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    Justicia y perdón

    Sr. Director:

    Desde la creación del MLN hasta las operaciones terroristas que realizaron durante los años de guerra siempre fueron selectivos; nada lo hacían ni lo hacen por casualidad.

    Hay muchos ejemplos en sus secuestros, robos y ejecuciones pero ninguno tan emblemático como los asesinatos del 14 de abril de 1972. Esas fueron las acciones que pudieron concretar ese día; otras fueron frustradas.

    Hace unos días presenciamos el ataque del ministro de Defensa a la fe cristiana. ¿Casualidad o intencionalidad? Y ahora se plantea la disyuntiva entre el perdón y la justicia.

    Hablemos primero de la justicia y veamos si es ciega o selectiva. Todos los casos de derechos humanos recaen en los mismos jueces quienes son tenidos en alta estima por el gobierno.

    Pongamos ejemplos: una jueza tiene un manejo irregular, por llamarlo de alguna manera (del lunfardo ladrona o chorra), de los dineros en su juzgado y quien la procesa es el mismo que actuó en el caso hermanos Peirano, quienes fueron defendidos del Dr. Gonzalo Fernández, alto funcionario del gobierno frenteamplista.

    Este mismo juez actúa en el caso Feldman donde murió un policía y el juez le da toda una noche para que queme documentos antes de que la Policía asalte la casa. Finalmente se archiva el caso diciendo que era un acumulador; lo extraño es que acumulaba armas, explosivos y municiones. Pero este señor juez recibe su premio y es nombrado fiscal de Corte. ¿Ningún fiscal se quejó por esto?

    Otro fiscal que actúa en un caso que afectaba a los Casinos del Estado y altos funcionarios frenteamplistas llega 3 horas tarde para presentar una apelación. ¿A nadie le llama la atención?

    Una jueza que tiene una forma muy particular de interpretar la ley hace declaraciones en un país vecino pese a tener impedimentos legales para hacer declaraciones. Y la Suprema Corte de Justicia, ¿actuará?

    Pero a esta jueza la defiende la más mediática de las fiscales, la señora Mirtha Guianze, quien ha hecho bien los deberes y será premiada con la designación a integrar el Instituto de Derechos Humanos.

    Ante este lamentable panorama de la Justicia, ¿quién puede creer en este sistema?

    Ahora hablemos del perdón. El perdón no se pide; el perdón se concede. ¿Hay alguien que no sepa que el perdonar es divino y que solo Dios lo puede hacer?

    Me asombro al ver cómo algunos se rasgan las vestiduras ante las declaraciones de ciertas personas sobre el Señor Jesucristo a sabiendas que profesan el marxismo-leninismo.

    Es un acto personal y liberador, no depende de lo que nos ofenden y no hay que esperar nada a cambio.

    Por eso considero que no tengo que pedir perdón por mis acciones. Ya he dicho que me hago responsable, fui un soldado que le encomendaron una misión y la cumplí con aciertos y errores. Los aciertos condujeron a ganar la guerra; los errores no fueron intencionales y se los dejo a mi conciencia con la que estoy en paz.

    Volviendo sobre la disyuntiva planteada entre justicia y perdón, considero que no existe tal, ambas no se cruzan, no son vinculantes entre sí y por lo expuesto anteriormente relacionado con el funcionamiento del sistema judicial no considero que sea posible aproximarnos a un ideal de justicia. Aquí el problema solo es político y ellos lo deberán resolver como quieran sin mezclar a Dios.

    Hay que considerar a todas las partes, porque hay muertos de ambos bandos, hay que abandonar la visión hemipléjica del gobierno.

    Los funcionarios que diseñen este proyecto deberían como mínimo tener claro el concepto de perdón y no creo que vayamos por buen camino; a las pruebas me remito.

    En cuanto a los que hablan de una “mesa grande”, les digo que yo seguro no me sentaré en ella.

    Cnel. (r) Ernesto Ramas

    CI 707.695-5