N° 1864 - 28 de Abril al 04 de Mayo de 2016
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿Qué tienen en común todas las empresas financiadas por el Fondes y Raincoop? Están casi todas fundidas y solo sobreviven las que tienen subsidios o negocios con Venezuela. Tal vez alguna esté funcionando por su cuenta y vaya a saber si algún día pagarán el préstamo que les dieron los contribuyentes.
Es bueno recordar los motivos que llevaron a crear el Fondes en el año 2011, para “prenderle una vela al socialismo”, según declaró el ex presidente José Mujica. Y así lo decía la página web de Presidencia el 20 de abril de 2012: “Con el objetivo de brindar asistencia y soporte financiero a proyectos productivos viables y sustentables de interés del Poder Ejecutivo, se creó el Fondo de Desarrollo (Fondes). Tendrán prioridad emprendimientos con participación de sus trabajadores en la dirección y capital de las empresas, y en particular modelos de autogestión ”.
Y el artículo 2, literal A, del decreto 341/2011, dice: “Se entiende por emprendimiento autogestionario aquel en el que la propiedad del capital, la gestión empresarial y el trabajo son aportados por el mismo núcleo de personas, o en el que los trabajadores participan mayoritariamente en la dirección y el capital de la empresa”.
La clave del fracaso es no entender que “sin empresario no hay empresa”. Y sin métodos profesionales de gestión, tampoco. Ser empresario no es para cualquiera. Hay que tener visión del negocio, capacidad de tomar decisiones (muchas de ellas duras o desagradables), hay que tener el estómago para asumir riesgos y poner la propia casa de uno en garantía de sus sueños, hay que saber negociar, quedarse sin dormir para cumplir con un compromiso y tener la resiliencia necesaria para caerse cien veces y levantarse ciento una. ¿Tiene un obrero estas características? ¿Acaso todos tienen esta vocación?
Como decía Sir Winston Churchill: “Muchos miran al empresario como el lobo al que hay que abatir. Otros lo miran como la vaca que hay que ordeñar. Y muy pocos lo miran como al caballo que tira del carro”.
Es patético enterarse sobre cómo toman las decisiones en la asamblea de socios de Raincoop. Cuatrocientos individuos a los gritos, muchos recibiendo presiones de sus propios colegas para votar determinadas mociones y, sobre todo, votando y opinando respecto a temas acerca de los cuales no tienen la más mínima idea. ¿Qué puede saber un guarda, un chofer o un mecánico sobre estrategias de marketing, de costos, de tecnología, de calidad de atención al cliente, de gestión estratégica de recursos humanos o de finanzas? ¿Acaso esta gente se reúne en asamblea para votar si operan a un “compañero” de un tumor o le hacen un tratamiento naturista? ¿Acaso votan a favor o en contra del cálculo estructural que presentó el ingeniero civil sobre un nuevo edificio a construir? ¿Cómo pueden concebir la esperanza de opinar sobre temas de los que no tienen la más mínima idea? ¿Acaso no es un acto de soberbia de estos individuos que se muestran como tan humildes?
Pueden hacerlo porque no pierden nada. Si están negociando algún valor de Raincoop, no es porque ellos hayan valorizado la empresa con su buena gestión, sino todo lo contrario: destruyeron riqueza. El valor que tiene Raincoop es por el derecho prebendario que le otorga la Intendencia para utilizar ciertas líneas de transporte. Ni Raincoop ni sus socios deberían recibir un centavo por un valor ficticio creado por el monopolio municipal. Es lo mismo que el valor de la licencia para tener un taxi.
Además, los “muchachos” están negociando (¿presionando?) para que los reubiquen en otras empresas del rubro y ya veremos si son las otras cooperativas o, paradójicamente, terminan trabajando en las privadas Cutcsa o Copsa.
Este es el gran fracaso del socialismo: renegar del rol de la empresa y del empresario. Las pocas cooperativas y proyectos “autogestionados” que funcionan descansan en alguno de sus miembros que asumió el liderazgo (actuando como empresario, no como “compañero”), aplicó criterios empresariales para gestionar (como no contratar más gente que la necesaria en vez de “defender los puestos de trabajo”) y manejó el negocio con disciplina, tanto financiera como con los recursos humanos.
Es decir, entre los “compañeros” hubo los que actuaron como líderes empresarios y otros como seguidores empleados. Y mientras no reconozcan esta realidad y quieran matar al lobo o secar a la vaca, cada vez menos caballos querrán tirar del carro.