Sr. Director:
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMurió el fin de semana Héctor Bavastro, cercano a 100 años. Un rematador de cuna y de fuste, que convirtió su apellido en sinónimo del concepto y la actividad. Trabajador desde joven, profesional dedicado, empresario exitoso y responsable, buen padre de familia, ciudadano amable y cordial por sobre todas las cosas y —para mí, desde niño— un vecino admirable y entrañable, de quien invariablemente recibí su cariño y su buen humor.
Me quedo corto en un párrafo para evocar sus virtudes y sus talentos; apenas consigo reseñar aquéllos que mi corazón trae al recuerdo. Me deja el dolor de no verlo hace tiempo y ya no poder volver a verlo más, no obstante sea fácil imaginar su estampa y oír su “gola” al caminar por la calle Misiones.
Aunque sus hijos Eugenia y Pepe cumplan muy bien con el oficio del martillo heredado, la Ciudad Vieja será otra sin Héctor Bavastro; y el Uruguay, que ya es otro bien distinto del que fue y pudo ser, pierde a un hijo ejemplar de su matriz sobria e igualitaria, a un batllista de traje gris y corbata negra, trabajo y decoro de todas las horas. Por encima de diferencias o matices, Uruguay sangra un gran espíritu libertario republicano, que durante los largos años de dictadura militar nunca dejó de reclamar los valores liberales, de pregonar la falta de voto e instituciones, de arriesgar siempre y en toda circunstancia su bienestar material y comercial así como su libertad personal por defender sus ideas, solo, sin sindicato, sin partido, sin fiscales, sin exilio, sin jactancia, sin poder, sin cuento, Sr. Director, sin cuento. Lo recordaremos por el sueño que persiguió, por el camino que siguió, por su coraje y estridencia para ejercer la libertad de expresión, en la calle, acá, por usted y por mí, por la libertad.
Miguel Vieytes
CI 1.378.394-8