre al 05 de Diciembre de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLe hizo mal tanto poder al ministro del Interior, Eduardo Bonomi. Capaz que el problema es la cantidad de años ininterrumpidos como ministro o capaz que lo tiene alterado la cercanía de las elecciones nacionales. Pero que le hizo mal, le hizo mal, y se nota. A él y a una parte importante del actual gobierno, encabezado por Tabaré Vázquez.
Eso es lo que mejor explica lo ocurrido el lunes 26 en el departamento de Artigas, cuando Bonomi junto a algunos guardias de seguridad y militantes del Frente Amplio impidieron a unos tabacaleros mostrar una pancarta de protesta. Fue un hecho insólito que culminó con uno de los manifestantes detenidos, como si estuviéramos en los peores momentos de la historia uruguaya.
Eso ya sería suficiente como para concluir que los casi 15 años del Frente Amplio en el gobierno marearon al ministro de tal forma que ahora hasta cree que tiene la potestad de prohibir las críticas. Pero Bonomi fue más allá todavía. Al otro día, con total desparpajo, salió a justificar su actitud en distintos medios de prensa. Que lo desplazaron, que le agarraron la pierna, que empujaron a otra ministra… “Nadie me puede tocar”, parece sugerir Bonomi como si formara parte de una monarquía. Cada vez peor.
Son muchos años que los uruguayos convivimos con Bonomi, pero es la primera vez que lo vemos en una situación tan impertinente. Hace tiempo que desde esta página reclamamos que dé un paso al costado porque ya terminó su ciclo. El ministro no lo ha hecho porque el presidente Vázquez no quiere y así se expone cada vez más a situaciones bochornosas y condenables, como la del lunes.
Pero no es solo Bonomi el problema. Es mucho más profundo lo que muestra ese triste episodio ocurrido en Artigas. Funciona como la antesala de una campaña electoral que ya está dando señales preocupantes. Es la prueba de un gabinete nervioso, con baja popularidad, que debería estar en retirada pero que parece aferrarse al poder de la peor forma.
Lo que evidencia el desplante ministerial registrado en el norte del país y todo el escándalo político generado después es la pérdida del criterio y el sentido común. El gobierno está golpeado y reacciona muy mal. Tiene temor a perder el poder que hace tanto tiempo ostenta y está recurriendo a métodos muy equivocados.
Debemos confesar que nos extraña esa actitud de algunos integrantes del Poder Ejecutivo. De otros no sorprende, pero teníamos la idea, capaz que equivocada, de que había una mayoría en la actual administración a favor de la libertad de expresión. Los hechos nos están demostrando que no es así y eso es grave.
Es hasta infantil la reacción de Bonomi ante los manifestantes. Lo único que logra es darles protagonismo y victimizarlos. También nos extraña ese exabrupto de una persona con tanta experiencia en cargos de relevancia en la administración pública.
Otra vez lo que decíamos al principio. Son demasiados años en el poder que lograron nublar la mente del ministro y también de otros integrantes del gobierno. Y la soberbia alimentada en estos lustros es tan grande que ni siquiera les permite admitir sus errores.
Nos preocupa especialmente el silencio de Vázquez y de los demás ministros ante estos hechos. También el del Frente Amplio, al que le debería doler especialmente la represión a las manifestaciones. Es cierto que muchos izquierdistas independientes, al igual que toda la oposición y hasta la Institución de Derechos Humanos, cuestionaron con dureza los hechos sucedidos en Artigas pero con eso no alcanza. Los responsables del gobierno y del partido del ministro son los que tendrían que haber adoptado medidas y no las han tomado. Optaron por el silencio. Ese prudente y prolongado silencio que tanto le gusta a Vázquez.
Uno de los aspectos que más fortaleza da a la democracia es el recambio en el poder. Puede ser de partidos políticos con distintas orientaciones ideológicas o de personas. Lo importante es que ingresen nuevos jerarcas a la administración pública y que se vayan los que hace mucho tiempo que permanecen en ella.
Es hora de que eso ocurra. Así lo están mostrando los hechos. Hay algunas personas que ya cumplieron su ciclo como gobernantes y que deberían dejar espacio a los que vienen, sean de su partido o de la oposición. Basta con mirar a la región para darse cuenta de que nada bueno traen los gobernantes perpetuos. Todavía estamos a tiempo de no seguir ese camino.