Creo que se equivoca el senador Pedro Bordaberry cuando afirma que el gobierno frentista parece “no tener muchas ideas” sobre cómo balancear el déficit fiscal.
Creo que se equivoca el senador Pedro Bordaberry cuando afirma que el gobierno frentista parece “no tener muchas ideas” sobre cómo balancear el déficit fiscal.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLas tienen, pero son ideas fijas. Creen y buscan una planificación total de la economía. Estiman que hay que castigar a los que más ganan, a los que más producen, a los que más ahorran y han ahorrado y a los que más se han preparado —y que no se han ido—, y de ahí sacar para “los necesitados”, como argumentan, pero fundamentalmente para bien pagar a los funcionarios. Es decir, para premiar a los encargados de la planificación de la economía y, al mismo tiempo, la vida de los ciudadanos. Están convencidos de que la economía funciona según la voluntad de planificador.
En su momento, en Rusia y en Cuba, siguieron el método de shock para la aplicación de esas ideas. En Uruguay se hace gradualmente. Sin gran prisa —pese a los reclamos de los grupos más radicales dogmáticamente agarrados a la “receta”— pero sin pausa. Así ha sido desde que el hoy ministro de Economía, Danilo Astori, y su gente asumieron el mando de la “cosa” hace 12 años; primero con Tabaré Vázquez, luego con José Mujica —más bien ausente— y siguiendo ahora con el consecuente apoyo de Vázquez.
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Para el Frente Amplio, concretamente, la solución para el déficit pasa por no devolver los aportes al Fonasa, aumentar el gravamen a las transacciones financieras, gravar a las herencias, aumentar la tasa del Impuesto a la Renta de las Actividades Económicas (IRAE) y el Patrimonio, colocar impuestos a los premios de juegos de azar, la reforma de la “caja militar” y revisar las exoneraciones fiscales.
Todo esto fue lo que se supo, confirmado por responsables de la comisión de Programa “agraviados” a su vez por la “filtración” de un trabajo a ser presentado a toda la coalición.
Pero, ¿efectivamente habrá sido una “delación”, como se ha dicho, o se trata de un globo sonda para ver las reacciones y a la vez una maniobra para avanzar sobre “nuevas bases”?
Algo así como subir los precios un cien por ciento y luego anunciar una liquidación total con un 30% de descuento, mecanismo por el cual el comprador paga un 40% más que el precio anterior.
Una hipótesis es que esta “filtración” no sea más que la repetición de un mecanismo para asustar a los ciudadanos con medidas radicales y luego “transar” pero ya en función de las nuevas “expectativas” creadas.
Si solo consiguen la mitad podría verse como un alivio y hasta un logro evitar que impusieran todo lo que pretendían, o más precisamente lo que se “filtró”.
Quizás se trata del “método” Astori, del que ya hemos hablado, por el cual aparece como el bueno de la película —a favor de las soluciones más atinadas y en contra de las radicales— pero que siempre pierde. No gana una. Eso sí, sin renunciar. No se agravia ni hace cuestión.
En el Frente Amplio se dice incluso que fueron los astoristas que filtraron la noticia y, ¡oh pecado!, a medios no frentistas (léase, de derecha). La cuestión es si fue con el ánimo de quemar esas propuestas o, reiteramos, de generar ciertas expectativas que luego hagan parecer menos graves las que definitivamente se adopten.
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El hecho es que el gobierno necesita dinero. Las jubilaciones y los funcionarios públicos tienen una gran importancia “electoral” y el Frente Amplio los cuida, quizás más por ello que por cualquier otra razón de tipo social que se esgrima. Son cerca de un millón cien mil votantes, pero se necesitan muchos recursos.
Por supuesto que lo de los jubilados es justo. No es más que una magra devolución de todo lo que han aportado a lo largo de 30 o 40 años. (Eso sí: igual gravada con impuesto a la renta aunque lo llamen de otra forma).
Pero lo de los funcionarios (cada vez más y con menos tareas) es harina de otro costal. Por ahí hay mucho para cortar; la oposición maneja varias soluciones en esa línea y en materia de achicar el gasto.
Pero las “ideas” y soluciones del partido de gobierno no van por ese lado. El asunto es llover sobre mojado: las rentas, el capital, la actividad financiera, los sueldos altos, las herencias, el patrimonio. Hasta que se agote; pero por más cartas ocultas que pueda tener (canon agrícola por el uso del agua, por ejemplo), en algún momento no habrá de dónde sacar.
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El tema de quitar las exenciones ya es diferente. Sobre todo si son para los que vienen de afuera: hasta “paz social” les garantizan y seguramente un sistema distinto en materia de transacciones financieras.
En cuanto a los uruguayos, que se olviden: están exonerados de cualquier tipo de exención o gracia.
He aquí otro parecido con Cuba. La isla vivió primero de la Unión Soviética y la solidaridad socialista y luego su salvación fue Hugo Chávez (fue a la que le tocó más; nosotros rascamos algo, pero poco). Tuvo sí un interregno muy duro, donde el sistema económico aplicado solo mostró llagas y ahí se entregó de la peor manera al capital extranjero, a los “turistas” y al imperialismo, que no solo son los estadounidenses. (La escritora Zoe Vádez, entre otros, denunció la conducta y el aprovechamiento de esa situación por parte de empresas españolas y habría que investigar cómo ha sido con los brasileños y sus grandes inversiones en la isla con la hoy enjuiciada Odebrecht como buque insignia).
Mientras tanto, los cubanos solo para servir, como gente de segunda.
Este es un tema que debería inquietar a los uruguayos —los de a pie, a los que trabajan acá, a los que no tienen exenciones ni cargos públicos— pues llegado el caso no habrá sindicatos que los defiendan, tal cual ha sucedido y sucede en Cuba.