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    Inflación reprimida

    N° 1959 - 01 al 07 de Marzo de 2018

    No podemos olvidar nunca que el Estado no tiene más dinero que el que las personas ganan por sí mismas y para sí mismas. De ese dinero que ganan, las personas pagan impuestos y entonces el Estado obtiene dinero. Si el Estado quiere gastar más que lo que recauda por impuestos, solo puede hacerlo endeudando a los ciudadanos — comprometiendo nuestros ahorros futuros—, incrementando impuestos o aumentando la inflación.

    El déficit público de 2017 superó los US$ 2.000 millones y se financió casi totalmente con deuda (mitad emitida en dólares y mitad en pesos), lo que permitió que la inflación en todo el año apenas alcanzara a 6,7%. Si se hubiera financiado el déficit con emisión, la inflación habría superado el 100%, lo que fácilmente habría catapultado a la economía a una hiperinflación. Además del déficit que tiene que pagar todos los meses, el Banco Central (BCU) compra dólares que según su versión “es para evitar que su valor caiga en el mercado”. El año pasado, los activos de reserva aumentaron US$ 1.840 millones, pero ¿con qué recursos se compraron esas reservas? Emitiendo deuda; o sea, las reservas en realidad son deuda.

    La estrategia del gobierno comprometió nuestros ahorros futuros al tener la obligación de devolver ese dinero que se tomó prestado. Es ingenuo pensar que alguien lo pagará y nosotros no; ese alguien somos cada uno de nosotros y si no lo pagamos, tendremos que endeudarnos en un monto mayor para cubrir el principal más los intereses.

    El pago del presupuesto y la compra de dólares implicó lanzar pesos al mercado. En el primer caso, cuando el gobierno se endeuda en dólares, estos los deposita en el BCU. A medida que lo requiere, el BCU le cambia los dólares por pesos para que el gobierno pague salarios, jubilaciones, etcétera. En el segundo caso, el BCU emite pesos y compra dólares en el mercado. Para evitar que toda esa masa de dinero agregada se traslade al dólar y a los precios, solo en 2017, el BCU colocó Letras de Regulación Monetaria (LRM) en pesos, por un equivalente a US$ 4.000 millones, lo que implicó duplicar el stock existente a fin de 2016. El BCU pagó el año pasado intereses por US$ 650 millones, cuando en 2016 había pagado US$ 530 millones. Evitar la inflación nos cuesta, a todos nosotros, pagar elevadísimos intereses en forma creciente.

    Pero hay dos aspectos que son asombrosos. Uno, que estamos pagando dos veces intereses: primero, cuando el gobierno se endeuda y, luego, cuando se colocan LRM para sacar el circulante que se emite todos los meses. Dos, que con esta política se ingresó en un costoso círculo vicioso ya que los aumentos de los impuestos y las tarifas públicas destinados a achicar el déficit, no llegan a producir los efectos deseados porque por otro lado aumenta el servicio de intereses.

    La represión de la inflación con deuda le sirve al gobierno para fomentar el consumo con un tipo de cambio que se atrasa permanentemente por premiar a los inversores con tasas de interés más altas para que se deshagan de sus dólares. Eso fuerza a un ajuste salvaje en el sector privado, con cierre de empresas y pérdida de empleos. La raíz del problema está obviamente en el aumento del gasto público sin ingresos suficientes. Es inaceptable que se argumente que el gasto no se puede bajar y que se festeje la baja de la inflación y el consumismo, sin reparar en el costo que se está imponiendo a esos consumidores y a todos nosotros, con un continuo y excesivo endeudamiento que tarde o temprano tendremos que pagar.