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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPatología, sanción y exabrupto. Imaginemos una clase de escuela o liceo de cualquier punto del país en la que un alumno le pida a su maestro, o profesor, una opinión sobre lo ocurrido con Luis Suárez en el Mundial de Brasil.
Sí, hagamos ese esfuerzo porque, conducta patológica, sanción desmesurada de la FIFA y exabrupto presidencial se han fusionado en un solo tema que hace al vivir. Vivir es convivir y convivir es un arte, como sostienen prestigiosos educadores.
¿Qué referentes puede tener un maestro para ofrecer una respuesta que, en Uruguay, al estar referida al fútbol, puede dejar huella para siempre en sus alumnos? Me refiero a un educador preocupado por formar a sus educandos en una cultura de convivencia pacífica y solidaria, cívica, en una palabra.
¿Al presidente de la República refiriéndose a una manga de viejos…? ¿A legisladores que expresan sus emociones en 140 caracteres? ¿A la mayoría de los periodistas deportivos? ¿Al DT que, por omisión, justifica en conferencia de prensa la filosofía de “lo que pasa dentro de la cancha, queda dentro de la cancha” y habla de un complot? ¿A los periodistas uruguayos que aplaudieron al DT luego de esa conferencia de prensa? ¿A Víctor Hugo Morales, quien en declaraciones para millones de oyentes comparó la situación de Suárez con la de Maradona cuando tuvo resultado positivo en el control antidoping del Mundial de EEUU? ¿A la concentración de personas ante el domicilio de Suárez cantando el Himno Nacional? ¿A los repetidores del “te rebanco Luisito”? ¿A los repetidores del “defraudó a sus compañeros, a la camiseta celeste, a su país”?
1.- Suárez es una persona que padece una frustración patológica que en determinadas situaciones, ante un obstáculo en su meta de gol, le lleva a actuar como un niño de tres años. Eso no admite discusión. Su actitud antideportiva de morder a un contrario se vuelve contra él y contra su equipo. No ha lesionado a ningún contrario, ni radió de las canchas a nadie por su conducta como sí han hecho otros futbolistas responsables de lesiones graves para con sus contrarios, en casos en que no hubo sanciones de tal gravedad. Incluida la reciente protagonizada en el actual Mundial por el francés Blaise Matuidi, golpeando a destiempo al nigeriano Ogenyi Onazi, en el partido en que Francia venció 2-0 a Nigeria, causándole al africano fractura de tibia y peroné. La acción fue sancionada con tarjeta amarilla. Claro que la afición futbolística uruguaya, mal informada por algunos periodistas deportivos, desconocía la gravedad de la patología del goleador uruguayo. Y, por lo tanto, salvo quienes se interesaran por el tema se preguntarán por qué ante la reiteración de protestas y gestos de impotencia protagonizados por Suárez durante los partidos con la Celeste, no recibía atención específica para ayudarle a superar esa frustración; la generalidad de la sociedad uruguaya desconocía esa situación. ¿Hasta dónde el cuerpo técnico de la selección uruguaya supo prever este problema? Resolvió bien solamente la lesión de su rodilla para que pudiera ingresar al campo de juego.
2.- La sanción de la FIFA a Suárez fue desproporcionada, sin jurisprudencia, violatoria de varios derechos humanos: al trabajo, a la igualdad, al libre desplazamiento, a la propia imagen. Comparativamente, ni la Corte Penal Internacional contra Crímenes de Lesa Humanidad, actuando en su ámbito, habría adoptado una desproporción similar. La pregunta a hacerse es: ¿dónde radican las potestades de la Comisión Disciplinaria de la FIFA para tales sanciones? No existen antecedentes que respalden un fallo de esas proporciones y los que pueden asimilarse, no superan las siete partidos de inhabilitación, como en el caso del futbolista italiano Mauro Tassotti, quien, en el Mundial de EEUU de 1994, le partió de un codazo el caballete nasal a un contrincante. Porque si la reiteración de la falta perjudica a Suárez, aunque cierto es que cumplió con las anteriores sanciones, también en la ponderación de la nueva falta debe medirse la gravedad de la lesión causada: se ha visto en fotografías al mordido Chiellini tomarse a broma lo sucedido. A título de ejemplo histórico sobre distintos cartabones para medir situaciones antideportivas, recuérdese lo ocurrido con Pelé en el Mundial de Inglaterra de 1966, en que “O Rei” debió retirarse de la cancha, cubierto con una manta, ante la cantidad y calidad de los golpes que se le propinaron dentro del campo de juego. Brasil no era la potencia del presente en que —Joao Havelange mediante— ganó peso en la FIFA como para estar donde se resuelve todo. E Inglaterra por única vez llegó a campeón del mundo. Para abundar en desiguales maneras de sancionar y en prejuicios contra Suárez, véase el video en https://www.youtube.com/watch?v=2mc6POA2u2s. Para evaluar la ética del presidente del Comité de Disciplina de la FIFA que aplicó la sanción a Suárez, el suizo Claudio Sulser, recuérdese que es el mismo que hace cuatro años descalificó con insultos a los periodistas que informaron los hechos de corrupción en la FIFA, en lugar de cuestionar a los corruptos.
3.- La FIFA no responde ante nadie. Sus imposiciones a los gobiernos en materia recaudatoria —cuando organiza torneos en diferentes países— son aceptadas sin discusión. En otros planos, se saltea lo que se proponga: si bien no se vende cerveza en los estadios de fútbol de Brasil, una marca específica logró que la FIFA le autorizara la venta para este Mundial. Recordemos que el ex presidente Joao Havelange y su yerno abandonaron la FIFA bajo fuertes sospechas de corrupción. Por eso mismo el fiscal Luis Moreno Ocampo, ex fiscal de la mencionada Corte Internacional, no fue aceptado por Joseph Blatter (78), monarca de la FIFA, para que actuara como interventor en esa organización con fines de establecer transparencia, ante las graves acusaciones y serias sospechas de corrupción que se ciernen sobre el organismo rector del fútbol mundial, que, según informa la revista “Forbes”, recaudará cuatro mil millones de dólares finalizado este Mundial.
4.- Suárez y su arrepentimiento. Hoy en día la lógica imperante es “ganar a cualquier precio” y eso se aplica también en otros planos de la vida, aunque luego se pague. “Son cosas del fútbol”, “lo que pasa dentro de la cancha queda dentro de la cancha”, son realidades de otra época. Axiomas con los que crecimos no corren más desde que las cámaras captan desde diferentes ángulos todo lo que sucede en el campo de juego. Y lo reiteran cuantas veces lo desea el director de cámaras. Al punto que la FIFA no tuvo más remedio que sancionar al árbitro japonés Yuichi Nishimura por el penal obsequiado a Brasil en el partido debut. La sanción fue una degradación, ninguna suspensión, obvio. ¿Qué tanto hubiera modificado la inexistencia de ese penal inventado en el resultado del encuentro Brasil-Croacia?
Suárez reconoció su error seis días después, luego de haber declarado que no existió un mordisco, sino que tropezó y se fue sobre el defensa italiano (“en ningún caso ocurrió lo que se describe como ‘morder’ o ‘querer morder’”) y esa demora en su arrepentimiento ofrece dudas. ¿Cuándo dijo lo cierto? ¿No mordió intencionalmente al defensa italiano, pero dice lo contrario porque ello facilita su incorporación al equipo del Barcelona, que sería su próximo destino? ¿Mordió, lo negó y ahora lo admite por ese motivo? En cualquier caso, Suárez requiere tratamiento médico para superar una patología que tuvo anteriores consecuencias a lo de Brasil y precisa también un mejor asesoramiento humano y legal.
Hugo Machín
CI 1.312.624-1