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    La Cumparsita

    Sr. Director:

    Ante lo que entiendo es un trascendente acontecimiento cultural, como es el centenario de la ejecución de “La Cumparsita”, remito a Ud. la presente, a los efectos de que —de así considerarlo— le dé cabida en la sección Cartas a los Lectores.

    El próximo 19 de abril de 2017 se cumplirán los 100 años de la primera ejecución pública del denominado “himno de los tangos”: La Cumparsita, de Gerardo Matos Rodríguez. Los festejos ya comenzaron y está muy bien que así sea. La enorme repercusión que tuvo luego de un tiempo este famoso tango, nos lleva a recordar su historia, y las consecuencias jurídicas y políticas que acarreó, más allá de ser la máxima expresión musical por la cual es conocido el Uruguay en el mundo. No debemos olvidar que la Ley No. 16.905 del 2 de enero de 1998 dispuso: “Declárase Himno Cultural y Popular de la República Oriental del Uruguay a ‘La Cumparsita’, creada por el uruguayo Gerardo Hernán Matos Rodríguez y estrenada en Montevideo, el 19 de abril de 1917”.

    Gerardo Matos Rodríguez era un músico hijo de Emilio Matos, propietario del cabaret “Moulin Rouge”, por lo cual conocía el ambiente musical y bohemio de su época. Era estudiante de arquitectura, e integraba la Federación Uruguaya de Estudiantes Universitario, o sea la FEUU. En aquellos tiempos, la organización estudiantil tenía necesidades económicas y para ello sus militantes se habían propuesto salir en formación carnavalera a efectos de recaudar fondos. Pero para ello precisaban una marcha característica y se la encomendaron a uno de sus integrantes: Gerardo Matos Rodríguez, apodado Becho. Entre 1915 y 1916, Becho preparó la “marchita”, y luego se la dieron a Roberto Firpo, para que le hiciera los arreglos musicales. Firpo se encontró con una partitura con defectos, cuya primera parte era aceptable, pero la segunda no. Entonces le agregó unas partes de dos de sus tangos (La Gaucha Manuela y Curda completa), y un tramo de “Miserère” de Giuseppe Verdi (Acto IV de “Il Trovatore”). Con la música de Roberto Firpo, la “marchita” se transformó en lo que se denominó “tango-canción”, y el 19 de abril de 1917, fue estrenada en el famoso Café “La Giralda”, ubicado en donde ahora está el Palacio Salvo (actualmente se construyó una pequeña réplica del salón de aquel café), y fue un éxito total. El salón de “La Giralda” estaba repleto de hombres (no olvidemos que las mujeres no iban a estos espectáculos porque el “tango” era “cosa baja” y hasta era bailado entre hombres), y el estreno tuvo una enorme repercusión en los ámbitos musicales de la época. Pero faltaba la letra y pronto el tango fue olvidado.

    En 1924, los argentinos Pascual Contursi y Enrique Maroni le pusieron la letra que comienza así: “Si supieras que aún dentro de mi alma conservo aquel cariño que tuve para ti….”. Sin embargo, fue recién después de que Carlos Gardel la cantara, que “La Cumparsita” llegó al sitial de la fama. Su nombre se debe a un mozo italiano que cuando veía llegar a los estudiantes de la FEUU a “La Giralda”, decía “ahí viene la cumparsa”, en clara referencia a la comparsa carnavalera de aquella agrupación estudiantil.

    Pero esa evolución hacia la fama no terminó allí. “La Cumparsita” cruzó el océano Atlántico, y la orquesta de Franciso Canaro la ejecutó en París. Ese fue el broche de oro para que el gran tango uruguayo se hiciera famoso en el mundo entero.

    ¿Cuáles fueron sus repercusiones jurídicas? Varias. En primer lugar, la primera letra fue del propio Matos Rodríguez, y comenzaba con: “La cumparsa, de miserias sin fin desfila…”. Fue registrada en la Biblioteca Nacional en el año 1926, pero no tuvo mayor difusión. Luego hubo una segunda letra que fue la de Contursi y Maroni, que es la más aceptada y la que canta Carlos Gardel. Hubo otra letra escrita por otro estudiante de la FEUU de nombre Alejandro del Campo, que luego se olvidó. Otra letra de Augusto Mario Delfino, tampoco tuvo éxito ni fue grabada. Hubo incluso una letra en inglés titulada “The Masked One” (La enmascarada), que repite la letra de la conocida canción “Siga el corso” de Anselmo Aieta y Francisco García Giménez, pero no tuvo aceptación. Entonces aparece el primer problema jurídico: resolver cuál era la letra de “La Cumparsita”. Luego de larguísimas instancias judiciales, se resolvió que la letra era la escrita por los argentinos Contursi y Maroni.

    Pero el problema jurídico más grave estuvo vinculado a los derechos de autor, entre los herederos de Matos Rodríguez y de los letristas Contursi y Maroni, además por la inclusión del tango en diversas películas. Esto motivó un larguísimo juicio que al final, tal vez cansados de tanto papeleo, se resolvió con un laudo arbitral que expidió Francisco Canaro en 1948, y que determinó que de todas las ganancias, el 80% correspondía a los herederos de Matos Rodríguez y el 20% a los herederos de Contursi y Maroni.

    Finalmente, “La Cumparsita” también tuvo repercusiones políticas, cuando los argentinos pretendieron ser los “propietarios” del tango, en base a que los autores de la letra eran argentinos. Esta es una especie de “apropiación indebida” que los argentinos siempre utilizan con todo aquello en que haya un argentino en medio. Es más, cuando no saben cómo defender sus pretensiones indefendibles, dicen a modo de consuelo que son creaciones “rioplatenses”. Pero en la Exposición Universal de 1992, realizada en Sevilla, España, el problema se planteó nuevamente entre el pabellón de Argentina y el pabellón de Uruguay. Quien fuera Comisario del pabellón uruguayo, el Dr. Antonio Mercader, tuvo un entredicho con un integrante de la delegación argentina sobre la nacionalidad de “La Cumparsita”. El argentino dijo que el tango era argentino porque la letra había sido escrita por argentinos. Mercader muy tranquilo y con picardía le dijo: “entonces toquen la letra”. El argentino se fue ofendido, y más ofendido quedó cuando el presidente Carlos Menem, que estaba en esa exposición, hizo bailar a una pareja lo que calificó como “el gran tango uruguayo La Cumparsita”.

    De esta forma el tema quedó laudado: ¡La Cumparsita es uruguaya!

    Dr. Fulvio Gutiérrez