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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCinismo progresista. Define la Real Academia Española la palabra “cínico” (entre otras acepciones) como “impúdico, procaz”. A mí me parece que aparte de ajustarse al concepto que tenemos de una persona cínica, significa también irrespetuoso de la inteligencia de su interlocutor o, en el caso de personas públicas, que hablan para una audiencia numerosa, de la de todo el colectivo a quien van dirigidas sus palabras.
Este gobierno tiene varios ejemplares de esa laya, que no solo nos mienten con absoluto desparpajo sino que, además, nos dejan más que calentitos, porque deben pensar que los orientales somos todos idiotas.
El cínico mayor de esa comparsa es, sin dudas, el contador Astori, que siempre comienza las frases con gran énfasis, diciendo “no conozco en el mundo otro caso…” afirmando algo que en ese momento se supone respalda su posición en el tema que se encuentra en discusión. Luego, con la misma convicción y con la misma muletilla (tal vez el pobre tipo en realidad es ignorante y no conoce nada) afirma lo opuesto, sin que se le mueva un músculo de la cara.
Son incontables las ocasiones en que lo ha hecho, pero como para muestra alcanza un botón, recordemos una intervención suya que extractamos del Diario de Sesiones del Senado de la República, cuando se trató la ley 16.697 (art. 24) en lo referente al Impuesto a las Retribuciones Personales (13ª Sesión Extraordinaria de 20 y 21/4/1995 CSS).
El entonces senador, luego Ministro de Economía y Finanzas, padre de la actual reforma tributaria y actual vicepresidente de la República, Cr. Danilo Astori, sostuvo “que las modificaciones al IRP a activos y pasivos le parecen muy injustas” y acotó: “dando una señal de que el país, más temprano que tarde, debe tener un impuesto a las rentas de las personas físicas, para terminar de una vez por todas de ser el curioso caso de un país que solo cobra impuestos a la rentas a sus asalariados y a sus pasivos, mientras no se le ocurre cobrárselo a los demás”. Y a continuación, señaló: “Quisiera que el Uruguay dejara de integrar esa categoría, en la cual no sé si habrá otros países en el mundo; en realidad no sé si existen otros países que cobran impuestos a la renta a quienes viven de un salario o de una pasividad”.
Todos sabemos que lo primero que hizo como ministro de Economía del primer gobierno del Frente Amplio fue gravar los ingresos de asalariados y pasivos y al ser interpelado por la oposición al respecto, especialmente por los pasivos, ¿qué puede haber dicho? Sí, acertó: “no sé si existen otros países que NO cobran impuestos a la renta a quienes viven de un salario o de una pasividad”.
En ese estilo se inscriben la apariciones del Sr. Ernesto Murro para convencernos de que no ha existido nadie que nos dé a los pasivos los fantásticos aumentos que él nos da. Eso, sin contar que nunca lo oí decir que no está de acuerdo con que nos reduzcan la pasividad con el IASS (antes IRPF), pese a que cuando se ganó el plebiscito de la seguridad social de 1994, que prohibía modificar las pasividades por medio de leyes presupuestales o de Rendición de Cuentas, expresó su satisfacción respecto a que ya no se podrían utilizar esos mecanismos en perjuicio de las pasivos, como se hacía entonces. Claro, eso era para los partidos tradicionales: el Frente puede ya que la Carta Magna es solo un papelito y lo político está sobre lo jurídico. ¡No faltaba más!
Volviendo al ajuste actual de las pasividades, estoy cansado de que nos diga lo buenos que son otorgando aumentos sobre la inflación —la que ellos dibujan, en noviembre casi el 10% y en diciembre la bajan 3 puntos porque UTE devuelve unos pesitos, que después recupera con el aumento de enero— ya que lo único que hacen es dar lo que corresponde por IMS, como establece el Artículo 67 de la Constitución.
Eso, Sr. Murro, no es mérito del Frente, sino del cuerpo electoral que en 1989 votó en un 83% la reforma que incluyó el ajuste de esa forma y ustedes no pueden hacer otra cosa, porque ya sería demasiado grosero.
En realidad, ustedes buscaron “una forma jurídicamente aceptable”, o sea un fraude a la ley, para rebajarnos ese ajuste con el IRPF primero y con el IASS después y, no contentos con eso, hace 3 años que vienen jugando —al mejor estilo del INDEC argentino— con la inflación para ajustar el mínimo imponible y las franjas por debajo del IMS (que debería ser el índice utilizado, por una mínima coherencia), lo que les permite comerse unos cuantos pesos de nuestros bolsillos y en muchos casos hace que gente que no pagaba el impuesto (porque estaba en el borde de la franja), pase a aportar, o que otros suban de franja, pagando un 10% más.
Sería bueno que la oposición divulgara más estas acciones engañosas, mostrando la verdadera cara de quienes con total cinismo no solo nos venden un tranvía, sino que encima pretenden que nos sintamos agradecidos por tanta bondad.
Agustín Tajes