El problema es que la entendida en el tema, la que verdaderamente sabe de judaísmo, es la bobe, y a la bobe hace rato que se le escapó el relleno del gefilte fish, por decirlo de una manera alusiva a nuestras raíces. Por eso le erramos.
El problema es que la entendida en el tema, la que verdaderamente sabe de judaísmo, es la bobe, y a la bobe hace rato que se le escapó el relleno del gefilte fish, por decirlo de una manera alusiva a nuestras raíces. Por eso le erramos.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl Domingo cenamos con mi familia por Pesaj. Arrancamos mal, hay que admitir. Lo que mencionaba: a la bobe no le gira el plato en el microondas, por decirlo de una manera florida y moderna sin salir de lo gastronómico, y preparó una cena de Pesaj convencida de que era Pesaj en pleno año nuevo o Rosh Hashaná. Igualmente, el error más grande que cometimos el Domingo fue invitar a nuestra cena de Pesaj involuntario a una tía que vive en Israel. ¿Qué pasó? En principio, estuvimos media hora para persuadirla de festejar Pesaj en lugar de año nuevo, en tren de no contrariar a la bobe, que está llenita de buenas intenciones pero se le ha trancado la hoja en la impresora, por decirlo de una manera con algún giro literario (el de la hoja). Nuestra tía, uruguaya que vive en Israel hace treinta años (son los peores, como los comunistas que vivieron en Cuba, te hablan con una propiedad insoportable), insistía en que le resultaba menos pernicioso contradecir a la bobe que a Jehová. Como si Jehová en pleno aniversario de su propia invención fuera a estar mirando justo para Uruguay, y dentro de Uruguay, una casa que no estuviera en Pocitos. En cambio la bobe sí estaba ahí, con su bola que hace tiempo se le fue por la canaleta, para decirlo de una manera casi deportiva, pero estaba ahí y sólo ahí, y le iba a dar una angustia horrible haber preparado una cena de Pesaj en pleno Rosh Hashaná.
Después de una tensa discusión en la que tuve que mediar, diciéndole a esa tía sabelotododejudaísmo que pagaría con su vida o mil dólares que debía tomarle a consignación en ese mismo instante, si la bobe se sentía mal por el desatino y pedía un médico (cosa que hace siempre que se siente mal, mentí); el asunto se acomodó. Pero se volvió a estropear cuando alguien trajo el pan ese, la jalá que le dicen, que había comprado la bobe con mucho amor. Resultó ser que la jalá no es de Pesaj, es de año nuevo, y la tía yosíséporquevengodeTierraSanta lo dijo ni bien lo vio y agregó que era imposible que fuera de Pesaj porque Moisés tuvo que irse de Egipto a las corridas y no le dio para laudar el pan y por eso se come solo matzá en Pesaj.
La dejé terminar su explicación —soy un hombre educado—, y acto seguido le dije que a mí no me iba a venir a decir cómo festejar Pesaj en Uruguay, que yo no me metía en Israel y ella no se metiera en Uruguay, y acá en Uruguay se come el pan ese y chau, porque acá hubo y habrá tiempo para todo lo que haya que hacer. Dicho esto, arranqué la mitad de la rosca entera de jalá y me la metí en la boca, y me eché el medio pote de miel en el buche para no faltar al ritual. ¿Quién quiere?, alcancé a preguntar con los ojos llenos de lágrimas y un hilito de aire que se filtraba entre la harina. Pero va y me dice la mefaltaunamateriapararabina: Yo no me puedo hacer a la idea de que es Pesaj en pleno Rosh Hashaná si al mismo tiempo se come jalá que es de año nuevo.
Callate y comé, le dije mientras introducía jalá en todas las bocas de la familia.
Silencio.
¿Cuándo vamos a abrir los regalos, tío?, me preguntó una sobrina chica, que es una luz pero inoportuna como ella sola. La tía melassétodasporquevivoeneldisneyworlddelosjudíos soltó la carcajada, despectiva, y yo le solté el caldo de las bolas (de matzá) en la cara, al tiempo que le preguntaba: ¿el caldo de las bolas es de Pesaj, o no, eh?
Al final el caldo de las bolas sí, es de Pesaj, gracias a Jehová es de Pesaj.