Los jueces tienen que ser “grandes insensibles” porque esa es la única garantía de que no se embanderen con causas por más nobles que parezcan, opinó Jorge Chediak, ministro de la Suprema Corte de Justicia.
Los jueces tienen que ser “grandes insensibles” porque esa es la única garantía de que no se embanderen con causas por más nobles que parezcan, opinó Jorge Chediak, ministro de la Suprema Corte de Justicia.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáChediak hizo esta reflexión ante un centenar de abogados de toda América y España el miércoles 28 al inaugurar el XXI Congreso de la Unión Iberoamericana de Colegios y Agrupaciones de Abogados, organizado por el Colegio de Abogados del Uruguay.
En un momento de su exposición, en la que habló de la relación entre los tres poderes del Estado, Chediak hizo una pausa y dijo: “Yo siempre les digo a mis estudiantes que los jueces tienen que ser unos grandes insensibles”. “¿Por qué”, preguntó. Y de inmediato contestó: “Porque detrás de reclamos que tienen visos de muy atendibles” pueden cometerse injusticias. Chediak es profesor titular del curso de “Introducción a la Judicatura” en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de la Empresa.
Según Chediak, se exige, por ejemplo, que los jueces tengan “una particular sensibilidad al trabajador”. “Sabemos todos que el derecho laboral es muy garantista, además está el principio pro operario y si a eso sumamos jueces sensibles al trabajador, ¿dónde van a encontrar los empleadores un juez independiente e imparcial?”, inquirió.
El magistrado dijo que también se reclama en materia penal y en casos de violencia doméstica que el juez sea “particularmente sensible a la situación de género y a la situación de la víctima”. Si eso sucede, “¿dónde el presunto ofensor, el presunto violentador va a encontrar un juez independiente e imparcial que juzgue la situación conforme a la Constitución y a las leyes?”, volvió a preguntar.
“Un abogado a lo que puede aspirar —al igual que cualquier ciudadano— es a que el juez al que presenta su caso lo resuelva con independencia e imparcialidad. No que le sea favorable, no que le sea proclive, porque entonces su contraparte —y todos podemos ser contraparte— no tiene un juez imparcial”, concluyó.