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Es alarmante ver la vertignosa caída de los valores espirituales y humanos del gobierno. El ministro Fernández Huidobro es sin duda uno de los arquetipos más emblemáticos “intelectuales” que se jacta de gobernarnos. Todos los valores sobre los que el mundo se ha edificado en los últimos milenios no se respetan y lo que es peor aún se les quiere suplir en una caterva de consejos que solo autoconvence al gobierno y a la ordinariez y falta de respeto de los que se creen revolucionarios de ocasión.
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En una “conferencia” en la aristocrática y selecta ADM, el ministro de marras, refiriéndose nada menos que a Cristo, en quien es obvio no cree ni respeta, se refirió a Él como a “ese flaco que lo crucificaron por gil en el monte Gólgota porque se pasó predicando el perdón (sic)”. Habría que aclararle que fue justamente el que nos reveló y enseñó a todas las generaciones futuras el perdón y el amor por los semejantes, incluido el Sr. Fernández Huidobro. ¡Ta! Claro, hay que entender Su palabra. Cosa que el “popular y divertido ñato” no creo que pueda, o lo que es peor, ni quiera hacerlo. Es más, a su criterio no dudo que pueda entender otra razón que la de las metralletas o explicar el homicidio sufrido por un modesto peón de campo que descubrió casualmente un “centro cívico” o tatucera de entonces. Admito que es complejo el “poner la otra mejilla” como enseñó “ese flaco gil”. Pero tenía razón.
Ni los imperios depredatorios y asesinos por un lado, ni los revolucionarios ideológicos amigos del ministro por el otro, jamás podrán arreglar el mundo. En cambio, el flaco ese hace más de 2.000 años es la salvación espiritual y humana del hombre. Es muy posible y espero por el bien de don Fernández Huidobro, el día que le toque irse, no como ministro, que siempre puede ser prescindible, sino de la sustancia vital, o sea de la que no se tiene vuelta, el “divertido” ministro que entre aplausos y vivas que en tan oligárquica conferencia cosechó, pueda mirar con esperanza de perdón la imagen del “Flaco Ese” que él denostó. Jesús, (a) el “Flaco Ese”, es nada menos el Hijo de Dios, don Eleuterio. El Mesías que vino, no a fomentar odios ni rencores como parece los tiene Ud. y los suyos, sino a señalar con su ejemplo el amor y el perdón que Ud. niega o no quiere entender mucho, según parece.
El odio demostrado, para quien le quede alguna duda, de Ud. lo llevó sin darse cuenta del brazo al hoyo más profundo de sentimientos miserables que pueda tener cualquier ser humano con mediano sentido común. La pobreza espiritual demostrada le exige, según Ud., el que los demás lo perdonen por sus excesos, por decirlo con elegancia. O sea, para perdonar, Ud. exige que lo perdonen. No solo los que del otro lado hicieron lo mismo, sino el pueblo entero, incluido los Pascasio Báez, debieran hacerlo según su criterio. Simplemente espero que en el Más Allá, algún día, se pueda enfrentar a ese humilde peón que Ud. decía dedicarle revoluciones libertarias y terminó fulminado con una inyección de Pentotal, dándole parecidas explicaciones como las que expresó en la aristocrática ADM.
Finalmente, y como vasco, condición que tampoco me convierte en un “manso”, le diré que al “Flaco Ese”, con todas mis imperfecciones, que son muchas, lo sigo respetando, admirando y obviamente, venerando, como el Hijo de mi Dios y de la gran mayoría de nuestro Uruguay. En cambio, Ud. no solo no me causa gracia ni aplausos, sino que me despierta una profunda lástima. Agur.