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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCualquiera hace lo que quiere ante la mirada inoperante de las autoridades. Sí, es cierto que en el mes de abril las lluvias fueron extraordinarias, ocasionando inundaciones en gran parte de nuestro país. Por supuesto, se dijo, se mostró y se opinó mucho, pero tal vez por desconocimiento no se hizo pública parte de la verdad: que hay productores en la misma zona que han tenido y siguen teniendo sus campos como piscinas y al lado de sus lagunas, otros productores tienen sus campos como si nada hubiera pasado. Esta es la realidad que quiero comentar y que sucede en el norte del departamento de Rocha. Estamos hablando de la zona de Lascano, Cebollatí, San Luis, Barrancas, la ruta 15 y la ruta 19.
Desarrollamos en nuestro campo, desde hace muchos años, una explotación familiar de ganadería. Y en estos 35 años hemos tenido buen clima, hemos padecido secas y también inundaciones, y, por consecuencia, conocemos el comportamiento de nuestro suelo y de las aguas cuando vienen en exceso.
Desde hace un tiempo —hablamos de unos pocos años— hemos visto las transformaciones que se le han hecho a nuestro suelo con el fin —por supuesto, no criticable a priori— de obtener más rentabilidad de la tierra. Eso estaría muy bien si se actuara con responsabilidad, haciendo obras para mejorar lo suyo pero sin afectar a sus alrededores. Lamentablemente, sucede que muchas veces no se trabaja de esa manera y como consecuencia se hacen obras, como adaptar campos de arroz para hacer cultivos de otros tipos, por ejemplo soja. Esto requiere de obras que muchas veces no tienen en cuenta el cuidado del medio ambiente y el derecho de los vecinos de la zona y sólo tienen un fin: salvar de cualquier contingencia el área que ha sido dedicada al cultivo.
Con ese objetivo se construyen muros de contención, cambiando por voluntad del hombre y en forma totalmente artificial y antinatural, los cursos que tienen las corrientes de agua. Cuando hay crecientes y las aguas salen de sus cauces naturales demoran mucho más de lo que era normal en el pasado reciente para poder volver nuevamente a sus márgenes. Lo que ahora sucede es que son tantas las obras que sin permisos ni estudios previos de su impacto medioambiental y sin control se hacen, que el agua, después que sale de su cauce, tiene que moverse por un laberinto de paredes, chocando con una y otra obra y estacionándose en lugares que la mano del hombre ha transformado en grandes lagunas.
Así, lo que antes demoraba tres o cuatro días en retirarse, ahora demora mucho más: estoy hablando de semanas, con el agravante de que no se escurre totalmente.
No pasó inadvertido para las personas que debieron transitar, tanto por la ruta 15 como por la 19, en los tramos no cortados por las crecientes, que en uno de sus lados, donde hay campos habitualmente destinados para la cría de vacunos u ovinos, la altura del agua era de más de un metro (un gran lago hasta el horizonte) y del otro lado los campos estaban apenas encharcados, por efecto de las abundantes lluvias. Mientras unos cuantos productores buscaban desesperadamente salvar a sus animales tratando de llevarlos a algún lugar alto para que no se ahogaran, sin pensar siquiera en conseguir algún lugar donde pudieran comer, del otro lado de la ruta algún productor invernaba su ganado sin ningún apremio.
Lo que hoy sucede es que cualquiera contrata una retroexcavadora y hace la obra que quiere sin importarle las consecuencias negativas que puede estar generando.
Esta situación no es justa y alguien debe de poner fin inmediatamente a estos desbordes. Para eso están nuestras autoridades. En el caso del manejo del agua, es DINAGUA la que debe tomar cartas en el asunto y terminar de una buena vez con las obras que no cumplan con la reglamentación existente. Esas obras que están y han sido realizadas sin habilitación previa, por algún motivo nadie las ve; salvo los directamente involucrados y los afectados por las mismas: unos, para producir sin importarle los perjuicios que ocasionan, y otros para sufrir las consecuencias muy desafortunadas que genera la inoperancia de quien debe regular y controlar y no hace ni lo uno ni lo otro.
Un productor de la 6ta. Sección de Rocha