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    Inseguridad

    Sr. Director: 

    Es mi intención reflexionar sobre el proceder del Ministerio del Interior, en este caso, referido a los ciudadanos “de a pie” (los nabos de siempre). Salteo los asaltos a pequeños comerciantes, que el asombro y la impotencia nos deja petrificados al ver los noticieros. Como ciudadana a la que no ampara corporación alguna, en la calle, la única garantía con la que se cuenta proviene de la presencia y del accionar de “la policía”.

    Relato dos diálogos mantenidos con las autoridades policiales luego de haber sido víctima de malvivientes en distintas circunstancias en Montevideo.

    1ª) Hace dos años, de tarde, en los alrededores de 21 de Setiembre y Javier de Viana, fui atacada por un joven para robarme la cartera. Llegado el patrullero, le relaté los hechos y le pedí que hiciera un recorrido por los alrededores. Por distintas apreciaciones estaba convencida de que seguía en las inmediaciones. Respuesta: “nuestras órdenes, señora, consisten en tratar de consolar a la víctima”.

    2ª) En la noche del 28 de setiembre pasado,  circulando a la una de la mañana por la rambla de  Pocitos, caímos sin darnos cuenta en medio de una patota de Peñarol (que festejaba el cumpleaños de la institución), es decir: en las verdaderas garras de los “hinchas de fútbol”. Es una situación que no se la deseo a nadie. No sabíamos por qué éramos atacados salvajemente. Apaleados, con auto roto, con botellas de cerveza, terminamos en la seccional 10ª de Policía, que era un hervidero de policías en motos, patrulleros.

    Luego de hacer la denuncia, hablamos con el oficial que nos atendió.

    ¿Qué iban a hacer con esos vándalos? Era un ciclón humano de destrucción, odio y quién sabe qué otras yerbas. Respuesta: las órdenes son intervenir en caso de muerte o herido grave.

    Mi conclusión es que al Ministerio del Interior no le importa la ola de violencia desatada en las calles. No le importa y no procede. Retrotrayendo al pasado, lo entiendo. Las autoridades de ese Ministerio eran los que querían implantar “un mundo mejor” a punta de metralleta. Apelaban al secuestro, a la muerte y al miedo.

    ¿Qué podemos esperar? Nada. Atrincherarnos en nuestras casas, rezar porque nuestros hijos y nietos no sean víctimas de la barbarie que campea en las calles, y vuelvan sanos.

    Quisiera terminar con un mensaje de esperanza y optimismo. La única que se me ocurre es la movilización de “los nabos de siempre”. Los que pagamos cada vez más impuestos, no somos empleados públicos y queremos llevar una vida decente y en paz en nuestro país. Este Ministerio del Interior, no es tal. Es, en realidad, el Ministerio del Terror.

    Estela Cameto Chocho

    CI 1.979.117