En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
No paro de pensar en la secuencia de La Última Cena. En mi humildísima opinión, un poco se pasó de rosca Jesús contándoles el final de la película a todos sus apóstoles. Los finales no se cuentan, si ya viste toda la película porque sos el hijo humano del director y guionista y el productor y la distribuidora, todo, digamos, no podés andar contando el final a tus 12 amigos que invitaste a comer en una cena de Pascuas; tipos más comprometidos que el Club de Amigos de Magurno incluso. Y les contó el final, ¡a los 12! A Juan, a Pablo, a Pedro, a Tomás, a Judas que parece que eran dos diferentes (Iscariote es el buchón, el más conocido, pero había otro), a Mateo, de Mateo me acuerdo porque era cobrador de impuestos de Roma, se llevó uno de la DGI para su plantel Jesús, no era ningún gil —como alguna vez dijo Huidobro—, todo lo contrario: un contador tenés que tener siempre cerca, por las dudas, Jesús las sabía lungas; y pará de contar, hasta ahí me acuerdo, 7 de 12, no está tan mal. Se ve que los otros Apóstoles eran más perfil bajo, no eran tan mediáticos.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Un tipo bárbaro Jesús, perfecto, como dice la Biblia, pero en la Última Cena se pasó, eso no me lo pueden discutir. En el medio de la comida, no esperó ni a la sobremesa. Les lavó las patas a todos, hizo alguna ceremonia más, y cuando fueron a comer Jesús dijo: “Uno de ustedes me va a entregar”. Y Pablo dijo: “Pá Jesús, te pegó pa’ abajo ese vinito”. Y Pedro dijo, con la boca llena: “Qué necesidad de arruinar la cena de Pascuas, ¿no? La verdá Jesú, ¿pa’ qué nos invitás si va a ser todo mala onda?”. Y Jesús tomó el pan y les dijo: “Tomad, comed, este es mi cuerpo”. Y Judas Iscariote dijo: “No gracias, paso. Lo de que el vino es tu sangre lo llevo bien, no me molesta, pero ya ver tu cuerpo en los pedazos de pan marsellés…”. Y Tomás dijo: “Espero no lo tomes a mal, tú eres el hijo de Dios, pero ¿te has higienizado las manos luego de lavarnos los pies a todos en un latón y antes de repartir el pan?”. Y Jesús repartió el pan, sin responder, y luego dijo: “Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid”. Y Pablo intervino: “¡Andá Jesú!, ¿sabés cuántas veces dije yo que iba a dejar el vino por una que me pegó pa’ abajo?”. Y Jesús aclaró: “Hasta aquel día en que lo beba de nuevo con vosotros en el reino de mi Padre, no volveré a beberlo”. Y Judas, el que no conoce nadie, se quejó: “Yo me había traído hasta el gel para ir a Azabache después de cenar, pero ya veo que la noche de hoy es de bajón”.
Y Jesús se fue a hacer unas cosas y les pidió que se quedaran despiertos orando por él, pero al volver estaban dormidos. Y Jesús le dijo a Pedro que lo negaría tres veces antes de que cantara el gallo. Y Pedro respondió: “No, qué te voy a negar yo, no te niego nada, no”. Y Jesús dijo: “Pedro, no gastes tus negaciones ahora, estás volviendo loco al gallo”.
Y Pedro lo negó después en un fogón con unas empleadas, y cantó el gallo. Y lo volvió a negar, y otra vez lo negó. Y cantó el gallo por segunda vez. Y Pedro se dio cuenta de que se había cumplido la profecía de Jesús. Un poco lento Pedro, hay que decirlo también.
Quiero detenerme en la habilidad de Dios para elegir el personal: después de que Pedro negara a Jesús, Dios lo puso de portero del Más Allá. Y esa es básicamente la función del portero: saluda, le festeja todo al que pasa, y ni bien se va lo arruina, como corresponde a su oficio —no lo hace de malo, es para cumplir con su rol—. Tampoco es descabellado suponer que San Pedro sigue negando un poco a Dios como buen portero, especialmente cuando le tiene que impedir la entrada a alguno: “No soy yo el que da las órdenes, si fuera por mí te hago entrar, pero el Señor es medio elitista, le gusta que le entre gente de bien nomás, es para que el local tenga fama de exclusivo”.