Desde el martes pasado, en nuestro país el tiempo se medirá en AU y DU, o sea Antes de UPM y Después de UPM.
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El milagro finlandés se ha concretado, y el maná, aquel alimento en forma de copos de nieve que, según el Antiguo Testamento, Dios les envió a los israelitas para socorrerlos mientras atravesaban el desierto, caerá generosamente sobre la Tierra Purpúrea en forma de pasta de celulosa.
Estamos salvados.
En la era DU, todo serán contratos, obras públicas, caminos, carreteras, vías férreas, puentes, instalaciones portuarias, reíte de los cien mil puestos de trabajo que ofrecía Juancito, los de Tabarecito serán muchos más. Danilo se atragantará haciendo gárgaras con las cifras del canon, los nuevos salarios, la disminución del desempleo, la recaudación, bajará el déficit fiscal, crecerá el PBI, el BPS les volverá a pagar el aguinaldo a los jubilados, los desamparados ya no dormirán en la calle, se mudarán a refugios-modelo que Marina construirá a lo largo y ancho del territorio, con calefacción, aire acondicionado, Netflix y guarderías para las mascotas.
El Grado Inversor se mudará a vivir en Uruguay, y desde aquí repartirá bendiciones entre los países tan afortunados como el nuestro.
El Señor se apiadó de nosotros (el Señor Jussi Pesonen, claro).
No será difícil olvidar la dolorosa etapa AU, en la que pasaban tantas cosas horribles, cuando había desempleo, inseguridad, pérdida de puestos de trabajo, déficit fiscal, y muchos menesterosos dormían a la intemperie en las gélidas noches de invierno.
Pero no todo fue malo. Y corresponde que recordemos las cosas buenas de aquella era, hoy superada.
Apenas una semana antes de la nueva fecha patria del 23 de julio, nuestro presidente estaba de visita en la Argentina, para una reunión-cumbre del Mercosur.
Llevaba en su carpeta un proyecto para discutir, de presidente a presidente, con su colega de Petrobras, don Roberto Castelo Branco.
Después de tomarse una sopita calentita de crema de arvejas con galletitas de salvado, nuestro austero y saludable primer mandatario se reunió con el poderoso mandamás de una de las empresas más grandes del continente (no tan grande como UPM, claro, pero grandota igual) y le presentó el proyecto.
Don Castelo Branco ni se la discutió, tal fue la energía y la convicción que su colega presidente demostró durante la exposición de motivos.
—Aceito, sem discussao —le dijo a don Tabaré, apurando un Chivas Regal doble que se había servido del frigobar de su suite del Hotel Alvear, porque el hombre no toma sopita de crema de arvejas, no, señor.
Petrobras acababa de decidir abandonar en el Uruguay todas sus pertenencias, sin nada que reclamar. La planta del gas ocupada, la carpa de la dignidad, las estaciones de servicio, las instalaciones, la cartera de 50.000 clientes, renunciando a la demanda judicial por apropiación indebida, cancelando los despidos, reconfirmando a todo el personal y recontratando a los que tenían contratos de trabajo vencidos. Con retroactividad al día de su instalación en Uruguay. El Estado uruguayo se haría cargo de toda la operación.
Qué lo parió —dijera Mendieta, el perro de don Inodoro Pereyra.
—Tengo que comunicar estas noticias a mi país —le dijo a continuación don Tabaré a su interlocutor, y cazó su celular satelital.
Adivinen a quién llamó.
¿Al ministro de Industria, Energía y Minería?
Ese hubiera sido el candidato clavado, pero desde que la emperatriz Carolina la Grande dejó el puesto para dedicarse con tanto éxito a la política, el flaco que quedó en su lugar tiene más pinta de auxiliar cuarto que de ministro. No vestía el puesto como para ser el receptor de tan importante noticia.
Otra candidata a recibir tan buenas nuevas podría haber sido la elegante y distinguida Ing. Marta Jara, presidenta de Ancap, presumiblemente porque esta castigada entidad será probablemente la encargada de cargar con el Frankenstein que don Castelo Branco le acababa de endilgar a nuestro presidente.
Pero tampoco.
—¿Hablo con el presidente del Consejo Ministerial Laboral y Poderoso Gran Comendador de los Controles Obreros? —dijo Tabaré, esbozando una sonrisa ganadora.
—Dejate de joder, Tabaré, que estoy muy ocupado —le contestó S. E. don Fernando Pereira, desde su despacho en el Palacio del Trabajo Pepe D’Elía en la calle Jackson—. ¿Qué querés? Dale, que estoy para salir con Abdalita a llevarle unos pollos al spiedo a los de la huelga de hambre a la carpa ahí frente a tu torre.
—Se arregló todo, Fernando. Petrobrás cantó flor. Dejan todo, renuncian a todo, no hay despidos, la empresa queda en manos del Estado uruguayo.
—¿En serio? Daaale…
—Así como te lo digo. Además de los pollos, llevá champagne.
Y si para Ernest Hemingway París era una fiesta, para el PIN-CNT Montevideo Gas fue una fiesta. Comieron, cantaron, bebieron y bailaron hasta altas horas de la madrugada.
Ahora se espera que el Estado uruguayo se deshaga de este paquidermo deficitario, pero, como el propio artífice de esta fenomenal solución lo adelantó, hay varias empresas interesadas en perder por lo menos tres millones de dólares por año para poder dejar a los uruguayos calentitos no solo por la crisis, sino también porque la calefacción funciona.
Diosdado Cabello & Asociados, pujante empresa venezolana, es una de las postulantes, con grandes ventajas, ya que proviene de un país donde los temas energéticos son una clara prioridad. Su principal, además, es un hombre de negocios con mucha experiencia en la materia. Es el proveedor de cámaras de gas para el gobierno venezolano, que las utiliza para deshacerse de incómodos roedores y otras alimañas que incomodan la paz y la salubridad de esta progresista patria democrática y amiga.
Pero no es el único competidor.
También está en carpeta la firma rusa Suegroski de Sartorich Lavagazprom, una empresa perteneciente a un conglomerado empresarial que viene suministrando gas por cañería a los bancos estatales rusos y al palacio del Kremlin, uno de cuyos directivos es amigo íntimo de Vladimir Putin, de Nicolás Maduro, de Tayyip Erdogan y de Juan José Rendón.Va a ser un candidato poderoso.
Pero la que parece que es número puesto es la empresa Leadgaz, de capitales argentinos, dirigida por Matías Gazpiani. Se trata de un grupo capaz de hacer volar alto cualquier emprendimiento, tan alto que desaparece de la vista.
Como el gas.