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    Haciendo boca

    Me interesa mucho esta costumbre que anda en la vuelta hace un rato: remarcar las actitudes, hechos o cosas que “generan violencia”. Lo lindo es que ya esa afirmación, hecha de manera pública, tiene un destino circular: quien lo dice genera violencia al explicitar que algo genera violencia, justificando así y hasta incitando cualquier acto violento que venga atrás.

    Pero más allá de ese contrasentido inicial, me interesa la onda esta de marcar con fluorescente lo que genera violencia. Va un borrador:

    #Calentar pescado en el microondas de la oficina genera violencia.

    #La ausencia de lugares para estacionar genera violencia.

    #El que pide un bis en los recitales genera violencia. Me explayo: siempre hay un bobi que empieza “otra, otra”, y siempre algún otro quedi lo sigue, y uno no se puede ir a su casa tranquilo porque hay que amortizar la guita de la entrada, y piensa: no me voy a ir antes si ya pagué (es como dejar refresco en la botella en un bar, hay que tomarse hasta la última gota y de acá no se mueve nadie hasta que no se liquide). Eso de que el músico hace como que se va y se queda escondido a la vuelta del escenario esperando que pidan otra, y todos hacemos como que es un acto espontáneo, ¿no genera violencia, eh? A mí cuando termina el recital me gusta que termine el recital y uno se pueda ir, ¿tan difícil es manga de inseguros complacientes?

    #El imbécil mental que pide un SEGUNDO bis es una represa hidroeléctrica generadora de violencia.

    #Los veganos generan violencia (mucho más si van a las domas de la rural con pancartas, está comprobado).

    #Los envases de plástico en los que vienen los walkman o los destapadores, o cualquier otro aparato tecnológico de ese tipo, generan violencia. Me refiero a esos envases bien pero bien pegados al producto y de un plástico muy fuerte, intraspasable, que no tienen resquicio por el que se le pueda meter los dientes ni apuñalarlo con un cuchillo, y no hay cómo entrarle y dan ganas de comprarse un revólver y agarrar a tiros a los de la tienda en la que se adquirió el producto, quienes seguramente estén riéndose de uno en el mismo momento que hierve su sangre en la lucha desigual contra el plástico más inaccesible del mundo. 

    #Los taxis Fiat 1 generan violencia. 

    #Los mozos que dicen “CHICOS, ¿yyya ssaben qué van a querer o less alcanzo el menú?”, como si fueran argentinos, generan violencia.

    #El control remoto con poca pila genera violencia. 

    #Los cumpleaños sorpresa generan más violencia que el terrorismo. Es el peor invento del hombre, no me vengan con la bomba atómica, el cigarrillo, la tortura, ni el chupa chupa de salamín, ni el handball —que junta lo más aburrido del fútbol, el básquetbol y el lanzamiento de bala en un solo deporte—, ni esas giladas. Y no escucho a ninguno de esos que habla de “qué horrible el progreso y la contaminación y los inventos macabros del humano”, mencionar el cumpleaños sorpresa. Genera violencia en la víctima —el que cumple años—, y en los invitados que fueron congregados bajo presión —generalmente por un/a novio/a o esposo/a perverso/a— y tuvieron que mentirle a la víctima durante toda la semana, además de aparecer de atrás de un sillón que siempre es humillante. ¿Cómo el hombre llegó a esto? ¿Cómo puede hacerse tanto daño a sí mismo?