Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo deja de llamar la atención la generosidad en materia de calificativos insultantes en la carta del Sr. Diez de Medina (Búsqueda Nº 1.829, jueves 20) para quienes discreparon con el parecer del autor en relación a las actitudes de Jacinto Vera vinculadas al entierro de un católico masón por no haber abjurado éste de su última condición.
Las opiniones de los Sres. Pioli y Callorda parece que son “infundadas e injuriosas”. Los secularistas del siglo XIX eran “de pacotilla”. Negarle a Vera condiciones humanas, materia ciertamente opinable, es “despreciable afrenta”. Supongo que es una “guarangada” el no defender los valores trascendentes, que cabría pensar son únicamente los de quienes apoyan a la santa madre.
No dudo que el primer obispo de Montevideo fuera ejemplo de entrega cristiana...como lo fueron, sólo a vía de ejemplo, Tomás de Torquemada, los Reyes Católicos, el Papa Paulo IV (cuya muerte fue festejada por toda Roma) y varios otros nefastos personajes de la historia, como el reformista Calvino, quien mandó a la hoguera a Miguel Servet, o los jueces de Salem. La lista de fanáticos religiosos, presentes o pasados, en todas las sectas cristianas o que dicen serlo, requeriría, seguramente, de un libro. Si a la lista se agregaran musulmanes yihadistas y ortodoxos judíos, es muy posible que no alcanzara un solo tomo.
Evidentemente, es notable la herencia del viejo testamento, común a todos los mencionados, en el que quizá sólo cabe destacar la obra del habilísimo legislador, Moisés.
Ahora bien, del mismo modo que, ante una crisis general latinoamericana en materia de valores personales, no dudó el Vaticano en designar un Papa argentino, no sorprende mucho el intento de beatificar a Jacinto Vera en momentos en que la iglesia nacional está casi en bancarrota, tanto en materia de fondos como de feligreses aportantes al culto. Un beato (y posible santo) orgullo de la industria nacional podría prender en el imaginario de la credulidad pública, llevando, quizá, a obtener más clientes a los hoy mermados contribuyentes.
Eugenio Friss de Kereki