Las autoridades lo han considerado un verdadero éxito.
Las autoridades lo han considerado un verdadero éxito.
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáTanto desde el Ministerio del Interior como desde la AUF (Ajedrecistas Uruguayos Federados), el enfrentamiento del domingo pasado ha constituido un resonante suceso, que se ha festejado en las más altas esferas de ambas instituciones.
En efecto, el encuentro por la final del Campeonato Uruguayo entre los ajedrecistas Braulio Albosoy y Orosmán Yamuerte, llevado a cabo en el Estadio Campeón del Jaque, mantuvo en vilo a la población durante semanas.
Los preparativos estratégicos y logísticos tenían como principal objetivo evitar los brutales enfrentamientos y violentos choques que han caracterizado las relaciones entre los partidarios de uno y otro de los contendores, que ya han arrojado en el pasado trágicos acontecimientos, entre los cuales se cuentan agresivas pintadas, duros y destructivos ataques a las sedes sociales de ambos participantes, y hasta asesinatos a sangre fría a manos de crueles y enfervorizados hinchas.
El Ministerio del Interior dispuso de una batería de elementos preventivos, desde la estratégica ubicación de carros de combate, tanquetas de esas delante de las cuales no conviene pararse, vehículos lanzaagua y lanzallamas, piquetes de francotiradores armados con metralletas, y una decena de helicópteros que sobrevolaron las zonas aledañas al estadio antes, durante y después del partido.
Los partidarios del jugador visitante, Braulio Albosoy, demoraron más de diez horas entre el momento en que las autoridades procedieron al filtrado, chequeo y reconocimiento facial de los mismos hasta su llegada al Campeón del Jaque, sito en la zona suburbana de la capital.
Los equipos de detección y filtrado llevaron a cabo intensos y cuidadosos controles, que comprendieron, entre otros, radiografías y tomografías, exámenes de orina, tactos rectales, escaneos de metales, detección de armas y drogas (exceptuada la marihuana recreativa, que está autorizada por ley), granadas, cohetes explosivos y sprays de gases venenosos.
Se decomisaron armas blancas y de fuego, piñas americanas y cubanas, tres kilos de cocaína, entradas falsificadas, y hasta un título apócrifo de licenciado en genética humana que portaba uno de los asistentes, cuando se comprobó que el mismo no existía en la currícula de los estudios terciarios nacionales. El portador fue no obstante dejado en libertad.
No fue ese el caso de otros aficionados que fueron impedidos de continuar su camino al estadio, ya que se constató que algunos tenían antecedentes penales y órdenes de captura por diversos delitos, tales como homicidio, rapiña especialmente agravada, violación en reiteración real, y conjunción de interés público y privado en gestión de empresas fabricantes de envases de vidrio. Todos fueron formalizados y sometidos a prisión preventiva por 120 días.
No fue menos severo el control llevado a cabo con los partidarios del locatario, Orosmán Yamuerte, entre los cuales se detectaron parecidos objetos agresivos y profusos antecedentes penales, radiando a sus portadores del lugar del esperado encuentro. Al tratarse de un número mucho mayor que el de los visitantes, los controles empezaron en la madrugada del día del partido, y terminaron apenas unos minutos antes del comienzo del enfrentamiento. Se estima que todos los asistentes —de uno y otro bando— dedicaron ese día 15 minutos a homenajear a sus madres (coincidentemente, el día del partido se celebraba en el país este tradicional festejo) y entre nueve y 12 horas a asistir a este definitorio y crucial enfrentamiento.
A pesar de todas estas previsiones y controles previos, en los baños de la tribuna visitante se hallaron los cuerpos sin vida de cuatro partidarios de Braulio Albosoy, quienes vestían camisetas blancas y estaban ahorcados, colgando del techo con cuerdas amarillas y negras (que son los colores que identifican a Orosmán Yamuerte) y —en los baños del locatario— se halló un número similar de cadáveres de partidarios de este último, vistiendo camisetas amarillas y negras, pero colgando de cuerdas blancas. De todas maneras se les quitó importancia a estos macabros hallazgos, ya que la Policía Técnica dictaminó a través de sus médicos forenses que en todos los casos se había tratado de autoeliminaciones. Es que la pasión por estos enfrentamientos lleva a los partidarios de uno y otro contendor a adoptar medidas tan extremas como inexplicables.
En lo que refiere al enfrentamiento en sí, el mismo comenzó con una Apertura Gargano que propició inteligentes y tácticas movidas con la Defensa Carvalho, seguidas de extraordinarias y desconcertantes jugadas, como la que protagonizó Braulio Albosoy con un Ataque Fallido Bergessio, en la que el jugador perdió un alfil, y una casi igual llevada a cabo por Orosmán Yamuerte, en las que salvó un caballo que debió haber perdido, tras un Ataque Neves-Canobbio que debió haber tenido otro desenlace.
Hubo varias otras jugadas trascendentes, como un fallido enroque torre-peón llamado Jugada Lema-Mejía, pero no tuvo el resultado esperado por Orosmán Yamuerte, o una movida peón-dama llamada Canobbio-Amaral, que terminó sin consecuencias.
Pero sin duda los momentos más determinantes del encuentro fueron los dos ataques fallidos denominados Ataque Inverso Cebolla, o Ataque Inverso Corujo, protagonizados por ambos contendientes, que motivaron aplausos y vítores de los espectadores, pero igual dejaron a todos con gusto a poco.
En las arremetidas finales ninguno de los contendores pudo imponer su superioridad sobre el otro, y el encuentro terminó empatado, o “tablas”, como se dice en la jerga ajedrecística.
Tanto ruido, y tan pocas nueces…