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Hay que venderle a Cristina los derechos de la imagen de Artigas para que los kirchneristas puedan utilizarlo como héroe patrio. Ella anda en la búsqueda de un caudillo bien nacional y popular como Artigas, indómito, progre y con frases del calibre “los últimos serán los más privilegiados” y ese tipo de aforismo estilo Jesús que tan lindo decía Artigas. Nosotros a Artigas ya lo usamos un montón, la verdad, no le podemos sacar mucho más jugo. Lo han usado por igual milicos, tupas, intelectuales de izquierda y derecha, liberales, conservadores, marxistas, periodistas deportivos, marcas de yerba, álbumes de figuritas, dibujitos animados, etc. Creo haber visto hasta un horóscopo artiguista (convengamos que “la causa de los sagitario no admite la menor demora” o “Tauro: no esperen nada que no sea de ustedes mismos”, podrían ser funcionales).
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No tenemos mucho más en qué usarlo, y un poco se nos lavó Artigas también, hay que admitir. Lo metimos tanto a Artigas, acá y allá, para todo, como los indios con el curry o los mexicanos con el picante, y el desgaste es notorio. A mí me nombran a Artigas y me salen hemorroides. Quizás sea tiempo de que nosotros visitemos otros próceres, y que él también tenga la chance de conocer otras patrias.
Si a Cristina le gusta, ¿por qué no venderle los derechos y sacarle un último beneficio a Artigas? No sé si Artigas quería ser argentino, pero sé perfectamente que, como uruguayos, tampoco tenemos la autoridad moral para oponernos a esa idea. Lo único que sabemos de Artigas en cuanto a sus deseos es que no quería ser uruguayo. Nuestro padre abandónico nos dejó por un árbol y un negro que le cebaba mate en Paraguay, ni siquiera por una mina y dos pasajes a la Polinesia.
Con la compra de los derechos de Artigas, Cristina se llevaría los restos de Artigas (que difícilmente tengan los restos de Artigas adentro). Artigas murió como un ñoqui del Estado paraguayo, sin demasiado reconocimiento oficial, en 1850, lo enterraron en Paraguay medio a la que te criaste; cinco años después aparecimos nosotros pidiendo que manden los restos. A lo que los paraguayos respondieron: “¡¿el qué?!” Los restos de Artigas, nuestro prócer, que murió allá en la tierra de ustedes. Ni sabemos dónde están. Deben estar por ahí, busquen bien. “Ah sí, mmm, claro, eh, bueno, en un par de meses se los estamos mandando”. Y así nos mandaron “los restos de Artigas”. Hay que reconocerles a los paraguayos un talento especial para rellenar cosas con un contenido distinto al que dice en la etiqueta. Le damos la urna que, según nos dijeron los paraguayos en el 55, trae los restos de Artigas. También iría parte de Artigas el departamento en el negocio (la parte más pobre le vamos a dar, vamos a sacarnos ese problemita de encima, ya que estamos), junto con —y acá viene la jugada maestra— ¡ALUR! Le damos ALUR para que tenga algo bien nacional y popular como los cañeros de Bella Unión (Artigas), los peludos cañeros que son lo más revolucionario que hay en el mundo y que nos tienen las bolas chatas, es un búmerang generacional que le está volviendo al hijo de Sendic, que lo tenemos pagando una deuda de su padre, que los manijeó, les hizo creer que eran los campesinos de la revolución rusa, y ahora le estamos pagando entre todos un Disney World para ellos, ¡y no les gusta encima! Pero esto no se lo vamos a decir a Cristina, se los vamos a vender como lo último en espíritu revolucionario de la tierra latinoamericana que sangra las heridas del imperio.