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Leyendo el artículo publicado el 14 de febrero de 2019 sobre la sorprendente situación surgida en un examen rendido en diciembre del año pasado en la Facultad de Medicina, donde más del 98% del alumnado reprobó el examen, me surgen varios razonamientos sobre dicho suceso.
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En cualquier universidad del mundo donde se produjera un hecho como el narrado, se procedería a la anulación de dicho examen para el 98% de los damnificados, otorgándose un período especial para rendirlo nuevamente. Además, habría un profundo y detallado estudio de por qué se produjo ese hecho; porque de lo que no hay dudas es de que la falla no está en los estudiantes, sino en el cuerpo docente, sea en la estructuración del examen, o en el método de enseñanza aplicado. Los estándares de evaluación de un sistema educativo establecen que cuando más del 50% de los alumnos reprueba una materia, el problema está en el docente. Aquí hablamos de más del 98%.
Otro elemento que surge es la existencia de filtros a través de los exámenes en los tres primeros años de la carrera. Esto no es nuevo, se viene aplicando en la Facultad de Medicina desde el retorno a la democracia, cuando se eliminó el examen de ingreso. Yo pertenezco a la generación 1977 de la carrera de medicina, que fue la primera que tuvo que rendir examen de ingreso. Fueron 2.400 estudiantes que rindieron la prueba, ingresando los primeros 550 puestos del examen, número prefijado por la capacidad real de la institución para dar aprendizaje en condiciones adecuadas. Hablando con colegas, internos y residentes que cursaron la carrera con el actual sistema de libre ingreso, con superpoblación estudiantil, me considero un privilegiado, pues pude acceder a una enseñanza práctica, que hoy parece ciencia ficción. No voy a hablar de la práctica clínica con pacientes reales, a diferencia de ahora que se hace con actores. Voy a hablar de Anatomía, materia del segundo año cuando la cursamos. Nosotros, los estudiantes de entonces, hacíamos la disección anatómica de las diferentes regiones del cadáver asignado. Podíamos observar, tocar, analizar y disecar con tranquilidad con horarios dobles mañana y tarde. El curso duraba un año. Las generaciones posteriores jamás disecaron, eso lo hacen los docentes; se deben conformar con mirar y apenas tocar. A esto hay que agregar que ahora el curso de Anatomía dura un semestre, que en los hechos son cuatro meses y poco. Esto tiene consecuencias en aquellos estudiantes que resuelven seguir una especialidad quirúrgica (cirugía, ginecología, urología, etc.).
Si analizamos los dos sistemas descritos: examen de ingreso (que se usa en la mayoría de las universidades del mundo) versus libre ingreso con exámenes filtro en los primeros 3 años de la carrera, ¿cuál es preferible?
Las dos son para el estudiante situaciones estresantes y frustrantes, pero muy diferentes. Si reprueba el examen de ingreso, podrá en ese momento resolver darlo el año siguiente, o dedicarse a otra cosa, y a lo sumo perderá un año en su vida, mientras que con el libre acceso y exámenes filtros, perderá promedialmente tres, cuatro o más años antes de resolver dedicarse a otra cosa.
Los números son muy duros. Todos los años ingresan entre dos mil y dos mil quinientos estudiantes, número que crece año a año, y egresan un promedio de 600 médicos por año. Esto significa que quedan por el camino entre 1400 y 2000 estudiantes por generación.
Esta situación se viene dando desde hace muchos años, son miles de estudiantes que quedaron por el camino, en los cuales se invirtió mucho dinero, dinero perdido, que se repite todos los años. En una universidad que todos los años reclama por un presupuesto insuficiente, ¿es lógico actuar de esta manera? Además, gastando y perdiendo tanto dinero, ¿qué calidad de profesionales estamos formando?
La Facultad de Medicina y la universidad se deben una discusión profunda, honesta y sin dogmatismos sobre estos temas. Hablar de examen de ingreso, en estos tiempos de una ideología dogmática reinante, es mala palabra; pero, por lo bajo, muchos hablan de ello.
La pregunta no es si algo me gusta o no ideológicamente hablando. La pregunta es ¿estamos siendo honestos con los estudiantes y con la sociedad?
¿Están la Facultad de Medicina y la universidaden condiciones de recibir a los miles de estudiantes que ingresan anualmente? Esto sin contar a los extranjeros no residentes, que como no pueden ingresar a la universidad en sus países de origen, vienen al nuestro para estudiar gratis y después irse.
Hay mucho más para hablar de este y otros temas de la Facultad de Medicina y de la universidad, esto es solo la punta del iceberg. Ojalá se pueda cambiar el enfoque que se le ha dado al problema y optar por un camino más sincero para el bien de todos y para la Facultad de Medicina.