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    Fracaso en el manejo monetario contra la inflación llevó al gobierno a anunciar giro de política; desestimulará inversión “especulativa”

    El peso se depreció 1,5% en lo que va de junio y casi 6% en el año; se negociaron dólares a futuro a $ 21,5 para dentro de un año, aunque los operadores tienen poco clara cuál será la evolución de la cotización en la plaza local

    En los últimos días los números de acrílico o digitales que usan bancos y casas de cambio para informar al público desde sus ventanales los valores de compra y venta del dólar fueron modificados muchísimas veces. Desde la calle muchos vieron con inquietud esos ajustes, que convalidaron una cotización más alta. Esa depreciación fue la consecuencia de los trascendidos y el posterior anuncio de medidas cambiarias, y de otras relacionadas con el control de la inflación definidas por el equipo económico de gobierno.

    Dichas decisiones serán de adopción en distintos momentos. Una cobrará vigor el próximo 1º de julio (manejo de la cantidad de medios de pago en la economía como “señal” para la política monetaria, en sustitución de la tasa de interés de referencia), otra un mes después (inmovilización de fondos para inversiones de extranjeros en títulos soberanos de corto y mediano plazo en pesos) y una tercera (ampliación del rango objetivo para la inflación) regirá desde julio de 2014.

    Fueron presentadas el jueves 6 como una “adaptación instrumental” bajo la concepción de un enfoque pragmático y sin “fundamentalismos”. También como una “reafirmación del compromiso” en el combate a la inflación y de mantenimiento del “rumbo” general de la política económica.

    Las medidas comunicadas generaron opiniones diversas entre analistas; los críticos plantean entre otras cosas que llegan a destiempo porque el dólar ya empezó a valorizarse en el mundo. Los empresarios que se dedican a negocios de exportación expresaron conformidad, ante la expectativa de una divisa fortalecida.

    En el mercado cambiario se observó cierto nerviosismo y hubo más operativa de la habitual a nivel del público general. En el circuito interbancario, la cantidad de transacciones diarias en la Bolsa Electrónica de Valores había superado largamente la centena la semana pasada, pero después volvió a rondar las 70.

    El aumento del precio del dólar que se había dado antes de informarse el detalle de las medidas prosiguió el día del anuncio y el viernes 7 ($ 20,704, el mayor nivel desde el 28 de setiembre de 2012).

    Esta semana la divisa se negoció en el mercado interbancario a un precio promedio más bajo el lunes 10, la cotización retomó la suba el martes y ayer miércoles fue a $ 20,579. Eso son unos $ 0,30 más que a fin de mayo y aproximadamente $ 1,20 por encima del nivel de fin de 2012; la depreciación del peso alcanzó a 1,51% en 12 días de junio y a 5,73% en el año.

    Los compradores de divisas fueron mayormente instituciones financieras privadas, dijeron fuentes del mercado; el Banco Central (BCU) hizo adquisiciones el miércoles 5 por última vez.

    En la pizarra al público del Banco República el precio de venta llegó a superar los $ 21 el martes 11, pero ayer bajó ligeramente.

    Operadores financieros consultados por Búsqueda caracterizaron los negocios como “volátiles” (con precios oscilantes) y algunos confesaron que hicieron las transacciones con un ojo puesto en el mercado cambiario de Brasil: tienen poca certeza sobre cómo evolucionará el tipo de cambio en la plaza local.

    En ese contexto, en los últimos días también hubo más compraventas de dólares a futuro que lo normal, aunque por montos relativamente reducidos; se pactó realizar la transacción a un precio de $ 21 en julio, en torno a $ 21,5 si es en diciembre y hasta $ 22,5 dentro de un año (junio 2014).

    Muchos economistas, quienes trabajan en el sistema financiero y autoridades de gobierno enfrentaron por estos días preguntas de clientes, colegas, familiares y amigos intranquilos: “¿Va a subir el dólar?”, ¿“hasta cuánto?”. Los analistas en general sostienen que la evolución a mediano y largo plazo de la cotización en Uruguay dependerá más de fenómenos externos —como la recuperación de la economía estadounidense, una suba de las tasas de interés mundiales o la forma en que se resuelva la crisis europea—, y las señales indican que la tendencia de aumento ya comenzó.

    Inversión con encaje

    Desde hace algunos años la máquina del Tesoro de Estados Unidos que imprime moneda está funcionando a todo ritmo, como parte del intento por reactivar la economía del país luego de la grave crisis que estalló en 2007. Esa expansión monetaria se combinó con niveles de tasas de interés casi nulas (para que tomar crédito resulte barato), además de las compras masivas de títulos y otros activos en el mercado financiero por parte del sector público.

    La consecuencia fue que los dólares abundan en el mundo y ello los desvalorizó frente a otras divisas. Fue lo que ocurrió en los últimos años respecto al peso uruguayo.

    En el caso de las tasas bajas, la consecuencia es que quien dispone de dinero busca invertirlo donde más le paguen, a un riesgo acorde. Fue lo que pasó con los títulos en pesos nominales o reales a tasas de interés atractivas que emiten el BCU (Letras y certificados de regulación monetaria) y el Ministerio de Economía (Notas del Tesoro) en Uruguay.

    Desde hace algunos meses —en especial luego de que Moody’s se convirtiera en la segunda calificadora en categorizar a Uruguay como un país con bajo riesgo para la inversión, en agosto de 2012— las autoridades del gobierno vieron con preocupación la llegada de capitales desde el exterior para comprar esos papeles en pesos, porque los dólares pasaban por el mercado local y deprimían el tipo de cambio. Las Notas del Tesoro en moneda nacional en manos de inversores del exterior pasaron de representar 2% del total en circulación a fines de 2011 a cerca de 10% en agosto de 2012. La semana pasada ese porcentaje llegó a 50%.

    Un dólar barato en Uruguay tiene efectos contrapuestos: los artículos importados entran a menor precio a la plaza (lo que favorece la contención de la inflación), pero por otro lado daña la competitividad de las exportaciones (las empresas que venden mercadería al exterior reciben divisas que valen menos al cambiarlas por pesos).

    La estrategia que siguió el gobierno para tratar de evitar la desvalorización del dólar fue principalmente la compra de moneda extranjera en el mercado por intermedio del BCU. Pero las divisas se acumulan como reservas (superan los U$S 15.000 millones) y son más de lo necesario para enfrentar casi cualquier crisis, incluso una mayor que la de 2002 según algunos estudios. Es un seguro caro que se refleja en un deterioro en las finanzas públicas.

    En agosto de 2012 el BCU adoptó una medida más audaz —similar a la que habían tomado otros países de la región— y exigió a los agentes del exterior que mantuvieran inmovilizado el 40% del dinero que inviertan en sus títulos de regulación monetaria en pesos nominales o ajustados por la inflación. Ese dinero retenido, conocido como un “encaje”, no produce ganancia y le quita atractivo al negocio financiero.

    Pero sobre todo fondos de inversión y otro tipo de agentes foráneos se volcaron hacia las Notas del Tesoro emitidas por el Ministerio de Economía, que estaban libres de esos encajes. Así, los dólares seguían entrando al país, su precio tendía a bajar dañando la competitividad y el BCU debía comprar más y más para tratar de evitarlo.

    Nueva estrategia.

    El equipo económico empezó a rever esa estrategia hace unos meses y a mediados de mayo dejó trascender a la prensa que lo hacía (ver Búsqueda Nº 1.714). Eso generó expectativas entre los agentes y el dólar registró un salto en su cotización en esos días.

    Los anuncios de las nuevas medidas, que fueron más allá de lo que las autoridades habían deslizado a los periodistas, se concretaron en la tarde del jueves 6 en una conferencia de prensa en la sede de Economía que siguió a una reunión del Comité de Coordinación Macroeconómica, un ámbito en el que participan autoridades de esa secretaría de Estado y del BCU. La presentación tuvo una concurrencia nutrida y duró cerca de una hora y media.

    En la conferencia y a través de un comunicado del Comité se explicó que es necesaria una “adaptación instrumental” que “permita lograr los objetivos de estabilidad económica y financiera en un marco de equidad de manera más eficaz y con menores costos para la sociedad”.

    En referencia al flujo de capitales que está llegando para adquirir títulos públicos en pesos, que definió como inversión “especulativa”, el ministro de Economía, Fernando Lorenzo, dijo que “estas presiones amenazan con afectar” los “equilibrios macroeconómicos”. También están causando costos fiscales “exorbitantes”, afirmó el jerarca.

    Frente a ese fenómeno, la nueva medida consiste en aplicar, también a las Notas de Tesorería, el requisito de inmovilización, pero por la mitad del monto de la inversión que hagan los no residentes. La decisión se formalizó con una resolución del Directorio del BCU aprobada el viernes 7 que, como había sido anticipado en la conferencia, simultáneamente elevó también a un monto “no inferior al 50%” el encaje para los títulos de dicho organismo. La medida regirá desde el próximo 1º de agosto.

    Lorenzo aseguró que el efecto esperado es una suba del tipo de cambio y evitó estimar una magnitud.

    Los agregados y el pato

    Los otros anuncios involucraron a la política monetaria y la inflación.

    Debido al empuje de la demanda interna —asociado al aumento de los salarios, más inversión y gasto público creciente— y la valorización de los commodities en el mundo que se refleja en la economía uruguaya, la suba de los precios al consumo ha rondado el 8% a 9% en períodos anuales, más de lo esperado por las autoridades, por lo que su estimación (un rango de 4% a 6%) perdió credibilidad frente a los agentes.

    A comienzos de la década pasada Uruguay adoptó un esquema de objetivos de inflación, lo que supone procurar —sobre todo desde la política monetaria— que la suba de precios minoristas se alinee con determinada meta (que en los hechos ha sido un rango) explicitada por las autoridades.

    Desde 2003 a 2007 el BCU controló la cantidad de dinero y otros medios de pago circulantes en la economía con emisiones y amortizaciones de títulos en pesos, con lo que retiraba o volcaba moneda a la plaza. La referencia originalmente era la base monetaria (efectivo y dinero depositado en bancos) y luego fueron indicadores de crecimiento para los medios de pago.

    Pero en setiembre de ese último año, y cuando las presiones inflacionarias se habían intensificado, el gobierno resolvió abandonar el manejo de dichos agregados monetarios como eje de la política y el mismo pasó a ser la tasa de interés (ver nota aparte y en página 30). Así, el Central estableció niveles de tasas de referencia para el mercado de pesos entre bancos (actualmente 9,25%) buscando que eso se refleje en el costo de los créditos, por ejemplo.

    El presidente del BCU, Mario Bergara, anunció en la conferencia una vuelta atrás desde el 1º de julio y dijo que el detalle de qué agregados monetarios se tomarán como referencia bajo este esquema se definirá en la reunión del Comité de Política Monetaria del próximo jueves 27. Serán objetivos claros para que su evolución pueda ser monitoreada (aunque eso podrá hacerse en forma mensual y no diaria, como ocurre hoy con la tasa de referencia).

    En distintos tramos de la conferencia ese jerarca admitió el fracaso al régimen de tasa de interés: como instrumento “ha perdido buena parte de su eficacia”, tenía “poco y nada” de influencia en el mercado o directamente “nada que ver” con el costo del crédito.

    También anunció la decisión de ampliar desde 4% a 6% anual a 3% a 7% el rango establecido por el gobierno como meta para la inflación, a partir del 1º de julio de 2014. El centro entre esos guarismos mínimo y máximo sigue siendo 5%, pero una mayor amplitud hace más fácil alinear las expectativas de los agentes en un contexto de incertidumbre externa que durará al menos otros dos años, argumentó Bergara.

    Junto con esa modificación, informó que el nuevo rango se establecerá para lapsos de 24 meses, en lugar de los 18 que rigen para el que está vigente. Señaló que con ello “se inserta un sinceramiento” en dicho horizonte temporal.

    “Estas cosas tienen que tener cierta estabilidad, durabilidad”, afirmó, pero enseguida agregó para justificar el cambio: “Nosotros creemos que en estas condiciones sí tiene sentido reconocer que la volatilidad y la incertidumbre sigue siendo enorme a nivel global, y que los márgenes que tenemos hacen que debamos tener más tolerancia con el rango objetivo”.

    En el pasado Bergara había apelado a la metáfora de un arco de fútbol o de un pato utilizado en el tiro al blanco para rechazar la posibilidad de ampliar el rango con el fin de conseguir que la inflación quedara dentro del mismo, cuando sistemáticamente lo superaba.

    En la conferencia dijo que el cambio anunciado supone reafirmar el “compromiso” del gobierno en el combate a la inflación.

    En los doce meses cerrados en mayo los precios minoristas subieron 8,06%, conforme con la medición oficial. Eso son más de tres puntos por encima del centro del rango meta.

    Los anuncios tuvieron inmediata reacción e incluso durante la conferencia un periodista lanzó una pregunta acerca del nuevo rango y su posible incidencia en la negociación salarial, a partir de un twitter de un sindicalista. Lorenzo, molesto, reafirmó que el nivel central del rango sigue en 5%.

    Los analistas en general coinciden en que el ancla en la tasa de interés no resultó efectiva y ven menos claro qué ocurrirá tras el retorno al manejo de agregados monetarios, a la luz de la experiencia pasada.