Ante un centenar de actores de la enseñanza pública y privada, del ámbito sindical docente, académico, empresarial y de la sociedad civil, Corallo planteó otro “gran problema” en números: “El 60% de los jóvenes con alta calificación que están por terminar su formación de grado ya piensan en irse del país”.
La cifra surge de la encuesta Perfil del Estudiante Universitario, elaborada por la revista “PRO Universitarios” con datos de la empresa Radar sobre unos 2.100 estudiantes consultados en 2016.
“Hay una diáspora de profesionales y técnicos uruguayos muy importante, que, por diversos motivos, se van a Chile, Brasil, Estados Unidos, España, Canadá y aun a Argentina”, dijo Corallo a Búsqueda. “Fallamos en la tarea de atraer a los chicos a la carrera adecuada, enseñarles, promoverlos y después mantenerlos en Uruguay. No los podemos retener ni luego repatriar, porque para eso se necesita un país competitivo y productivo, proactivo y con capacidad de generar la motivación para el emprendedurismo. En cambio, vivimos en un país en el que se presentan para un cargo del Estado 50.000 personas y donde el corporativismo docente pesa mucho”, afirmó.
El titular de la CIU dijo que “hay que preparar a alumnos y profesores”, porque “la calidad pasa” por los docentes, a quienes “muchas veces les falta capacidad de innovar y motivar la excelencia” para insertar a los jóvenes en el mundo del trabajo.
Citó el caso de “la tecnicatura de lechería”, que fue una de las áreas que tuvieron mayor cantidad de egresados hace unos años. “Ahora vemos que la lechería está en crisis, y ahí entonces formamos gente sin saber hacia dónde apuntar su educación, ni qué probabilidades de empleo tendrán ni en qué mundo”.
Corallo consideró “muy importante la educación temprana”, en las casas y en las escuelas, por la “transmisión de valores”, y luego de la educación media para “formar para la vida y el trabajo”. “Cuando uno va a una entrevista de trabajo debe saber cómo presentarse: ser puntual, ir bien aseado, con una apariencia correcta, y después mostrar lo que sabe. Hoy esas cosas se están olvidando, desde verbalizar las condiciones y aspiraciones propias hasta cuidar la higiene y el aseo personal. Los mismos chicos —y no tan chicos— que van a buscar un trabajo no tienen claro cómo presentarse” ante sus posibles empleadores, afirmó.
Por eso, continuó, “es muy importante que se trabajen estas competencias ya a los 16 años —en categorías de aprendiz y con controles, obviamente— para que los estudiantes tengan un tutor y puedan razonar, monitorear el mundo laboral y acceder a una tecnicatura junto con las empresas”, para completar su formación en la parte teórica y práctica.
El empresario opinó, además, que la educación en Uruguay debe ser “trilingüe” —sumar al castellano y al inglés “el portugués, por el Mercosur, o el chino”—, porque “el mundo está globalizado y la educación tiene que abrirse al mundo”.
“Todo eso a veces falla en nuestro concepto de educación”, manifestó Corallo, y concluyó su diagnóstico parafraseando al escritor y pensador estadounidense Alvin Toffler, en su libro “La tercera ola” (1979): “Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender”.
“Quién va a mover la aguja”.
Juan Abdala, asesor de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios del Uruguay (CNCS), también dijo estar preocupado por la falta de cultura de trabajo de los estudiantes —aunque desestimó la idea de que en Secundaria se enseñen oficios— y remarcó que la incorporación de tecnología “indefectiblemente cambiará la estructura de las empresas” y “sustituirá” empleos.
“Casi la mitad de los trabajos que existen en Uruguay ya son robotizables”, recordó Abdala, y citó estudios del economista Ignacio Munyo y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). “Esa pérdida de empleos será mayor sobre todo dentro de la mano de obra menos calificada: el cajero de supermercado, el guarda de ómnibus, el dispensador de combustible… O sea, toda persona que hace todos los días exactamente lo mismo tiene un alto riesgo de que su empleo se robotice y quede fuera del mercado laboral”, dijo. “Así de simple”.
Abdala reclamó mayor “cultura del trabajo” en las escuelas y liceos públicos para que los estudiantes conozcan “lo que es una empresa, lo que es ganar y perder plata, las relaciones laborales, un trámite en el BPS… cosas prácticas y operativas. Los chicos no tienen idea. Creen que su padre taxista no es empresario; o sea, tiene una empresa de 120.000 dólares, ¿y no es empresario?”.
“Si seguimos formando generaciones de empleados vamos a vivir expectantes de que venga otra UPM o abra un instituto público. Pero ¿quién va a mover la aguja en Uruguay? ¿Quién se animará a emprender y tomará decisiones empresariales?”, afirmó a Búsqueda el asesor de la Cámara de Comercio y Servicios, que promueve un programa de reconversión laboral en el marco de la incorporación tecnológica.
El damero y el diseño encorsetado.
A unos 50 metros de los empresarios, Puente tomó apuntes de las intervenciones de Corallo y Abdala durante la actividad sobre “perfiles de egreso” de estudiantes. Al ser consultada por Búsqueda, la directora de Secundaria dijo coincidir “plenamente” con los empresarios. “De las charlas con ellos surge claramente que los uruguayos tenemos una dificultad con la cultura del empleo: de ir a trabajar todos los días, de estar bien aseados, de llegar en punto y de retirarse cuando hay que hacerlo. ¡Por favor! Como que nos cuesta sostener esa disciplina y quedamos fijos en unos mecanismos muy rutinarios”.
“Comparto el reclamo de Corallo, ya que es fuente de preocupación la rutina en el sistema educativo. Estamos como ganados por la rutina, es como que se prende el piloto automático y hay algo que empezó a dispararse, que tendrá relación con las muchas horas de clase, los muchos alumnos y el estar muy exigidos corrigiendo. O con tener poco espacio para el disfrute de enseñar y provocar el de aprender y asombrarse”, dijo Puente. “Ojo, esto va dicho en términos muy generales, porque hay docentes que son capaces de construir su espacio educativo en medio de una institución superrutinaria y ser absolutamente rupturistas”.
Al referirse a “la tensión natural entre cultura y trabajo”, Puente sostuvo que “ni Secundaria debe pensarse desde el mundo de la cultura, la academia y el enciclopedismo, ni la UTU desde la visión de los técnicos, carpinteros y mecánicos. Todos tienen que leer libros y generar competencias para el mundo del trabajo”.
Por otra parte, “el modelo de clase no acompaña las exigencias del mundo moderno”, destacó la profesora. “Tenemos que preguntarnos sobre nuestras prácticas pedagógicas y propuestas didácticas”, afirmó. También dijo que las instituciones educativas, “particularmente los liceos”, tienen “un formato de damero, de ‘a primera hora Historia, a segunda Matemática, a tercera Literatura’… Y si el profe de Historia no viene, no se puede hacer nada; los chiquilines se quedan boyando” en la institución, en vez de fomentar la lectura, el ajedrez o trabajos en equipo.
Secundaria y la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) buscan “resolver esto, pero cuesta mucho”, agregó Puente, porque “hay una zona de seguridad en la tarea rutinaria docente”. “Cuando impulsamos desde Secundaria mayor flexibilidad en el uso de los tiempos y espacios institucionales, les estamos diciendo a los profesores: ‘Anímense a quebrar el horario común, anímense a usar los espacios de otra manera, sáquenlos del encorsetamiento del diseño para el que fueron creados’”.