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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAcabo de repasar mi mail y encuentro una respuesta que me envió Jaime Costa el 26 de junio. Unos minutos antes lo había consultado sobre el título de una película exhibida en el desaparecido cine Rex en agosto de 1965. Su respuesta no demoró y la adornó con bromas e ironías sobre Armando Bó e Isabel Sarli. Ni siquiera necesitó consultar su archivo, aunque me aclaró: “Si lo necesitás, más tarde me fijo en casa y te lo amplío”. Era, además, generoso con sus conocimientos.
Pocos días más tarde, el domingo 6, falleció. Jaime era un personaje singular: amplia cultura, vasto conocimiento del idioma español (también del inglés), una ironía a flor de labios y una afabilidad casi cortesana. Con él he compartido redacciones desde por lo menos 1978, primero en “El Día” y luego en Búsqueda. Había adquirido su conocimiento a través de varias virtudes: memoria prodigiosa, curiosidad sin límites y análisis riguroso, todo lo cual trasladaba a una redacción sin pretensiones intelectuales que le permitía llegar al lector medio en forma clara y directa. No en vano durante su formación llegó a ver siete películas por semana y luego las estudiaba.
Se enojaba cuando en más de una ocasión le dije que debía plasmar en libros sus conocimientos y memorias porque “no tenés derecho a morirte y llevártelas”. Por lo que recuerdo, solo lo hizo en “La comedia musical”, Cinemateca, 1985, y “El cine tal cual era” (Fin de Siglo, colección Búsqueda, 2008).
Llegó de Melo a Montevideo en 1946 cuando había cumplido cuatro o cinco años. Casi de inmediato, deslumbrado con una época del cine en su esplendor, en el que además de las producciones estadounidenses había francesas, italianas, suecas, rusas, españolas, argentinas y mexicanas, comenzó a anotar en cuadernos, como un prolijo escribano, títulos, actores, productores, guiones y otros detalles con una pasión que mantenía viva a los 72 años.
Recuerdo en más de una ocasión sus feroces discusiones con otros críticos cinematográficos de “El Día”, reprochándoles “falta de seriedad y falta de respeto al lector” por haber escrito con error alguna fecha o equivocados antecedentes. Así era Jaime. Lo extrañaremos sus amigos, sus compañeros y los lectores sedientos de una lectura amena y seria. Se murió y se llevó su archivo.
Raúl Ronzoni