• Cotizaciones
    viernes 13 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Karolina la Grande

    En el imperio de Ururrusia había cambiado el mando.

    El poder acumulado y mal administrado por el campesino torpe y desaliñado llamado El Gran Mujik, y su horda de seguidores desprolijos y mal hablados, cambiaba de mano.

    Tras una experiencia populista y muy ineficiente, que dejaba al imperio sumido en una ola de consumismo desenfrenado, con un déficit fiscal de 3,5% de Producto Muy Bruto Interno, asumiría nuevamente el mando el zar Tabarevich I, de la dinastía de los Frenteamplov.

    El país volvía al orden y a la calma imperiales, tras años de desorden y contradictorias decisiones del Gran Mujik, quien había implantado como divisa del reino la frase “como te digo una troika, te digo la otroika”.

    El zar, una vez conocido su triunfo y tras haber arrancado su camino hacia el poder, empezó a distribuir cargos y responsabilidades, asignando los puestos de su administración a figuras conocidas y de su confianza en las diversas áreas del imperio.

    A algunos los nombró con el corazón alegre, sabiendo que se trataba de nobles seguidores, que respetarían y seguirían sus directivas. A otros no tanto, porque la corte imperial estaba también integrada por algunos grupos un tanto díscolos, a los que inexorablemente debía tener en cuenta.

    Entre estos últimos, el zar Tabarevich designó como encargada del ministerio de las industrias, energías y minerías  del imperio a la hasta entonces encargada por el Gran Mujik de las comunicaciones imperiales, la princesa Karolina Kossevna Emepepoff.

    La princesa Karolina, a quienes sus numerosos acólitos y obsecuentes seguidores llamaban Karolina la Grande, manejaba las comunicaciones imperiales desde el palacio de verano de San Antelsburgo, lejos de la capital, y por ello mismo con una enorme dosis de independencia y autocracia, que hacía que fuera tan temida (por muchos) como amada (por pocos).

    Ni bien se enteró de su designación, Karolina la Grande comenzó a tomar algunas decisiones de importancia referidas al futuro desempeño de su nuevo cargo, las cuales desconcertaron (por decirlo delicadamente) al zar Tabarevich, y también al zarevich Raulo Sendinski, quien, sorprendido por los audaces pasos iniciales de la princesa Karolina, pronunció una de sus frases célebres, más profundas y significativas. Dijo “¡oh, caramba!”, siendo en el acto aplaudido por varios de sus circundantes, quienes registraban continuamente sus expresiones programáticas y filosóficas, con el fin de recogerlas al cabo de su mandato en un libro de autoayuda.

    El hecho es que Karolina la Grande ni siquiera se molestó en preguntarle a su predecesor en el ministerio, el príncipe Robert Von Kreimerman (proveniente de una antigua familia noble de origen alemán, radicada en Ururrusia desde hacía décadas) quiénes eran los colaboradores más eficientes con los que el actual jerarca había contado para el desarrollo de su gestión. Karolina la Grande se limitó a solicitar que se hiciera una lista con los nombres de dichos jerarcas, y, una vez en poder del listado, decretó de inmediato su exilio a la sucursal Siberia del ministerio, encomendándoles la tarea específica de relevar el número de renos, lobos y osos pardos habitantes en las tundras circundantes al emplazamiento del local público. Una vez registradas las cifras, los enviados especiales deberían construir cercas de abedul y alambre para aislar a los animales más fieros, alejándolos así de los que corrían riesgo de desaparecer. Se estima que esta tarea podría llevarles de diez a veinte años, tras lo cual deberían enviar una solicitud de retorno a la capital, la que sería estudiada por una comisión de expertos designados por ella misma entre sus más íntimos colaboradores.

    Entre éstos, Karolina la Grande designó en las direcciones de minería, de energía, de industria y en varias dependencias más a destacados técnicos de su confianza, tales como los ingenieros Igor Eles Birroff, Viktor Komplacientevich, Svetlana Soyalka Huetevich, Iossef Elchup Amediasky, y varios técnicos de probada fidelidad con la nueva jerarca, y aparente competencia en la materia, además.

    Tras estas designaciones, la princesa tomó otra sorprendente decisión: resolvió trasladar el ministerio ahora a su cargo de la capital a su palacio imperial de San Antelsburgo, para que todo funcionara en el mismo inmueble, de manera que ella pudiera mantener una supervisión sobre el ente de las comunicaciones, que sería en adelante dirigido por el técnico de su confianza Andrej Tolosavski Obsekuentevich, actual jerarca del ente, de quien se dice que su poder emerge de la sombra de la princesa. Se comenta que su frase predilecta es “si Karolina lo dice, es cierto, y daré mi vida por defender su verdad”.

    La princesa, en pleno embalaje designatorio, le comunicó al zar Tabarevich que el segundo de mando en el ente de las comunicaciones sería otro de sus incondicionales colaboradores, pero este, en una clara medida neutralizante, le informó que ya había salido para San Anteslburgo el Ing. Danielo Fuentevich Independienski, perteneciente al grupo que rodea al príncipe Danilo Astorovich, quien no simpatiza demasiado con Karolina la Grande.

    Esta se tuvo que tomar la pastilla, pero, avisada que el Ing. Fuentevich se encontraba en las puertas del palacio de San Antelsburgo para reunirse con ella y conocerla personalmente, le hizo saber que se encontraba ocupada, y que lo recibiría ni bien quedara libre. Fuentevich hubo de pasar quince días acampado en una carpa de pieles de alce en el patio de entrada del palacio, soportando la nieve, la lluvia helada y una temperatura gélida de diecisiete grados bajo cero, en el crudo invierno septentrional ururruso. Cuando lo dejaron entrar al palacio, se encontraba ya al borde de la congelación patológica.

    Cuando el zar Tabarevich se enteró además, de que Karolina la Grande había decidido que siguiera adelante la construcción del anfiteatro festivo Antelfiestovich, a un costo de 40 millones de rublos, decidió tomarse un retiro de reflexión, yéndose a pescar truchas al río Sanjuanovski, a orillas del palacio imperial de Anchorenov. No se supo de él desde entonces.

    Se rumorea asimismo que se ha visto en las inmediaciones del palacio de San Antelsburgo a un oscuro y violento personaje al que denominan Tabariván el Terrible, quien, rodeado de inescrupulosos esbirros, ha anunciado a los campesinos que lo han visto pasar, que ha llegado a la zona con el fin de ultimar a  Karolina Kossevna Emepepoff, a como dé lugar.

    —“Ésta se va a enterar de quién manda en el imperio” —dicen que ha dicho, en su decidida marcha hacia el palacio en el que reside la princesa.

    // Leer el objeto desde localStorage