Aislamiento. Esa era la palabra más repetida en medios políticos cuando se preguntaba acerca de la situación del presidente Tabaré Vázquez.
Aislamiento. Esa era la palabra más repetida en medios políticos cuando se preguntaba acerca de la situación del presidente Tabaré Vázquez.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáTres reveses en una misma semana parecieron reforzar esa incomunicación: el rechazo masivo de los docentes al decreto de esencialidad, un episodio puntual como el desacato de la bancada del Frente Amplio en el proceso de designación de un nuevo integrante de la Suprema Corte de Justicia y finalmente la opinión contraria del Frente Amplio a seguir en las negociaciones del Acuerdo en Comercio de Servicios (TISA, por su sigla en inglés).
Todo eso ocurre cuando apenas unas semanas antes, la tríada compuesta por el Movimiento de Participación Popular (MPP), Compromiso Frenteamplista (Lista 711) y el Partido Comunista (PCU) había desbancado a la socialista Mónica Xavier de la Presidencia del Frente Amplio con la excusa de que era incompatible ser senadora socialista y máxima autoridad de la coalición de izquierdas.
Detrás de todas estas jugadas, por acción u omisión, parece estar la figura del ex presidente José Mujica, el legislador con más votos, quien sin embargo tiene una agenda internacional que le impide seguir las cosas tan de cerca como antes. El impecable Fordson de Vázquez, con el que asumió el 1º de marzo, compite con dificultad con el desprolijo y famoso a escala planetaria Fusca del vecino de Rincón del Cerro.
El martes 8, sentado en su banca del Senado junto a su esposa Lucía Topolansky, el ex presidente parecía estar concentrado en un panegírico que el senador blanco Javier García realizaba acerca de la obra del salesiano italiano San Juan Bosco.
Mientras el Senado homenajeaba a Don Bosco, ante una barra repleta de curas y público católico, Vázquez, casualmente también formado por los salesianos, recibía en la residencia oficial de Suárez y Reyes al secretariado del Frente Amplio para abordar asuntos mucho más terrenales.
Mujica estaba representado allí por el senador Ernesto Agazzi, uno de los integrantes del secretariado pero no interlocutor único, como ocurre cuando Mujica y Vázquez se reúnen a solas.
La reunión había sido pedida por la dirección de la fuerza política, preocupada precisamente por la situación de “poca comunicación” en que se encontraba el presidente, máxime cuando se estaba ante la crucial batalla por el Presupuesto quinquenal.
La salida de Xavier había puesto una cuota mayor de dramatismo a la situación, porque el Frente Amplio se había quedado sin un vocero.
La senadora Constanza Moreira dijo a Búsqueda que la ausencia de Xavier como articuladora explica en parte algunos cortocircuitos como el de la designación de la nueva ministra de la Suprema Corte (ver Búsqueda Nº 1831) y una de las razones por la cual su sector no estuvo de acuerdo con su relevo prematuro (cesaba en mayo) fue que precisamente en el primer año de gobierno se necesita contar con buena sintonía en el oficialismo para votar leyes como la del Presupuesto.
Los tres episodios mencionados (a los cuales algunos suman la ley del Fondes y la postergación del Antel Arena) estarían poniendo de relieve las diferencias entre gobernar en 2005, luego de un gobierno colorado en un país en crisis y con el Partido Socialista y el resto de la mesa política del Frente en el gabinete, que en 2015, luego de cinco años de Mujica como presidente, que para algunos son de “caos” y para otros de magisterio de “republicanismo”, pero que, en cualquier caso, marcan.
La preocupación casi obsesiva de Vázquez por diferenciarse a toda costa del estilo anárquico y campechano de Mujica podrían haberle jugado una mala pasada en los primeros seis meses de gobierno, quizás algo parecido a lo que le ocurrió a Jorge Batlle con Julio María Sanguinetti en 2000.
A diferencia de Batlle entonces, Vázquez ni siquiera tiene una bancada propia que haga un contrapeso al ímpetu del MPP y sus aliados.
El presidente tampoco tiene ahora, según integrantes de su fuerza política, un equipo en la Torre Ejecutiva tan sólido como el que encabezaba entonces Gonzalo Fernández; no tiene cuadros políticos ni técnicos reconocibles, aunque a cambio está rodeado por parte de su familia y el empresario transportista Juan Salgado. El entorno de Vázquez en 2015 es más democristiano y colorado que de otro origen, aseguran sus allegados.
Estas y otras diferencias fueron puestas de manifiesto el lunes 7 por el politólogo e historiador Gerardo Caetano.
Entrevistado en el programa “Primera vuelta” de Tevé Ciudad, Caetano dijo que el gobierno “todavía no encontró la sintonía” y que no lo ha visto “terminar de instalarse” y tampoco lo percibe “con agilidad”.
El analista político señaló que Vázquez “no leyó los cambios lo suficiente” y que “un presidente no es un monarca electo”. Clavó un poco más la daga y agregó: “me cuesta ver a un presidente de perfiles republicanos”.
Acerca del decreto de esencialidad, Caetano opinó que “ha sido un profundo error” tanto jurídico como de oportunidad política que “dejó en offside” a ministros, sindicalistas y directores de la enseñanza.
Un episodio que marca los problemas que existen entre el Poder Ejecutivo y la fuerza política es el que terminó con la designación de Elena Martínez como nueva ministra de la Suprema Corte.
La falta de buen diálogo entre el oficialismo quedó patente cuando el secretario de la Presidencia Miguel Toma llamó a última hora a Mujica para tratar de impedir la designación y dejar vencer los plazos para que ingresara Eduardo Vázquez, al que algunos legisladores identifican como masón.
A pesar de semanas de trabajo entre las senadoras Lucía Topolansky, Constanza Moreira y Mónica Xavier, el presidente y algunos diputados no estuvieron al tanto de que la magistrada Martínez de todas formas entraría a la Corte por méritos al año siguiente si no se llegaba a un acuerdo como al que se llegó que habilita el ingreso de la “candidata” del Frente, Alicia Castro, para el año próximo. (Más información en página 7).
Legisladores del gobierno explicaron que gracias al acuerdo que quiso desconocer el presidente, se lograron pasos para democratizar y transparentar la designación de los ministros en el futuro, contemplando las opiniones de la sociedad civil.
El martes 8, al día siguiente de las duras críticas expresadas por Caetano, Vázquez pareció resurgir de las cenizas. Para el secretario general del Partido Socialista, Yerú Pardiñas, la reunión en Suárez sirvió para recomponer la relación entre el presidente y la fuerza política.
La senadora Moreira destacó que durante la reunión que duró más de dos horas, el secretariado hizo un “reconocimiento explícito de la marcha atrás” emprendida por el presidente en el caso de la esencialidad y del novedoso acatamiento al Plenario Nacional por el TISA.
También sostuvo, a diferencia de otras interpretaciones, que el presidente no pretende un presupuesto intocable y que “se reconoce el papel de los legisladores como intermediarios de la sociedad civil”.
Mientras la oposición y el canciller Rodolfo Nin coincidían en que bajarse del TISA es un error, Vázquez daba el paso de acatar la polémica decisión del Frente y ordenó a la Cancillería abandonar las negociaciones.
A diferencia de cuando el ex canciller Reinaldo Gargano y el presidente polemizaron de forma pública en torno a un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, esta expresión de “regionalismo abierto” (Argentina y Brasil no fueron invitados al TISA) no provocó tantas discusiones de alto nivel o se mantuvieron en reserva.
El TISA demostró ser un tema complejo. Ni siquiera dentro del Partido Socialista hay unanimidad: el economista Gabriel Oddone está en contra de salir de las negociaciones, mientras que el ex ministro Roberto Kreimerman, igual que el dirigente sindical Fernando Gambera, apoyan la medida.
La oposición, por su parte, insiste en que con esa decisión, el presidente muestra más debilidad y una fuente de la Cancillería consideró “muy grave” y “sin precedentes” que el gobierno decida un caso como este a partir de la opinión de un comité partidario.
Para el analista Adolfo Garcé, en cambio, Vázquez hizo lo correcto: escuchó a su propio partido.
“Es evidente que él prefería avanzar hacia el TISA (también hubiera preferido hace 10 años firmar el TLC con Estados Unidos). Pero dio un paso atrás al comprobar la correlación de fuerzas en el FA”, escribió Garcé ayer miércoles en “El Observador”.
Para el animador de las Redes Frenteamplistas, Eduardo Vaz, la decisión de Vázquez de consultar y acatar a la fuerza política es correcta, pero queda empañada por el decreto de esencialidad: “Fue un error innecesario que deja heridas en las nuevas generaciones”.