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Montevideo, 23 de noviembre de 2019. (De nuestras agencias). Una enorme manifestación de contribuyentes uruguayos desfiló anoche por la principal avenida de la capital, celebrando que por fin, tras largos años de frustrantes negociaciones, la empresa nigeriana Afroair Transport Ltd. adquirió a la agonizante aerolínea uruguaya denominada Alas-U, o también Alas Uruguay.
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La curiosa calificación de “contribuyentes” dada por la prensa a las decenas de miles de ciudadanos que desfilaron en la fresca noche primaveral de ayer, deriva de que, gracias a la adquisición de la aerolínea uruguaya por la empresa africana, concluye un extensísimo período durante el cual cientos de empleados de Alas-U cobraban una parte sustantiva de sus haberes del seguro de desempleo uruguayo, un fenómeno que fue registrado hace más de un año por el Libro Guinness de los Records como el período más extenso en la historia de la humanidad en la que empleados de una empresa quebrada y fundida habían recibido de todos modos su seguro de desempleo. La legislación local determina períodos mucho más breves en casos similares, pero en el caso de Alas-U, cada vez que se vencía uno de estos períodos, el mismo era milagrosamente extendido una y otra vez “por razones de interés nacional”.
Otra de las razones que alegra a los contribuyentes uruguayos, que han sufragado de sus bolsillos estos subsidios extraordinarios, es que en la operación de compraventa de la empresa uruguaya están asimismo integrados los 15 millones de dólares que el gobierno de la época, presidido por don José Mujica, hoy secretario general de la Confederación Honoraria de Anarquistas y Nacionalistas Transmutados Al Socialismo (Chantas) con sede en Bielorrusia, le había “prestado” a Alas-U, con el fin de intentar preservar una aerolínea de bandera nacional tras la quiebra escandalosa de la aerolínea Pluna, fundida en el 2012, dejando sin trabajo a casi 700 empleados.
Alas-U la tuvo difícil desde el día de su nacimiento. No le llegaban los aviones alquilados, cuando les llegaban no funcionaban, o se les habían vencido los permisos de vuelo, otras aerolíneas fueron asumiendo los destinos más rentables en la región, su situación era cada día más compleja.
Para reflexionar y planificar adecuadamente su futuro, Alas-U adquirió como sede social el Hotel Belmont en Carrasco, y para poder dedicarse full-time a analizar las alternativas y planes de negocios, se fijaron unos sueldos que promediaban los U$S 5.000 mensuales, con salarios por encima de los U$S 20.000 mensuales y bonos extraordinarios anuales de U$S 50.000 para el personal gerencial, que dirigía una masa de unos 350 sacrificados empleados, mientras los otros 350 estaban subsidiados por el ya mencionado seguro de desempleo.
Con el único avión que funcionaba volando con pocos pasajeros, y suspendiendo vuelos con asiduidad “por razones técnicas”, los números de la empresa no cerraban por ningún lado.
El “padre de la criatura”, don José Mujica, siendo ya ex presidente, se puso la empresa al hombro y se fue (en otra aerolínea) de visita a Bolivia, para tratar de colocarle Alas-U a la aerolínea estatal boliviana. Pero don Evo Morales, que mastica coca pero no vidrio, le dio elegante salida a la loca idea, y lo mandó de vuelta a don Pepe con las manos vacías.
Siempre con la idea de que a los bolivianos les vendieron alguna vez espejitos de colores, ahora los “ejecutivos” de Alas-U arrancaron con la idea de colocarle la empresa a Amaszonas, una aerolínea privada boliviana también, que los franeleó durante meses con un posible “joint-venture”, y terminó por quedarse con el permiso del puente aéreo Montevideo-Buenos Aires, que es la línea más rentable a la que Alas-U podía aspirar, aunque continuaba volando a Asunción, una vez sí y dos veces no.
Con la sempiterna ayuda de las autoridades uruguayas (que en el fondo también estaban deseando sacarse ese engendro de encima), Alas-U empezó unas negociaciones con una empresa chilena, Latin American Wings (LAW), presidida por un señor argentino de apellido Dulcinelli, quien dulcemente los tuvo yendo y viniendo a los “alasúes” durante semanas, hasta que les dijo que “no gracias, por el momento no estamos interesados”.
Si hacía falta un negociador experimentado, el gobierno uruguayo, en acuerdo con Alas-U, mandó al presidente de Rampla Juniors, que también trabaja en el Ministerio de Trabajo, don Juan Castillo, a colocarle Alas-U a una empresa brasileña del Estado de São Paulo, llamada AZUL Linhas Aéreas. Le dijeron que iban a estudiar el plan de negocios dentro de tres años, y que los mantendrían informados.
Siendo ya presidente del Uruguay el Dr. Tabaré Vázquez, y con este fardo al hombro, les prometió a los muchachos de Alas-U que los iba a ayudar.
A fines del 2016, don Tabaré emprendió uno de sus numerosos viajes, esta vez a Europa, con escala en el Vaticano, donde se entrevistaría con el papa Francisco. Los empleados de Alas-U creyeron de buena fe que el Dr. Vázquez pensaba sugerirle al Papa (que vuela en Alitalia) que creara una empresa aérea vaticana (Alas Consagradas, o Paradise Airlines, por ejemplo), pero el presidente lo único que les prometió fue pedirle al Santo Padre una serie de oraciones especiales pidiéndole al Altísimo la concesión de un milagro que permitiera que alguien, en algún lugar del mundo se interesara en la compra de la empresa aérea de bandera uruguaya.
Y el Señor oyó sus rezos.
A las oficinas de Alas-U se presentó un día el señor Liborio Teven Dolalma, ex director de la empresa uruguayo-venezolana Aire Fresco recientemente designado embajador plenipotenciario de Venezuela en Nigeria.
Les trajo un Plan de Negocios brillante, por el cual el gobierno nigeriano, ahora presidido por el Gral. Bolumbo Lavandongo Laguitanga, les compraba el negocio completo, aviones, oficinas, tomando el cien por ciento del personal, que se trasladaría a Nigeria, absorbiendo las deudas atrasadas, los 15 millones del Fondes y contemplando una comisión del 2.3% para él por la gestión, por la suma de 50 millones de dólares.
El negocio se cerró entre aplausos, champagne y grandes festejos, quedando por resolverse el traslado del dinero y su respectiva acreditación en las cuentas correspondientes.