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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl Sr. Carnaval se merece un busto en la Colonia del Sacramento. Los colonienses somos una raza especial. Ser demostrativos no es lo nuestro. Quizás el hecho de tener un alto nivel educativo hace que controlemos mejor nuestras emociones. No somos pasionales como otras localidades de nuestro departamento. La ciudad nos ha hecho medidos, un poquito pacatos o fríos, tal vez distantes. La gente que se muda a nuestra ciudad siente que los ponemos a prueba durante un tiempo y luego, si se comportan, los aceptamos. En fin, características de nuestra ciudad. A veces somos injustos con nuestra propia gente, nos cuesta reconocer las virtudes de nuestros coterráneos. Es el caso de un gran personaje de nuestra ciudad. Mi amigo el Flaco me lo trajo a la memoria.
Con el Flaco hemos crecido juntos. Compartimos el barrio, el liceo y también el fútbol. Él, arquero del Pata Blanca; yo, de los Rojos del Pueblo Nuevo, en aquellas lindas terceras divisiones dirigidas por Almada y Florín, respectivamente. El deporte nos ayudó a crecer como personas. Con el deporte aprendimos a ganar y a perder, igualito que en la vida. Aprendimos a esforzarnos para ganarnos el puesto y por supuesto la botijada incorporaba buenos hábitos. El vestuario era una escuela. Los entrenadores no daban visa a aquel “me baño en casa”. Hábitos de higiene aprendidos en la escuela del deporte. No había mucha agua en el Barrio Mosquito, Iglesias o Los Nogales.
En su linda carta el Flaco (que ya no es flaco) plantea lo siguiente: “Para agregar una pizca de nostalgia te diré que hace unos diez días viajé a Colonia. Dado que llegué medio a las corridas fui a comprar algo para comer a un carrito de María Nimmo y la Rambla o la prolongación de la avenida Artigas ...nunca supe qué era. Lo cierto es que estaba ahí esperando y llega otra persona. Muy delgadito el veterano, ojos celestes, pocos dientes y gorra de visera ladeada. ‘Una milanesa...’, dijo. ‘Ya lo atiendo Don Palenca...’, le contestó la muchacha. ‘Perdón... perdón...’, dijo como avergonzado. Yo quedé desacomodado, como si de golpe hubiera viajado 50 años para atrás y se me volviera a la memoria el flacuchín que a saltos desgarbados de arlequín y cara pintada se subía a los tablados comandando su murga. ¿En serio? Empecé a girar la cabeza y casi murmurando lo saludé con un tímido y tonto ‘¿Usted... es... Palenca?’. ‘Sí m’hijo... yo mismo’. Y ahí ya nos pusimos a hablar sobre lo que me salía. Sobre los bailes de Carnaval en la pista de la Playa las Delicias (¡¡¡!!!), sobre General Flores tapado de serpentinas y papelitos, los pomos... Hace 75 años que sale en Carnaval! Le pregunté si se acordaba del ‘Aguilucho’ Parodi, aquel que vestido de mariachi nos daba serenatas en las Navidades. Y Palenca se me quejó porque Colonia lo borró de su memoria al ‘Aguilucho’. Le envolvieron la milanesa y el viejito se perdió en la noche. Ojalá Colonia no se olvide de este hijo y haya una calle, una plaza o algo que en el futuro se llame Palenca... algo que perfectamente podemos celebrar con él”.
¡Qué linda idea la de homenajear a don Ramón Barreto, Palenca para toda la ciudad! ¿Cómo no acordarse de su murga La Nueva Ola con sus trajes blancos y lunares rojos? ¿Cómo no acordarse de Palenca? Él era el sinónimo de Carnaval. Palenca era El Carnaval. En aquellos tiempos la fiesta no es lo que es hoy, un gran espectáculo que para muchos es un gran negocio. En la década de los ‘60, el Carnaval en Colonia del Sacramento era diversión pura, trabajo voluntario en su máxima expresión. Amateurismo en su quintaesencia. A pulmón se hacía algún tablado y el animador de turno organizando la colecta para que subiera la murga. ¿Cómo no acordarme de las noches en que me tocó escuchar redoblantes animando a los presentes a comprar rifas? Las murgas vendían sus versos en unos papelitos en blanco y negro impresos en mimeógrafo. ¿Se acuerdan? Digo murgas porque de vez en cuando venía alguna de Juan Lacaze, Carmelo o Rosario.
Palenca jugó al fútbol en Sarandí. Era un habilidoso puntero derecho, rápido, que desbordaba por el carril derecho de la cancha. Mucho antes que Cristiano Ronaldo, Palenca hacía la bicicleta en las canchas de nuestra Colonia. Pero su pasión siempre fue el Carnaval.
¡Qué lindo sería hacerle un homenaje en vida a don Ramón Barreto, Palenca! La Junta Departamental, tan ocupada en temas trascendentes, debería hacerse un espacio para ello. La Comisión de Cultura debería proponer hacer un busto de Palenca y ponerlo en la calle Baltasar Brum, cerquita de donde ha vivido toda su vida. ¡Qué lindo sería organizar un concurso entre jóvenes escultores colonienses para escoger el mejor modelo!
La identidad de las ciudades se conforma con las pequeñas grandes historias de sus mejores hijos. De gente modesta que ha entregado la vida a su vocación, en este caso 75 años al Carnaval. Ignoro si Palenca saldrá o no este año en el Carnaval, pero estoy seguro, que su inspiración anda rondando los empedrados de nuestras lindas calles colonienses.
Dr. Alberto Nagle Cajes
San José (Costa Rica)